Una familia de sabores
“La Paulina” es una panadería familiar que comenzó en un pequeño garaje y en la que hoy trabajan 12 personas. Elabora todo tipo de productos gastronómicos, tanto dulces como salados, y que además del negocio propio vende a unos 45 locales externos de la ciudad.
Milton llega apurado, se baja de la camioneta y en un minuto está sentado para la entrevista. Antes saludó a Delia, a la empleada de mostrador que está en ese momento y a la clientela que entró para pedir una tira de pan, unos pastelitos, pizzas listas para el horno o una docena de facturas. Terminó el primer turno de reparto y mientras el utilitario se llena nuevamente de productos, repasa una historia de esfuerzo, trabajo y espíritu emprendedor.
“Nací en Colonia Santa María y cuando era chico mi papá trabajaba como panadero en una localidad cercana, en Unanue. Cuando cumplí 12 años nos vinimos a Santa Rosa para estudiar y mi viejo entró a trabajar, de sereno, en la panadería La Rueda. Estuvo ahí hasta que se jubiló”, cuenta Milton Guitlein (44), dueño de la panadería ‘La Paulina’, el atractivo local de la avenida Perón 1295, en esquina con la calle Eduardo Castex, que ya desde la vidriera genera atracción por los sabores y combinaciones gastronómicas que como dice el eslogan publicitario, son de “elaboración propia y calidad única”.
“No me gustaba estudiar, me costaba mucho ir al colegio así que empecé a trabajar. A los 12 años vendía diarios, después intenté de nuevo con el colegio pero no hubo caso así que mi viejo mi vinculó con la panadería y me preguntaron si quería ser ‘el chico de los mandados’. Al tiempo compré una moto y quedé como cadete. Tuve un par de accidentes medios zonzos así que ahí mi papá me dijo que deje ese trabajo porque no quería que me pasara algo grave. Me acuerdo que en ese momento yo decía que nunca iba a trabajar en una panadería porque sufro mucho el calor, pero bueno, las cosas muchas veces te llevan para otro lado”, señaló Milton en la charla con LA ARENA.
Y esa dirección laboral tenía como destino, indefectiblemente, el oficio de panadero. Porque un amigo lo invitó a trabajar en un local de ese rubro y allí estuvo 17 años.
“En ese periodo hice el curso de panadero y pastelero, me capacité, y me sirvió muchísimo para poder crecer. Desde hacía tiempo que me daba vueltas la idea de tener mi propio emprendimiento y lo hablaba con mi hermano Marcos, pero él es más chico y estaba estudiando en Córdoba, así que no coincidíamos en los tiempos. Hasta que nos pusimos de acuerdo y nos asociamos para empezar cosas propias en un garaje, un localcito mínimo en el barrio Los Fresnos”, recordó Milton sobre el germen de ‘La Paulina’ (el número de WhatsApp es 2954 – 583361 y el Instragram: lapaulinapanadería).
El local abre de lunes a lunes en horario corrido y ofrece una gran variedad de tortas, postres, facturas, sándwiches de miga, empanadas, pre pizzas, picadas, pasteles, bizcochos y mucho más; productos que se elaboran enteramente en la amplia y pulcra cocina del negocio y que con la etiqueta de La Paulina sale en todas las direcciones de la ciudad rumbo a otras góndolas, vitrinas y estantes.
Consumo.
La panadería, que tomó su nombre en homenaje a Paulina, la abuela por el lado materno, no escapa al contexto de crisis económica y social de los últimos años en el país, un modelo que (entre otros datos negativos) generó una dramática caída del consumo.
“Llegamos a tener 15 empleados pero últimamente tuvimos que reducir la planta porque las ventas bajaron un 40 por ciento, es tremendo. Nosotros tratamos de hacer siempre lo de mejor calidad, conservar el buen producto a un precio lo más beneficioso posible, pero hoy para mucha gente comprar unas medialunas es un lujo entonces es difícil. Esperemos que se pueda pasar lo más rápido posible y que el consumo se recupere. Para eso se necesita plata en el bolsillo, y hoy no la hay”.
En ese sentido, Milton trata de poner la otra mejilla y reconoce que no deja de lado los planes de abrir una sucursal. “Es algo que nos gustaría, que venimos hablando, aunque por cómo está todo ahora tenemos un freno, pero vamos a seguir intentando porque creo que tenemos la infraestructura para hacerlo”, anticipó.
-Además de lo económico también cambiaron las tendencias en los últimos años respecto a la alimentación sana y la ‘demonización’ de las harinas ¿eso influye también?
-Sí, seguro. Como sucede con muchas cosas de la vida cotidiana hay cambios, tendencias. Nuevas costumbres. Y hoy hay muchos cuidados con la harina, con el azúcar. La gente cuida mucho lo que come entonces se generan otras formas de alimentarse, pero el pan es la base de la mesa diaria, está en todos lados, además de todo el resto de los productos.
Familia.
Milton es la cara visible del emprendimiento pero Delia lo acompaña de forma cotidiana. “Mi mamá siempre está, siempre participa; desde muy chica le gustó mucho la cocina, la gastronomía, y nos da una mano con todo. En mi caso tengo un hijo de 19 años, Leonel, que suele colaborar y entre todos le vamos metiendo para seguir hacia adelante”.
La avenida Perón, con su flujo interminable de tránsito, y barriadas como Villa Parque, el Butaló, barrio Jardín y otras zonas cercanas convierten a La Paulina en un lugar muy elegido.
“Es cierto que es una esquina muy transitada y eso nos favorece, pero además tenemos mucha clientela que ya nos conoce. Nosotros abrimos el local en plena pandemia y nos fuimos haciendo conocer, por suerte la gente nos eligió aunque eso se consolida si vos atendés bien y, por supuesto, ofrecés buenos productos. Ojalá nos sigan eligiendo”, resalta Milton mientras posa para las fotos junto a Delia y prepara la próxima salida con el reparto. Porque La Paulina sale a la calle y deja su sello. De calidad y de sabor.
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