¿Quién llora a las niñas de Minab?
Cada 8 de marzo vuelve a instalarse en todo el mundo el debate sobre los derechos de las mujeres, y masivas movilizaciones nos recuerdan que la igualdad sigue siendo una tarea inconclusa. Y más grave aún: millones de mujeres y niñas sufren bombardeos, como en Irán.
IRINA SANTESTEBAN
La reciente agresión militar de Estados Unidos e Israel contra Irán -presentada una vez más en nombre de la “libertad” y la “democracia”- ha dejado un saldo devastador entre la población civil. Entre los episodios más estremecedores se encuentra el bombardeo contra la escuela primaria de niñas Shajareh Tayyebeh, en la ciudad de Minab, provincia de Hormozgan, en el sur del país, donde murieron más de 170 alumnas de entre siete y 12 años.
Resulta una cruel paradoja que sean precisamente esos gobernantes -Trump y Netanhayu – acompañados de sus aliados europeos y otros, como Javier Milei en Argentina, quienes hace años denuncian al gobierno iraní por la situación de las mujeres. Y lo hacen junto a una red de organizaciones que, con un discurso que presume de “feminista”, han demonizado al gobierno de Teherán, a la par que callan la realidad de las mujeres en otros países de la región y del mundo.
Falsos “salvadores”
La escasa información sobre ese atroz atentado y la casi nula condena a su perpetrador -Israel – deja en claro la hipocresía de ese discurso supuestamente “salvador” de las mujeres iraníes, evidenciando que para las potencias occidentales y sus aliados, las vidas de las niñas y las mujeres iraníes importan muy poco. Nada, en realidad.
Durante décadas, gran parte del discurso político y mediático occidental construyó una imagen de las mujeres musulmanas -y en particular de las iraníes- como víctimas del patriarcado que debían ser “rescatadas” para conquistar la igualdad. Ocultaban que en muchos países, sino en todos, esa pretendida igualdad de derechos no existe, y ello se pone en evidencia cada 8M, en Argentina y gran parte del mundo.
Hospitales en la mira
La barbarie del ataque yanqui y sionista no se limitó a bombardear escuelas sino que también, como ocurrió en Gaza en los últimos dos años, sus objetivos fueron hospitales y centros de salud. El Hospital Gandhi en el centro de Teherán, sufrió enormes daños el 1 de marzo por la noche, donde el personal médico debió transferir apresuradamente bebés recién nacidos desde sus incubadoras dañadas hacia ambulancias.
También fue convertido en ruinas un centro de fertilización asistida (FIV), según denunció el vocero del Ministerio de Salud iraní, Hossein Kermanpour.
Otros hospitales también fueron atacados con misiles directos en Teherán, confirmando que no han sido “daños colaterales” sino objetivos buscados por el agresor. Fue el caso de los hospitales Khatam al-Anbiya y Motahari en la capital, el Hospital Abuzar, en la ciudad sureña de Ahvaz. y tres unidades médicas de emergencia en Sarab, Chabahar y Hamedan.
A pesar que el presidente iraní Masoud Pezeshkian denunció estos actos como una “violación flagrante de los principios humanitarios”, la Organización Mundial de la Salud (OMS), emitió un comunicado expresando “preocupación” pero sin repudiar el accionar de las potencias agresoras, EEUU e Israel, que con estos ataques continúan violando las Convenciones de Ginebra, instrumento jurídico internacional de protección humanitaria en tiempos de guerra.
Doble vara
Occidente construyó esa narrativa para encubrir sus políticas de saqueo y coloniaje, tildando de “dictaduras”, “regímenes autoritarios” y “violación de derechos humanos o de las mujeres”, para justificar invasiones bélicas (como en Irak) o falsas revoluciones (como en Libia o Siria).
En su doble vara y falsa preocupación moral, no realizan reproche alguno a otros países con regímenes monárquicos y represivos, como Arabia Saudita, donde las mujeres tienen más restricciones a sus derechos que en Irán. El asesinato del periodista Jamal Khashoggi en Turquía en 2018, por parte de agentes de la seguridad saudíes, fue justificado por el propio Trump.
Esta columna no pretende soslayar que en Irán existen desigualdades que perjudican a las mujeres, incluso por mandato religioso, en un país que se constituyó como una República Islámica. Pero el sistema patriarcal no es exclusivo de la nación persa, pues en todo el mundo árabe y también en las autoproclamadas democracias occidentales hay desigualdades contra las cuales luchan los movimientos feministas y que se ponen de resalto en cada 8M.
Es falso, como afirman algunas referentes feministas, que esa desigualdad tenga origen en la revolución de 1979, que derrocó el régimen del Sha Reza Pahlevi, el monarca absolutista que gobernó Irán durante un cuarto de siglo, ungido gracias al derrocamiento del primer ministro Mohammad Mossadegh en 1953, para lo cual contó con la inestimable colaboración de la CIA y el MI6 (EEUU y Gran Bretaña). El Sha pretendía “occidentalizar” Irán, y bajo su régimen las mujeres musulmanas eran detenidas y torturadas por usar pañuelo y su vestimenta tradicional.
La familia real vivía en el mayor de los lujos, mientras la mayoría del pueblo padecía la desigualdad económica, la inflación, la falta de empleo y vivienda, con mayor incidencia en las mujeres.
Religión
Es verdad que la Revolución Islámica tuvo un componente conservador, y también es verdad que tuvo el gran mérito de derrocar a una monarquía proyanqui y probritánica. Pero ese rasgo conservador es común a todas las religiones: el catolicismo y el judaísmo, así como las iglesias evangélicas, se caracterizan por una teoría y una práctica de profunda discriminación hacia las mujeres.
Incluso con esas limitaciones jurídicas y sociales, en Irán hay indicadores sociales que no son difundidos en los medios occidentales, pues marcan grandes avances en la situación concreta de las mujeres persas. La alfabetización femenina alcanza prácticamente al 99 por ciento en los niveles primario y secundario, y las mujeres representan alrededor del 60 por ciento de la matrícula universitaria. Su presencia es cada vez mayor en profesiones científicas y técnicas, incluidas áreas tradicionalmente masculinas como ingeniería.
Si comparamos algunas realidades regionales, el contraste resulta evidente. En las monarquías del Golfo como Arabia Saudita o Qatar, las mujeres enfrentan restricciones mucho más severas en la vida pública y social. En varios de esos países el control masculino sobre la vida cotidiana femenina sigue siendo muy fuerte, pero ello no molesta a Occidente y no hay sanciones ni ataques contra esos países.
El uso del hiyab (pañuelo que cubre la cabeza y deja al descubierto el rostro) ya no es obligatorio en Irán, tampoco lo es el chador (túnica negra que cubre cabeza) pero sí lo es en Arabia Saudita. En Jordania y Emiratos Árabes persisten sistemas legales que otorgan amplios poderes a los varones dentro de la familia.
Sin embargo, esos países rara vez son cuestionados por esa desigualdad evidente en relación a las mujeres, no se promueven movimientos “liberadores” ni se financian ONGs que realicen campañas internacionales a favor de esas mujeres.
El petróleo es la razón
Entonces ¿por qué Irán? Porque el gobierno surgido luego de la Revolución Islámica ha sido y es enemigo de EEUU y del estado colonialista de Israel, que cuenta con el apoyo de Washington y los países europeos en su afán de despojar al pueblo palestino de su legítimo derecho al territorio.
La alianza de Irán con Rusia y China y su integración con los BRICS, es una razón suficiente para los ataques yanquis a ese país. Y lo más importante, tal como ocurriera en Venezuela, donde EEUU logró controlar gran parte del petróleo luego del ataque del 3 de enero pasado y el secuestro del presidente legítimo Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, en Irán el otro gran motivo para la guerra es su riqueza energética, petrolera y gasífera, así como su ubicación geográfica en Medio Oriente.
Excede el sentido de esta nota hacer un análisis de la realidad internacional, pero sí es necesario desmentir la narrativa imperialista que pretende justificar sanciones y hoy una agresión militar encarnizada contra Irán, bajo el manto de la “defensa de la democracia, el respeto a los DDHH y la defensa de las mujeres”.
Conquistas
Los derechos de las mujeres se han convertido muchas veces en una coartada moral para legitimar intervenciones militares o presiones internacionales.
La tan ansiada igualdad en materia de derechos políticos, económicos y sociales, no vendrá de la mano “salvadora” de la potencia militar estadounidense y menos aún del estado genocida de Israel. Los derechos de las mujeres en Irán, en Argentina y en todo el mundo, fueron, son y serán conquistados por la propia fuerza de sus protagonistas.
Los ejemplos sobran: en Irán no existe el derecho al aborto, pero en Argentina hace solo 5 años que se logró la despenalización de la interrupción del embarazo. La película “Belén” nos muestra hasta qué punto las mujeres han sufrido persecución judicial y cárcel injusta incluso en situaciones donde primó el prejuicio machista por sobre la realidad.
El sistema de tutela masculina sigue vigente en Irán, pero se ha flexibilizado mucho gracias al reclamo permanente de las mujeres, mientras que en otros países de la región es tanto o más restrictiva. En Argentina estuvo vigente hasta 1968 e incluso hasta los años ‘80 persistían desigualdades en la legislación civil en perjuicio de las mujeres.
En ese contexto, el silencio de muchos sectores que suelen invocar los derechos de las mujeres resulta muy difícil de explicar hoy ante la agresión a Irán. Quienes se indignan por la obligación del hiyab parecen mucho menos conmovidos cuando cientos de niñas mueren bajo los escombros de una escuela bombardeada. Y nada se dice en el sentido inverso, cuando las mujeres musulmanas en los países occidentales son encarceladas por usar su vestimenta tradicional.
El pueblo iraní no necesita salvadores armados ni discursos paternalistas desde otras latitudes. Tienen un gobierno surgido de elecciones, y es un Estado islámico, regido por preceptos religiosos, al igual que otros estados árabes, incluso Israel se rige por la Torá, y no existe el matrimonio civil, ya que todos los asuntos de matrimonio y divorcio de los judíos están bajo la jurisdicción exclusiva de los rabinos.
En materia represiva, mucho se habla de la persecución en Irán pero se guarda silencio acerca de lo que ocurre en las cárceles israelíes, en las cuales además de 9.300 presos palestinos, incluyendo mujeres y niños, hay cientos de opositores al gobierno de Netanyahu, que son críticos de sus políticas y denuncian la corrupción de esos gobernantes. Pero no hay sanciones, por el contrario, hay apoyo total a su política colonial y de apartheid que asesinó a más de 72.097 palestinos, con gran número de mujeres y niñeces.
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