Jueves 20 de junio 2024

La costumbre de lo rico

Redacción 11/11/2023 - 08.42.hs

“La Daga” llegó a sus 15 años de trayectoria con los mejores platos para el almuerzo o la cena. Julio Jamad, su hijo y su nieto conforman tres generaciones que trabajan de lunes a lunes al calor de la parrilla de donde salen los sabores más destacados.

 

Sobre el mostrador humea un matambre a la pizza recién salido del calor de las brasas, un pollo bien dorado con papas y huevos fritos, y unas costillas de vaca con ensalada. El mediodía ya asomó en un miércoles santarroseño y algunos de los pedidos están listos para deleitar a sus comensales. También pueden ser minutas, pizzas, empanadas o tartas. Todas las posibilidades caben dentro de ese universo único que es La Daga, un mundo de sabores que son una tradición que nunca para de renovarse. Como los buenos platos.

 

“El visionario fue mi viejo, él vio que este local estaba cerrado, pasaba todos los días por acá y me iba a ver a mi al estudio para convencerme de abrir la rotisería ¿o no pá?”, le pregunta Julio (49 años) a Julio Jamad (77), que no se aleja de la parrilla, mueve la leña para el mejor fuego y apenas asiente con la cabeza mientras deja que su hijo cuente la historia.

 

“La Daga” brasería, rotisería y pizzería nació el 1 de noviembre de 2008 en Avenida San Martín Oeste 440 y 15 años después sigue en ese mismo lugar del macrocentro de Santa Rosa, de lunes a lunes al mediodía y a la noche para ir a buscar la mejor opción o pedir por teléfono al 420227 o por WhatsApp al (2954)-594445.

 

“Estudié Abogacía en Buenos Aires y me volví en 2002 cuando estaba todo el descalabro en el país. Fue muy duro porque no había trabajo, mis viejos siempre fueron laburadores, en el rubro gastronómico, y el que me dio una mano grande fue mi tío que me ofreció trabajar a cargo de lo administrativo, caja y demás en lo que era la panadería La Posta, frente a La Terminal. Así que empecé en gastronomía antes que de abogado pero necesitaba trabajar. Así estuve hasta 2005 que arranqué solo como abogado porque era lo que realmente quería hacer”, recuerda Julio hijo.

 

Insistencia.

 

Jamad finalmente pudo abrir su estudio en la calle Juan B. Justo y allí recibía la visita diaria de su padre que le insistía con la parrilla. “Yo no quería porque estaba enfocado en mi profesión, pero insistió así que le dije que sí y que él se encargara de lo gastronómico y yo de lo administrativo. Y arrancamos. Al principio fue muy duro, se vendían dos o tres pollos y era pelearla espalda con espalda porque estábamos nosotros dos, mi mamá Delia (76) y era todo bien familiar”.

 

De ese inicio de La Daga a este presente de hoy pasó mucho tiempo. Y sobre todo pasó mucho crecimiento hasta convertirse en una referencia del rubro. Hoy la minipyme trabaja los siete días de la semana con 11 personas entre dueños y empleados (tienen francos rotativos) y con muy diferentes opciones más allá de la parrilla que es la “vedette” del negocio.

 

“Mi viejo es un gran asador, en la familia son todos buenos asadores y él les fue enseñando, pero la otra clave acá son los empleados. Hemos logrado armar un gran equipo y hay varios que ya tienen muchos años de antigüedad, son profesionales en lo que hacen y saben hacer de todo: pizzería, parrilla, cocina. Si no tenés buenos empleados es muy difícil que la cosa funcione. Y por supuesto que tenemos clientes desde hace 15 años, que son fieles y nos eligen y nos recomiendan”.

 

Orgullo.

 

Jamad elogia la calidad de los productos que se hacen a la parrilla La Daga y que, según asegura, tienen la vara muy alta en cuanto a la calidad. “Es todo un desafío porque en La Pampa tenemos la mejor carne y los mejores asadores. El pampeano conoce lo que es y cómo hacerlo, entonces eso nos da orgullo más que nada por cómo nos eligen y confían en nosotros. En el negocio le damos apoyo a clubes e instituciones porque es una forma de devolver, de agradecer todo lo que nos da la sociedad. Creo que si no entendés eso es porque no entendiste mucho de qué se trata”, pondera Julio sobre ese costado social de la empresa.

 

La otra pata en la que se apoya el emprendimiento gastronómico es la familiar, clave para el apoyo en un trabajo que sabe mucho de sacrificios.

 

“El gastronómico es un rubro de una demanda muy alta, primero porque trabajás a deshora, cuando todos disfrutan o están comiendo, y vos estás trabajando. Por eso es muy importante agradecerle a nuestras familias que tanto nos bancan, porque siempre nos esperan para comer, a deshora, fuera de tiempo. Es muy importante esa actitud porque es clave para venir cada día y hacer este trabajo”, elogia Julio.

 

Llega Juan Cruz (22) al local y apenas saluda se va para una de las heladeras para reponer bebidas. También atiende el teléfono y toma pedidos. Está claro que su tarea es la de aportar en distintos aspectos del trabajo cotidiano que demanda un lugar como La Daga.

 

“Me dijo que no quería estudiar más así que enseguida le dije de sumarse a trabajar acá. Sobre todo porque hacia adelante hay una perspectiva interesante, entonces ya estamos tres generaciones al frente de un negocio que siempre está en movimiento”, sostiene Julio.

 

Propio.

 

La elaboración de los platos que se hacen en La Daga son con recetas propias y se hacen a la vista para que quien va a buscar su ración, pueda observar y llevarse lo que más le tienta.

 

“Yo miro mucho lo que pasa en Santa Rosa, estoy atento a si por ejemplo un colegio o un club organiza una pollada entonces ese día va a caer la venta de pollos. Y no hay mucho secreto, en épocas de crisis las ventas caen y no es lo mismo el principio de mes que a los 20 días que por ahí muchos tienen las cuentas más apretadas, entonces se van sacando las cuentas del negocio en base a eso, por supuesto”.

 

Los pedidos se multiplican y las motos salen cargadas para el reparto. Están quienes llegan al mostrador y realmente no saben qué opción elegir porque todas lucen como un manjar. Y ahí reside uno de los mayores secretos de La Daga, que lo que entra por los ojos luego indudablemente se confirma con el estómago.

 

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