“Ser mujer: un don maravilloso”
En el marco del Día de la Mujer, las hermanas reflexionan sobre su identidad, reivindican la libertad de elegir su camino y, a la vez, acompañar a otras mujeres sin juzgarlas.
Hace 27 años que las Hermanas de Belén eligieron a La Pampa como su hogar. Aunque nacieron en San Luis, se definen como "pampeanitas" por opción. Hoy, desde su comunidad en Catriló, Bernarda del Corazón de Jesús, Lucía María del Niño Jesús y Ana de Jesús recorren la provincia con una misión que escapa a las agendas rígidas: anunciar que nadie está solo.
“Nuestro carisma está fundado en la espiritualidad de Belén: el misterio de Emmanuel, Dios con nosotros, que se hace accesible a todos”, explican. Su trabajo no se limita a las iglesias; están en hospitales, plazas y allí donde los jóvenes y las familias transitan procesos de duelo. Pertenecen a la diócesis de Santa Rosa y son una fundación local, con raíces que pasaron por Ingeniero Luiggi y General San Martín antes de asentarse en su sede actual.
Su día a día rompe el imaginario común sobre la vida consagrada. Antes de la oración, está el saludo, el mate y la pregunta honesta por el descanso de la otra. Para ellas, el encuentro con el prójimo es sagrado y no entiende de relojes: "Si alguien nos necesita, ese es nuestro presente. No existe el ‘tengo que irme’, es ‘estoy con vos´".
Lejos de la rigidez, viven su feminidad sin culpas y desmitifican la idea de que la consagración implica descuido. Usan cremas y colonias como un acto de respeto hacia quien las escucha. "No es vanidad, es pensar en qué nos hace bien. Si tengo las manos cuidadas, el otro se concentra en lo que digo y no en que mis manos dan pena", señalan en la charla con LA ARENA.
Bajo el voto de pobreza, eligen la sobriedad, entendiendo que el cuidado propio es el primer paso para cuidar al resto: "No se puede enseñar a alguien a valorarse si una misma no se cuida".
Rock nacional
Esa conexión con la realidad se refleja en sus momentos de ocio. El cuidado del jardín es su refugio de silencio, pero cuando viajan con jóvenes, la banda sonora cambia. En el Spotify suena Gustavo Cerati, Soda Stereo y Alejandro Lerner. Incluso analizan letras actuales con los adolescentes para entender sus lenguajes: "A veces aprovechamos la música de otro para expresar lo que una no se anima a gritar", confiesan.
En el marco del Día de la Mujer, las hermanas reflexionan sobre su identidad sin discursos prefabricados. Reivindican la libertad de elegir su camino y acompañar a otras mujeres sin juzgarlas. Y sobre el 8M, plantean una mirada crítica: "Es un día para celebrar el don de ser mujer. A veces, en la lucha por la igualdad, olvidamos que nuestra esencia es distinta y valiosa por sí misma". Para ellas, la verdadera defensa ocurre en lo cotidiano, sanando heridas en lugar de competir.
Maternidad espiritual
Su carisma se traduce en una "maternidad espiritual" que trasciende lo biológico para centrarse en recibir y acompañar. "Dios está en la libertad", afirman convencidas. En un mundo que presiona con estándares de éxito, su mensaje es de aceptación. "Sos maravillosa tal como sos, con tu historia. El mundo necesita de vos porque vos lo embellecés", afirma la hermana Lucía.
Su testimonio no es una invitación al dogma, sino una muestra de coherencia. En su cotidianeidad, la oración y la acción son lo mismo: un gesto, una sonrisa o un abrazo entregado a tiempo. Como ellas dicen, no se puede dar lo que no se tiene, y su labor empieza por el propio reconocimiento para poder, entonces, valorar a los demás.
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