Un refugio de solidaridad
Para la gestión de casos, el hogar Betania trabaja en conjunto con asistentes sociales municipales, canalizando necesidades médicas o de documentación.
El Hogar Betania, el refugio nocturno para personas en situación de calle en Santa Rosa, se prepara para su tercera temporada de funcionamiento. Desde su apertura en 2024, el espacio se consolidó como un punto de contención fundamental mediante una articulación entre el municipio y el respaldo de Cáritas Argentina.
El proyecto sostenido por un grupo mayoritariamente de mujeres voluntarias está ubicado en la intersección de Mendoza y Chacabuco, y nació a partir de un convenio entre el entonces obispo Raúl Martín y el intendente Luciano di Nápoli. La gestión operativa descansa sobre un equipo de voluntarios en el cual el 65 por ciento son mujeres, quienes asumen tareas que van desde la cocina y la limpieza hasta la asistencia directa y la seguridad.
Más allá de la logística, Betania se sostiene sobre un vínculo estrecho entre los voluntarios. Coexisten varios grupos funcionando en diferentes horarios los siete días de la semana. Una de las referentes, Beatriz, explicó a LA ARENA que el proyecto integró a personas con diversas motivaciones: "En nuestro caso somos un grupo de amigas que nos convocaron para trabajar en esta acción solidaria. Algunas desde la parte de acercamiento con Dios y la religión, y otras desde el simple hecho de ayudar al otro. Nos divertimos, compartimos charlas, mates y planificamos qué hacer de comer".
Esta familiaridad permea la convivencia en el refugio. Y destacan que la relación con los asistentes es natural: "Ellos comparten la cocina con nosotras, nos traen mate. Es un aprendizaje constante". Sobre el impacto personal, Beatriz agrega: “Los asistentes creen que reciben muchas cosas, y seguramente así es, pero nosotros también. Nos beneficiamos al saltar barreras, ponernos en el lugar del otro y tener los pies sobre la tierra”.
Organización y respeto
El funcionamiento diario sigue una estructura rigurosa para garantizar la convivencia. “Hay un orden de casa: horarios para las comidas, el uso del baño y la organización de las actividades”, detalló la mujer. Por otro lado, el respeto es el pilar central. “En estos años no hemos tenido episodios de violencia ni destrato. Hacemos mucho hincapié en el respeto, y eso es algo que naturalmente se transmite al grupo. Dejan sus diferencias de lado y pueden convivir en la mesa”, afirmó la voluntaria.
Como parte de esta evolución, en 2025 se habilitó un anexo en la planta baja con capacidad para seis personas. Esta medida fue una respuesta directa a situaciones de vulnerabilidad extrema. “Teníamos el problema de que corrían riesgo de fallecer por hipotermia u otros problemas de salud. Este anexo permite contener a quienes llegan bajo efectos de intoxicación aguda, garantizando un entorno seguro hasta que la situación se estabiliza”, remarcó Beatriz.
Servicio
El refugio es exclusivo para hombres, una decisión basada en la observación del terreno en Santa Rosa. “Interpretamos que la mujer cuenta con otras redes intrafamiliares de contención, mientras que el hombre suele estar más a la deriva. Sin embargo, nuestra actitud es de observación constante: si la realidad nos indica nuevas necesidades, habrá que dar respuesta”, sostuvieron desde ‘Betania’.
Para la gestión de casos, el hogar trabaja en conjunto con asistentes sociales municipales, canalizando necesidades médicas o de documentación. “No prometemos arreglar el mundo, pero intentamos dar respuesta a través del recurso más valioso: el voluntariado”. “Estamos pensando qué mejorar; y la verdad que la realidad nos va marcando el camino por donde seguir”, concluyeron las referentes.
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