Viernes 12 de abril 2024

Con firma de auténtico

Redacción 23/12/2023 - 00.57.hs

José Hoses mantiene su fábrica de escobillones, mopas, cortinas plásticas y otros productos de limpieza de uso casero e industrial. Un autodidacta que creció gracias a un trabajo incansable y que hoy tiene dos locales de ventas que están a cargo de sus hijos.

 

“Voy a estar acá hasta que el cuerpo diga basta, mi lugar es el galpón”, dice José con la mirada fija y una sonrisa y así no deja dudas de que su hábitat en el mundo está ahí, rodeado de escobillones industriales, máquinas, telas, plásticos y todo tipo de productos de una minipyme familiar que se construyó a puro sacrificio y sudor. Un pionero que encontró un rubro que no tiene otros habitantes en la provincia y que le permite tener el sello de la exclusividad.

 

José Hoses tiene 82 años y abre la puerta de su “galpón”, sobre la colectora de la avenida Circunvalación (frente al barrio Procrear), para mostrar toda una producción que vende en la provincia y en distritos vecinos desde hace décadas. Allí también está su casa y por eso María Teresa (78) muestra la carne que prepara en el horno para el vitel toné navideño. Mientras, en el centro santarroseño, los dos hijos de la pareja, atienden los locales de ‘El emporio del escobillón’, negocios especializados en productos de limpieza y que, por supuesto, venden lo que se hace en la fábrica familiar.

 

“Soy nacido en Victorica, a los 13 años me vine a Santa Rosa y empecé a trabajar de chico, primero en la fiambrería Stella Maris, sobre la calle Quintana. Yo necesitaba trabajar así que fui averiguando y un hombre de apellido Litterini me proveyó de algunas herramientas para armar algunas máquinas como una armadora, una cosedora, una cepilladora y así empecé a fabricar escobas. Necesitaba generar algo por mi cuenta”, describe José en un claro camino autodidacta y emprendedor.

 

Era la década del ’60 y Hoses iba a tener su primer obstáculo serio, porque el mini emprendimiento de hacer escobas chocó con la realidad económica y tuvo un precipitado final. “Me fundí, no me quedó nada así que encontré trabajo como portero de los monoblocks de la calle Buodo y ahí empecé de nuevo. En el ’69 me pude rearmar y comencé a fabricar nuevamente escobas pero le agregué escobillones, plumeros y cepilladoras”, repasa sobre el resurgimiento que le dio la chance, ahora sí, de hacer una base y comenzar a crecer.

 

“Me fui haciendo fuerte en cepilladoras para empresas que hacen asfaltado, en eso le tengo que agradecer siempre a gente como Omar Jubete, que siempre confió en mi trabajo. A Queixalós, a Ripiera de General Pico también, empresas que me dieron la chance de ser proveedor y eso también me abrió la puerta a poder vender fuera de la provincia”, destaca.

 

Locales.

 

Hoses abrió inicialmente el local de la calle Quintana 155 y, con los años, una nueva sucursal, en Coronel Gil 56. Bajo el nombre de “El emporio del escobillón”, los dos negocios son manejados por sus hijos Néstor y Alberto y son hoy una referencia a la hora de buscar productos de limpieza.

 

“Una vez que me fui estableciendo con los clientes pude ir creciendo, me levantaba a las 4 de la madrugada y le daba hasta la noche, siempre trabajé sin pausa y hoy ya no me levanto tan temprano ni estoy tantas horas, pero esto es mi vida, estar en el galpón, con las máquinas y herramientas; tengo un stock importante y siempre he buscado generar nuevos productos, algunos funcionaron y otros no, pero si no te quedás quieto algo siempre va andar”, destaca José mientras invita a subir a un entrepiso de su fábrica para mostrar la enorme variedad de productos y materiales de trabajo con los que cuenta.

 

“Hoy gracias a la fábrica mis dos hijos trabajan junto a sus parejas en los locales, ya tres nietos hicieron sus carreras universitarias, la familia siempre se movió alrededor de lo que se genera acá y eso es una satisfacción porque no tenemos deudas con nadie, ni un préstamo ni nada, y eso da una gran tranquilidad en este contexto. Por supuesto que no hay lujos, no es que sobra, para nada, pero hemos pasado por todas las crisis, las pasamos todas y por eso seguir de esta manera aporta calma”, valora Hoses.

 

Aprendizaje.

 

Con su perfil autodidacta, Hoses siempre generó nuevos productos, y se adaptó a los cambios que impuso la industria. “Desde hace años por ejemplo están prohibidos los plumeros, por una cuestión de las plumas de los animales con los que se hacían, nos fue muy bien con los cepillos industriales y eso lo fuimos perfeccionado. Siempre hay un aprendizaje, en todo este camino he hecho muchas macanas, rompí máquinas, me clavé con algunas cosas que quise meter en el mercado y no tuvieron aceptación, por eso uno va a haciendo una base de conocimiento y trabajo pero nada es una garantía, siempre hay que estar alertas”.

 

Cuando la empresa se expandió, Hoses vendió hacia Mar del Plata, Córdoba, Río Negro, Neuquén y provincia de Buenos Aires. “Los cepillos para limpiar fábricas o las empresas que nos compran para los trabajos de asfaltado son un fuerte de nuestra fábrica, después de tantos años se genera una confianza que hace que la clientela se mantenga fiel y eso a su vez genera un boca a boca que trae nuevos clientes y así se genera un circuito comercial que permite el trabajo y el crecimiento”.

 

Historias.

 

José parece incansable. Camina por su galpón, muestra su producción y máquinas, sube una angosta y empinada escalera hacia el entrepiso, relata decenas de historias y anécdotas alrededor de su fábrica. Un recorrido que cada día escribe un nuevo capítulo.

 

“Por supuesto que hoy no puedo mantener el ritmo de antes, pero esto es mi motor, levantarme cada día y saber que estoy acá, con los jóvenes que aportan su trabajo y la familia que se mueve alrededor de la empresa. Yo he aprendido a la fuerza, durante mucho tiempo por ejemplo no tuve calefacción en el galpón y fueron tiempos duros, pero siempre tomé todo como una escuela, como un aprendizaje hasta que uno siente que ya está formado y entonces a partir de ahí ya empezás a crecer. Pero siempre en este galpón”, aclara por las dudas José, su lugar diario desde el que, como si fuese una trinchera, defiende y genera una producción son sello propio.

 

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