Nélida, cuando el amor es más fuerte
Mario Vega - Pocos matrimonios no se separan un solo instante, pero ellos están siempre juntos. Aún cuando en la vida no todo son alegrías, sino que a veces hay desencuentros que pueden condicionar la convivencia.
Si hay alguien conocido en esta ciudad ese es Terete. Por lo menos entre las personas adultas... Adolfo Domínguez es Terete (apodo para el que no usaré comillas porque es casi como su nombre, al punto que así figura en la guía telefónica), y a esta altura se lo puede definir como el poeta urbano, el que le escribe y le canta a las cosas simples de Santa Rosa, y de su gente...
Se sabe, Terete hace algún tiempo perdió la vista, pero eso no lo ubica en una posición de postración... ni lo hace permanecer alejado de la vida cotidiana de la ciudad, y más bien podría decirse todo lo contrario... es que uno se lo podrá encontrar en distintos escenarios, asistiendo a alguna cena -donde dejará algunos de sus poemas, como en la fiesta de "El Invitado" que organiza Juan Carlos Carassay, o en alguna otra-, o en el Teatro Español, y hasta en el cine donde no dejará de concurrir soslayando inopinadamente su condición de no vidente.
"Bastón parlante".
Pero Terete es Terete. No sólo porque tiene sus virtudes, su tozudez, y su inteligencia para ganarle a las adversidades, sino porque además cuenta con un apoyo invalorable. Es que cuando alguien advierta la presencia del poeta en alguna calle observará que su compañera camina tomada de uno de sus brazos, o él lo hará a veces apenas unos centímetros detrás y con una mano sobre el hombro de Nélida. Es su sostén, "el bastón parlante" como ella misma se define, o "la María Kodama del subdesarrollo", como le gusta decir entre risas...
Hay un patrón social que determina -¿una frase hecha?, tal vez- que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Y sin pretender dimensionar grandilocuentemente la personalidad del querido Adolfo Terete Domínguez, en este caso es seguro que sin Nélida a su lado no sería el que todos conocemos...
"Y es verdad... ella me rescató en un momento muy difícil de mi vida. Sin Nélida sería nada", reconoce él.
Nélida Rosso es la quinta de seis hermanos. Nacida en Santa Rosa porque "la cigüeña no paraba en Uriburu, en los tiempos que los chicos venían de París...", dice, vivió allí desde chica.
Una familia de Uriburu.
Es a su manera un personaje singular. Hija de Juan Rosso, dedicado a las tareas rurales y más tarde dueño de una despensa en el pueblo; y de Fedora Giunchi, que fue la que se encargó de la educación de sus hijos. El matrimonio tuvo seis hijos: Humberto (ya fallecido), Aníbal (vive en General Alvear), Elsa (en Uriburu) y cuñada del querido ex dirigente del club Argentino Juan Roldán, Derli (radicado en General Alvear), Nélida, y Bartolomé ("Pichín" para todos en Uriburu).
Hizo la escuela primaria en su pueblo, "hasta sexto grado, y teníamos una directora muy exigente a la que hoy le tengo que dar las gracias", señala. Contrariamente a lo que pudiera pensarse ni Nélida ni su hermana Elsa salieron a trabajar fuera de su hogar "porque papá no quería. Decía que la mujer tenía que quedarse en su casa, y entonces hacíamos algunas tareas manuales".
Vivir en Villa Tomás Mason.
Se me ocurre, y se lo digo, que es una persona muy tímida y lo admite, pero lo que no sabía es que Nélida tiene un excelente sentido del humor, y que en algún momento creeré que está hablando en serio, cuando en realidad se estaba mandando una enorme macana... como cuando cuenta como conoció a Terete.
Son las 17.20 del martes 4 de abril... la tarde cae lenta, inexorablemente, y él nos recibe solícito en la puerta de su casa de la calle Jujuy 339 -del otro lado de la vía- donde se mueve como si pudiera verlo todo perfectamente... un abrazo, un saludo al fotógrafo, Mariano, al que enseguida pretenderá emparentar con otros Erro que supieron vivir en ese mismo querido barrio de Villa Tomás Mason... Ingresamos y podemos observar el orden que reina en el hogar -también, y quizás para que Terete no tenga inconvenientes con el mobiliario al desplazarse-, y la actitud amable de Nélida mientras él prepara el mate y dice que nos va a dejar solos para charlar, porque "la nota es con ella".
Nélida aguarda elegantemente vestida para la ocasión (la foto), el cabello cortito y bien arreglado, y con esos ojos pardos que siempre parecen brillarle
Tímida, pero no tanto.
Nélida se ríe cuando le decimos que ella, y no Terete, es la nota esta vez. Y no esquiva el compromiso, y responde con ganas y con una gracia que no le conocía... siempre tan seria y tan circunspecta. Caminando del brazo por la calle con su esposo, o en algún acto o fiesta en la que Terete apareciera como invitado, para quien no la conoce podría resultar toda una sorpresa que bromee todo el tiempo, y que a cada momento exprese una risa contagiosa.
"Pero es verdad que soy tímida", cuenta Nélida. Cuando vamos con él, que mucha gente se acerca a saludarlo, no sé que hacer. No hablo, y me quedo inhibida...", agrega. "Y cuando era más chica igual... ¿En Uriburu? Una vida tranquila, de pueblo... de vez en cuando íbamos a algún baile, cuando tocaba la orquesta de Yicarean".
Nélida vivió más de 10 años en el Valle Argentino de General Acha, pero regresaría a Uriburu. En tanto él tuvo un matrimonio y dos hijos, que a su vez le dieron cinco nietos, que cada tanto los visitan.
Nélida, la salvación.
Fue toda su vida un hombre de trabajo. En sus primeros años -recién venido del Oeste- de hacer mandados, de entrar leña en las casas... de pararse en la puerta del entonces Mercado Municipal para llevar a su hogar, muy pobre, lo que le dieran, o consiguiera. Después entró a vender el diario La Arena, y fue el primero en vocear las noticias cada madrugada por las calles de la ciudad, y más tarde pudo ingresar en la justicia provincial, donde se transformaría en un muy querido empleado...
Pero la vida se encargaría de golpearlo, y quedó solo por algún tiempo... creyendo en pocas cosas, aferrado a su trabajo, pero sin saber muy bien para qué lado seguir... Hasta que apareció Nélida y Terete se aferró a ella como un náufrago a un madero en el medio del mar... Y lo mantuvo a flote, y lo acompañó, y lo impulsó a vivir... con esta alegría, con este amor que es de todos los instantes, desde hace 35 años. Nada más, ni nada menos.
Y desde Nélida para acá todo iba a cambiar en la vida de Adolfo Terete Domínguez. Porque encontraría en ella una compañera excepcional, que dedicaría todas sus horas a cuidarlo, a guiarlo -en todo sentido-, y que lo alentaría a escribir, a publicar... a no quedarse porque él tenía mucho dentro suyo para entregar. Pero paralelamente Nélida iba a encontrar, también, la felicidad. "Porque es un hombre buenísimo, siempre amable, siempre atento... que hasta aprendió a hacer asados para agasajarme", revela.
Una historia de amor.
Es, sin dudas, una increíble historia del más puro amor. Porque se acompañan todo el tiempo, porque comparten desde el diario -obviamente LA ARENA- que Nélida lee en voz alta, religiosamente, cada mañana -"empieza por los títulos, y cuando aparece algo que me interesa repasa toda la noticia", señala él-, y después se dedican a organizar un día en el que no faltará alguna salida vespertina o nocturna. Y muchas veces -casi siempre- concurrirán al teatro Español, por algún espectáculo musical, o al cine por una buena película que Terete disfrutará como si la estuviera viendo... siempre con Nélida tomada de su mano.
Pero además viajan todo lo que pueden, "hemos recorrido y visto los más lindos paisajes", relata él. Y no puedo dejar de conmoverme, porque Terete confiesa que ha podido disfrutar de las vistas más hermosas: "Todo el norte, Cataratas, pero también el sur, porque llegamos hasta Ushuaia, y también conocimos El Calafate, donde estuvimos dos veces... nos gusta andar, y cada vez que podemos arrancamos", coinciden.
Pero no es todo, porque también he visto a ambos, más de una vez, en un festival de boxeo, sentados en primera fila, con ella como relatora en el oído de su esposo y él percibiendo además en cada sonido del ambiente lo que está aconteciendo. Y no puede menos que llamarme la atención.
Canillita con lazarillo.
Otra cuestión que puede sonar increíble es que, cuando a Terete se le complicó andar por las calles porque prácticamente ya no veía, Nélida tomó la determinación: "Vamos a hacer el reparto de diarios de cualquier manera". Al principio iban a probar, y después tomarían una decisión definitiva para ese recorrido que iba de 25 de Mayo a González, y de Alsina a Uruguay... "Y al final fueron 20 años de todas las mañanas, levantarnos a las 12 de la noche e ir a buscar los diarios para repartir... pero en aquellos tiempos en que a lo mejor había que esperar bastante, porque a veces se terminaba de imprimir a las 2 ó 3 de la mañana".
Más de dos décadas, con frío o con calor... y cuando regresaban Terete se bañaba y arrancaba para su otro trabajo en el Poder Judicial.
Ayudar al poeta.
Ella sería quien lo iba a impulsar a él a escribir las cosas que sentía, y a veces cuando llegaban del reparto Terete le dictaba algo que se le ocurría, y Nélida anotaba en forma manuscrita en un cuaderno... Hasta que "se modernizaron" y Nélida compró en Casa Giovanetti una Lettera 22 (una pequeña máquina de escribir), y así pudieron ir redactando el libro "Para mi ciudad, un poema y un recuerdo" que después se publicaría, y para que Terete editara además dos CD.
En un momento de la charla se queja ella porque él no es convocado "todo lo que merecería" por el área de Cultura -y le digo que no comparto, que me parece que lo invitan a todas partes-, tanto para interpretar algunos tangos como tanto le gusta, o para decir algunos de sus poemas.
María Kodama.
Nélida se manifiesta una mujer absolutamente feliz, de "vivir en armonía, de poder complementarnos con mi esposo como lo hacemos... ¿De lo que viene? No aspiro a demasiadas cosas: eso sí, no quiero ser una vieja renegada, y pretendo disfrutar de cada momento... y además poder seguir siendo la María Kodama de La Pampa", y vuelve a reír a carcajadas.
La charla llega a su fin, y me voy del barrio -que es el mío porque transcurrí desde siempre a pasitos de dónde vivió Terete la mayor cantidad de años de su existencia-, y no puede dejar de reflexionar: si esta no es una historia de verdadero amor... ¿cuál sino?
Oferta por descarte en la vidriera.
Ya quedó dicho, Nélida tiene un gran sentido del humor y del manejo de la ironía. "¿Cómo lo conocí? Un día yo iba a tomar el micro para volver a Uriburu y pasé por una vidriera y vi un cartel que decía: 'Oferta por descarte'. Y atrás de ese cartel había un negrito parado", se ríe con ganas. "Entré y le dije a la persona que atendía que me interesaba, y el hombre me contestó '¿se lo envuelvo?'... y bueno, le pasé el plumero y me lo llevé", continúa divertida.
Pero igual -aunque me "bolaceó" y por un momento pensé que hablaba en serio- asegura que el cartel "oferta por descarte" estaba en el lugar, y que la escena es como la describió... "Así conocí a Terete, le veía la carita de tristón, y se notaba que alguna pena traía, y en realidad la tenía", relata Nélida.
Terete, "que en ese entonces todavía algo veía" -dice él-, ni corto ni perezoso se interesó enseguida por esa mujer que -luego comprobaría- le iba a cambiar la vida. Un día se apareció en Uriburu, se presentó en la casa de Nélida y desde entonces están juntos.
"Enseguida me di cuenta que algo tenía, que era una mujer especial... confiable, honesta, e inteligente para darse cuenta que yo era una persona seria, trabajadora, y por eso no se dejó llevar por habladurías. Porque hay que saber que eran tiempos en que ser divorciado no era una buena carta de presentación, y no le importó", la elogia sin disimulos Terete.
Recuerdan con precisión que se "casaron" el 22 de abril de 1982 "en una cena del Día del Canillita", pero no oficialmente porque recién después con Raúl Alfonsín y la Ley de Divorcio pudieron hacerlo legalmente.
Artículos relacionados
