Lunes 15 de abril 2024

Juntos a la par

Redacción 03/02/2024 - 01.03.hs

Martín y Maricel llevan adelante “Privilege”, una peluquería que abrió hace casi ocho años en Santa Rosa y que se transformó en referente gracias a su propuesta innovadora y de excelente atención. Fueron destacados por una editorial nacional por su trabajo emprendedor.

 

Es temprano por la mañana pero el impiadoso sol del verano santarroseño ya rebota en el cemento y se ramifica por cada poro de la ciudad. El ritmo del centro empieza a moverse con ritmo lento y pesado pero allí dentro la pareja hace los últimos retoques, deja todo impecable y el desfile de mujeres y hombres de diferentes edades se hace incesante. Martín y Maricel siguen la rutina de trabajo que le marcan los turnos y escuchan con atención el pedido específico para cada intervención en distintas cabelleras. Porque eso es lo que hacen en Privilege, intervenir de la mejor manera con los métodos más tradicionales hasta los más innovadores, un espacio que invita a vivir algo mucho más interesante que el clásico acto de “cortarse el pelo”.

 

“El gusto por la peluquería lo encontré en la adolescencia cuando vivía en General Pico. En la crisis de 2001 a mi vieja se le complicó mucho desde lo económico así que apenas terminé el secundario me puse a trabajar en una estación de servicio, eso me dio la chance de rebuscármela y salir adelante. Al mismo tiempo iba aprendiendo las primeras herramientas de la peluquería y me enfoqué con todo eso, quería especializarme así que tomé la decisión de irme a Buenos Aires”, cuenta Martín Magallán que tiene 38 años, nació en Coronel Granada (un pueblo bonaerense muy chiquito sobre la ruta nacional 188) y hoy trabaja a diario en Privilege, su propio negocio del centro santarroseño, en Hipólito Yrigoyen 591 -casi Oliver- (teléfono fijo 2954-773774 y WhatsApp 2954-846008).

 

“En Coronel Granada no había nada así que me llevaron a nacer a Lincoln, por eso me inscribieron ahí, y cuando yo tenía tres años mi familia se mudó a General Pico”, recordó Martín que, años después, llegaría a Buenos Aires en busca de una oportunidad que le llegó de la mejor manera.

 

“Gracias al contacto de un amigo entré a trabajar con Leo Paparella que en ese momento era de los más famosos del ambiente, laburaba todo el tiempo con gente de la televisión cuando la tele ocupaba un lugar muy central. Todo eso me sirvió muchísimo para aprender y para conocer a mucha gente”, resalta Martín mientras Maricel escucha y está atenta a cada detalle para brindar la mejor comodidad a quien ingresa a Privilege.

 

“Yo soy de Ramos Mejía, en provincia de Buenos Aires, estudié Psicología, soy acompañante terapéutica y con Martín nos conocimos porque yo en la Facultad estudiaba con una chica de Pico y nos hicimos amigas. Ellos tenían gente en común y así nos encontramos. Al tiempo tuvimos a nuestra primera hija, Clara, y siempre laburábamos muchísimo con el proyecto de un día tener nuestro propio lugar. Íbamos ahorrando lo que podíamos con esa idea pero llegó un momento en que el ritmo de Buenos Aires nos agotó”, reconoce Maricel Pellegrino (39) que con el tiempo aprendió todos los secretos del oficio de su pareja y se metió de lleno en el universo estilista.

 

“Empecé a aprender en el salón de Martín hasta que me di cuenta de que era ‘nuestro’ salón. Necesitaba profesionalizarme muy rápido para ser el complemento necesario de él y por eso hice muchas capacitaciones y masters en colorimetría. Acá viene gente de edades muy diferentes y nosotros además rompimos con esa tradición de dividir de manera tajante la peluquería para mujeres y la peluquería para hombres, acá convivimos todos y con total apertura”, completa.

 

Mudanza.

 

“Privilege” abrió sus puertas en marzo de 2016. La pareja llegó a Santa Rosa junto a la pequeña Clara y, luego de alquilar el local, comenzó el trabajo. Tiempo después llegó Paloma para agrandar la familia y para lucir hoy en las fotos de los cuatro de la revista Caras, en una producción de la Editorial Perfil que los eligió para un grupo de diez emprendedores del país.

 

“Un día estaba tan sobrepasada del trabajo que hacía en un neuropsiquiátrico que dije ‘basta, nos vamos’. Una mujer de Santa Rosa que conocíamos nos decía que nos teníamos que mudar acá, que había mucho por innovar en lo laboral así que estuvimos un buen tiempo hasta que pudimos concretarlo. El inicio fue duro, estábamos solos, no conocíamos a nadie, pero no nos quedaba otra que meterle para adelante”, destaca Maricel al mirar hacia atrás y comparar con el presente que los tiene en un lugar privilegiado.

 

“En diciembre nos contactaron de la editorial Perfil, de Jorge Fontevecchia, para ofrecernos sumarnos al proyecto que le da la oportunidad a diez emprendedores de darse a conocer y de contar sus historias. La verdad que nosotros pensamos en ese momento que era una estafa o algo así, no lo podíamos creer. Pero hicimos una videollamada con la productora y después viajamos a Buenos Aires donde nos hicieron una larga entrevista. Y lo bueno es que el proyecto va a seguir todo el año, nos van a hacer un seguimiento y está previsto que nos hagan nueve entrevistas en total que se irán publicando en distintos medios de la editorial. Hicimos la producción de fotos, todo, y ya salió en Caras”, sonríe Martín.

 

“Es una oportunidad única pero creo que también llega como parte de un trabajo muy minucioso que venimos haciendo en cuanto a registrar nuestra marca, darle mucha importancia a la difusión, al laburo en redes y de producción, todo hace a que la gente venga y encuentre un espacio cómodo, en donde se combina lo clásico con lo moderno porque acá viene gente de edades muy disímiles y con demandas diferentes”, añade Maricel.

 

Crecimiento.

 

La peluquería abre de martes a sábados y desde su apertura creció y sumó espacios y funciones. “En un principio habilitamos cuatro lugares de atención y hoy tenemos seis. Pasamos la pandemia, que fue terrible para este rubro, y gracias a la gente pudimos seguir adelante. Hoy sentimos que tenemos una empresa que se mueve en base a nuestra pasión por lo que hacemos. La sentimos como nuestro tercer hijo y a partir de ahí le ponemos todo para crecer y dar lo mejor. Por suerte nos responden y, como nos gusta decir, la imposición hegemónica no es central en la belleza. Con nuestro trabajo no creamos belleza, solo sabemos dónde encontrarla y la sacamos a la luz”, dicen Martín y Maricel que tienen el privilegio de hacer lo que les gusta.

 

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