¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Sabado 21 de marzo 2026

Una peluquera andante

Redacción 21/03/2026 - 00.05.hs

Daiana Micaela Holgado encontró en “Rulos Pampa” la posibilidad de desarrollar su oficio con las tijeras, los peines y los distintos accesorios de una peluquería que nació en Jacinto Arauz y se expandió a Santa Rosa, con cortes y peinados bien personalizados.

 

“Es muy raro que venga alguien y te diga: ‘¿querés trabajar?’ Nunca te van a golpear la puerta y te van a ofrecer lo que querés. Hay que salir y buscarlo. Las oportunidades las tiene que buscar una. ¿Qué tenés para perder? ¿la vergüenza? Esa es una limitación y hay que dejar de lado las limitaciones”, dice con esa mezcla de firmeza y calidez que son su sello tanto en la charla como cuando se concentra en elaborar esos rulos que son marca registrada.

 

Daiana Micaela Holgado se crió en Jacinto Arauz, el rinconcito que queda al sureste de la provincia, justo cuando se termina una parte de la amplia geografía pampeana, en el límite con la provincia de Buenos Aires. Es mamá de tres varones y es una emprendedora incansable. Es peluquera y se especializó en ondas y rulos y fundó su peluquería ‘Rulos Pampa’ (en Instagram se la encuentra en @rulospampa o se puede escribir al Whatsapp (2915) – 109916, una iniciativa que fue dando de a poco sus pasos pero que desde hace seis años también está en Santa Rosa, donde cientos de mujeres (también hombres) van en busca de su “arte” en los pelos enrulados.

 

“En principio comencé a ir a trabajar a Macachín y una chica me invitó a una feria que se iba a hacer en Santa Rosa. Por supuesto que dije que sí y en esa primera oportunidad trabajé al lado de una pileta: me prestaron un espejo y corté el pelo ahí, al aire libre”, recordó Daiana en una charla con LA ARENA.

 

Ese primer viaje a Santa Rosa fue el puntapié inicial, porque desde ahí no paró. Desde hace casi seis años desde que viaja al menos dos fines de semana por mes a la capital provincial y los turnos vuelan. Porque las que ya se cortaron el pelo con ella, quieren volver. No solo porque el cabello queda hermoso, sino porque ella, con su amabilidad y calidez, siempre hace sentir bien. Promueve el bienestar.

 

Hace poco Daiana hizo un grupo de Whatsapp y enseguida llegó a 170 contactos, todos de clientas fijas en Santa Rosa. Aunque ese número aumentó enseguida porque todos los días suma entre tres y cinco clientas. El año pasado, solo en la capital pampeana, atendió a 600 personas. La mayoría son mujeres, pero también recibe a varones.

 

Equipo.

 

Daiana tiene un marido que la acompaña en todas y una mamá incondicional. La contención de ellos es un motor que siempre la ayuda a salir adelante. Daiana es incansable. No frena, trabaja y trabaja sin parar con la convicción de que la disciplina y el esfuerzo siempre llevan al mejor de los destinos.

 

A Daiana le encantaba el cuidado del cabello y quería dedicarse a trabajar en el rubro, quería cortar el pelo y hacer sentir lindas a otras personas. Pero siempre había otra prioridad: sus hijos. Es que una mujer cuando se convierte en madre empieza a vivir dividida entre sus deseos, sus necesidades y el lugar en el que tiene que estar. También es cierto que ser madre no es un impedimento para hacer los sueños realidad.

 

El tiempo iba pasando y se esfumaba ese sueño, quedaba cada vez más lejos, relegado. Hasta que Gustavo, su compañero, y su mamá le insistieron para que se animara. Como si fuera parte de un slogan incorporado, Daiana sabe que nunca puede dejar de intentar, porque el que no prueba, falla.

 

Empezó a estudiar peluquería en 2016, pero ella no quería ser una peluquera común. Como clienta, Daiana conocía el proceso: ir a la peluquería, sentarse en la silla y que la dejaran linda por un rato. Porque también es cierto que cada vez que una mujer sale de la peluquería se ve hermosa. Y ¿después? Cuando se termina el peinado y se lava la planchita o el brushing o el secado o se empieza a ir el alisado, el espejo dice otra cosa.

 

Rulos.

 

Daiana se dio cuenta de que quería trabajar el cabello natural, quería que las mujeres se vayan de la peluquería y que al día siguiente se siguieran sintiendo lindas. Por eso decidió en 2020 especializarse en rulos. Porque le interesaba trabajar con la conservación y la genética del pelo. Quería poner el rulo en valor y que las mujeres sepan de esa posibilidad sobre sus cabezas.

 

“No es que solo trabaje con rulos. Me encanta el pelo lacio, pero no estoy de acuerdo con los alisados y los botox capilares o los shock de queratina. Ese tipo de peinados no solo terminan arruinando la cabeza sino que también hacen muy mal a la salud”, remarcó.

 

Daiana se especializó y con mucha dedicación y esfuerzo a abrió su peluquería en Jacinto Arauz. Le fue bien y se sentía muy satisfecha. Pero algo le daba vueltas, era como un zumbido. Pensaba en nuevos y más desafíos, no podía quedarse solo con eso. “No puede terminarse todo acá, yo quiero más”, pensó.

 

Porque a Daiana le encanta su pueblo, pero entendió que necesitaba nuevos horizontes. Sabe que el trabajo no viene a golpear puertas y por eso fue ella misma a golpearlas.

 

“Trabajo el pelo, trabajo las ondas y también trabajo la felicidad. Repito, muchas veces al día, que está conectada, siempre con los pies en la tierra. Porque nunca me olvido quién soy y de dónde salí. Agradezco y acompaño”, resalta Daiana, que agarra la tijera y abre grande los ojos. Y corta lo viejo, para que viva y se luzca lo nuevo. Ese pelo que siempre estuvo ahí, queriendo lucirse.

 

“La peluquería también se convierte en un espacio de contención. Porque el corte de pelo muchas veces es una excusa. No solo para sentirse lindas, sino también para poder cambiar, para contar, para hablar de la culpa de la maternidad o de las angustias que atraviesan o de los temores internos. Las mujeres hacen eso, van a la peluquería y hablan y en esa charla encuentran en mi un lugar de escucha y de calidez”, describe con su sonrisa.

 

Lo mismo hace con sus hijos, con su compañero, con su mamá, con ella misma. Sabe que el amor es potencia y libertad. Así quiere que crezcan sus hijos, con una madre que abre puertas y que sabe que trabajar es el mejor ejemplo. Y con los rulos al viento.

 

'
'