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Domingo 22 de marzo 2026

Daniel Martínez, orgullo de Winifreda

Redacción 22/03/2026 - 00.09.hs

Es probable que días atrás al recibir el mensaje que contenía una nota periodística que LA ARENA hizo hace 46 años –nada menos-, al hombre se le haya piantado un lagrimón. Este personaje del fútbol argentino –porque eso es a esta altura- debe haber sentido vibrar su alma de una manera especial al reencontrarse con esas fotos –publicación del 9 de marzo de 1980- que lo mostraban a los 12 años, en la casa de sus padres en su Winifreda natal.

 

Armando Daniel Martínez (58) es desde hace varios años el médico del Seleccionado Nacional, y como el resto del plantel de jugadores debe saber que tiene un lugarcito reservado en la historia del fútbol argentino. Porque fue el encargado de atender a Lío Messi, al Dibu Martínez, “Fideo” Di María, a Alexis Mac Allister y a todos los que levantaron la Copa del Mundo en Qatar 2022.

 

Pampeanos por el mundo.

 

Nos pasa mucho a los pampeanos eso de sentirnos de alguna manera “importantes” al referenciarnos con comprovincianos que se destacan fuera de La Pampa. Nos pasó con los Mac Allister –y particularmente con Alexis-, con Claudio Biaggio; mucho antes con “Coco” Rulli campeón de la Intercontinental con Racing de Avellaneda; también con boxeadores, con artistas (Alberto Cortez y tantos), con científicos (Ana Caumo), y muchos y muchas más.

 

Representados.

 

Porque más allá de la preocupación que podríamos experimentar cuando Daniel ingresaba al campo de juego en Qatar, para verificar qué le pasaba a alguno de nuestros cracks caído sobre el césped -nos generaba natural inquietud una posible lesión-, era como que nos daba un cierto orgullo. Sentíamos de alguna manera que La Pampa –más allá de Alexis Mac Allister en la cancha- también estaba representada en el cuerpo técnico por ese señor, ahora médico, que nació y se crió en Winifreda donde vivió hasta que se fue a estudiar y a jugar al fútbol a Buenos Aires.

 

Aquella nota en LA ARENA.

 

Hace unos días el cronista, buscando en la colección datos sobre otro tema, se encontró con una antigua nota que había hecho, en la localidad de Winifreda, que involucraba precisamente a Daniel Martínez.

 

“En ese momento… el de la nota, obviamente uno tenía la ilusión de jugar al fútbol. Era el único objetivo: jugar, siempre jugar, y para eso desde chico entrenaba”, rememora.

 

Y sigue: “Ya había venido con Patilla (Kruber) a un torneo a Luz y Fuerza, acá en Ituzangó, en Buenos Aires. Después de eso Argentinos Juniors me quiso llevar pero mi madre dijo que no porque era muy chico. Y la verdad que fue muy buena la decisión porque así terminé de formarme como futbolista en mi provincia, y además pude disfrutar de lo que es la vida del pueblo”.

 

¡Debut a los 12 años!

 

Desde Buenos Aires donde hoy reside –hace muchos años- Daniel se toma su tiempo para contestar preguntas. “Esa nota que me hiciste vos –le dice a este cronista, que ahora sí se siente un poco tocado en su vanidad- fue después de un partido de General Belgrano… Supongo que faltaban algunos jugadores y me pusieron de delantero tirado a la derecha; y creo que me las rebusqué”, evoca.

 

El pibe de Winifreda.

 

Iba a ser el puntapié inicial para el pibe que enseguida comenzaría a lucirse en el Deportivo Winifreda. Tres años lo tuvieron los girasoleros, desde sus 14 años hasta los 17… “Eso me permitió disfrutar mucho del fútbol, y también de todos los amigos de esa época que siempre están muy presentes para mí. Es que es un recuerdo espectacular de mi vida, porque con esa camada de jugadores nos juntamos hasta el día de hoy y es como si el tiempo no hubiera pasado”, expresa.

 

Sus compañeros en Wini.

 

Cuando le tocó vestir la camiseta del Deportivo Winifreda, había varios veteranos y algunos un poco más jóvenes, conducidos por “Coqui” Carnicero como entrenador. Éste se ocupaba muy especialmente de “Dani”, el pibito que todos protegían porque era “el distinto”.

 

Entre ellos Nolo Wiggenhauser (arquero y padre de Nolito que hoy lo sucede en el arco del Depo), Elbio Taramarca, “Vago” Ponce, “Pata” Vidal, el “Ruso” Retcher, Oscar Rhil, “Pety” Ojeda, “Pluma” Streitemberger, Sergio Sereno, Luisito Sosa (padre de Matías), “Cholela” Ballester, Daniel Camps, Gerardo Moroni y “Tino” Rodríguez, quien se había hecho compinche futbolero de la joven promesa.

 

Repasando esos nombres me digo, qué placer y orgullo deben sentir aquellos que fueron compañeros de ese joven talento que era Daniel Martínez.

 

En el pueblo.

 

Cuando vuelve cada tanto a su pueblo Daniel es un vecino más. Andará por allí sin alardear jamás de sus logros, saludando y charlando con aquellos que fueron sus amigos de los primeros años.

 

Son los mismos que recuerdan con orgullo los momentos compartidos con este hombre que es ahora, que no se jactará nunca de haber atendido a Lío Messi, Riquelme, Crespo o tantos otros en su exitosa carrera profesional.

 

Son los amigos que tienen bien presente cuando Daniel recibió su título universitario, y la emoción de sus padres. Ramón, un laburante de distintos oficios, hasta que Dani le puso una carnicería que el papá atendió mucho tiempo; y la mamá María Magdalena, la enfermera del pueblo.

 

No hace mucho –meses nomás-, con escaso tiempo entre uno y otro, ambos fallecieron y sumieron a Daniel en una profunda tristeza.

 

Probarse en Buenos Aires.

 

Sin dudas esos años de primera división en la Liga Cultural –también integró el seleccionado liguista- fueron una experiencia muy valiosa que le sirvió de gran manera cuando llegó la prueba en el fútbol de AFA. Martínez trae a su memoria que en Argentinos Juniors lo probó José Peckerman, “y claramente sentí que estaba para quedar precisamente por eso de haber jugado con gente más grande en La Pampa… Me probaron en quinta división y rendí muy bien”.

 

Días antes, continúa, “Nacho Pulido me había conseguido una prueba en Independiente de Avellaneda, con Pepé Santoro y me habían aceptado, pero no me daban casa y comida; y así yo no podía porque no tenía los medios”, comenta.

 

En Argentinos Juniors.

 

Pero, dicen, cuando una puerta se cierra otra se abre. “Volví con tristeza a Winifreda, “porque si bien estaba la satisfacción de haber aprobado, no podía quedarme… Y lo que quería era eso, para poder estudiar Medicina, que es algo que tenía como idea fija desde chico. A la semana apareció Rodolfo Talamonti que me había querido llevar a Atlético Santa Rosa, y habló con Peckerman… ahí nomás vine otra vez a Buenos Aires con mi tío, Tito Grabowski, que me acompañó a las pruebas y al tercer día me dijeron que me quedaba… era diciembre y el 3 de enero tenía que estar aquí porque iba a integrar la plantilla del Campeonato Proyección ‘86. Y además me daban la pensión. Algo maravilloso porque yo justo terminaba quinto año y me venía sí o sí a estudiar a Buenos Aires y se daba la posibilidad de hacer las dos cosas: jugar al fútbol y hacer la carrera de Medicina”, relató.

 

En Buenos Aires.

 

Lo que vino fue meteórico para él. “Llegué a Buenos Aires en el ‘85 y vivía en la pensión del club. Hice el ciclo básico, ingresé en la facultad, y en Argentinos me subieron de quinta a primera división directamente; y me pusieron en la lista para ir a jugar a Tokio la Intercontinental con la Juventus de Michael Platini”. No se le iba a dar porque cinco chicos quedaron en Buenos Aires… “Pero a mí no me importaba. Estaba feliz de sólo estar en la lista. Máxime si miraba siete meses para atrás que todavía estaba en mi pueblo”, agrega Daniel.

 

Copa Libertadores.

 

En 1985 debutó en primera, y al año siguiente integró la lista de la Copa Libertadores. “En la mayoría de los partidos jugué un rato… Fuimos a un tercer partido con River para ver quién jugaba la final de la Copa, y pasaron ellos por diferencia de gol. Lo increíble es que en los tres partidos que jugamos River no nos ganó, pero había un sistema que llevaba a que los tres equipos que estábamos en ese grupo definiéramos en caso de empate en puntos con un tercer partido… Que también fue cero a cero… Y después ellos ganaron su primera Copa Libertadores con el Bambino Veira”, recordó ahora Daniel.

 

No mencionó que a minutos del final le quedó una pelota en el área sólo frente a Pumpido y su remate se fue por arriba del travesaño. ¡Perdón Daniel!… como hincha millonario que soy casi que festejé ese yerro.

 

La dura lesión.

 

A la semana siguiente, por el torneo de AFA frente a Platense, el winifridense se lesionó. Y vendrían sus padecimientos futboleros. “Tuve una primera cirugía y no funcionó… después vinieron otras y todo se complicó… hasta que se agotaron las posibilidades quirúrgicas y de rehabilitación”.

 

Una parte de su sueño se había frustrado. El joven promisorio, el jugador que iba a ser quedó en el camino…

 

La medicina.

 

Pero aún quedaba la otra gran ilusión. La de un día entregarle a sus padres Ramón y María Magdalena su título de “doctor”…

 

En tanto se alejaba forzosamente de una de sus grandes pasiones; la otra, la Medicina iba ganando un nuevo profesional. “Me acuerdo que cuando estábamos concentrados para la Copa Libertadores yo estaba cursando Esplacnología, una materia de Anatomía… pero por la complicación de la cirugía quedé libre por faltas en la Facultad…”, explicó Daniel.

 

El apoyo necesario.

 

Pero por suerte allí tuvo “un gran apoyo, que siempre lo menciono y fue del doctor Miguel Martín de Winifreda, que es neurólogo y ahora atiende en Santa Rosa. Él se había recibido y siempre me decía que no abandone la carrera... que aunque sea metiera una materia por año... Fue muy importante para mí, porque tuve varias cirugías en los primeros tres años después de la lesión y quedé libre de nuevo en muchas materias. En total perdí dos años de estudios, así que en vez de seis me llevó ocho años recibirme. Los tres últimos los hice sin ningún problema…”.

 

El Seleccionado Nacional.

 

Aunque el fútbol obligadamente dejó de ser prioridad le quedaron buenas amistades. “Con el kinesiólogo Jorge Fernández, el profesor Gerardo Salorio, José Peckerman… cada tanto tenía un mensaje, o hablaba con ellos. Cuando José tomó la Selección Juvenil en el ‘94 me llamó y me dijo: ‘Daniel, el día que yo necesite un segundo médico vas a ser vos, porque jugaste y creo sos la persona indicada. Al año José había ganado un título, campeón del mundo sub-20; y ahí me llamó... Empecé con el Sub 15 y el Sub 17 a hacer algunos reemplazos y me acuerdo que mi primer viaje con el Sub 15 fue a La Serena, en Chile, y que la figura de ese equipo era Pepe Sand porque era el goleador de River”, recuerda.

 

Un hombre agradecido.

 

Obviamente vino una etapa de crecimiento en la Selección que es muy conocida… “Y creo que realmente tengo mucho para agradecer a quienes confiaron en mí: Julio Grondona primero, ‘Chiqui’ Tapia ahora. A los técnicos, empezando por Peckerman, Miguel Tojo, Pancho Ferraro; a los profes y por supuesto a todos los jugadores con los cuales he compartido mucho y después nos encontramos en la Mayor. Y no me quiero olvidar de los médicos que fueron parte de mi formación, como el doctor Avanzi, y muchos otros… mejor no menciono más porque seguro me voy a olvidar de alguno, pero de todos aprendí… y lo bueno es que aún puedo consultarlos hoy porque siempre están a disposición... Sí, claro que tengo mucho por agradecer”, completa.

 

Winifreda en el corazón.

 

Recuerdo perfectamente aquella nota que una tardecita fuimos a hacer con Lito Maldonado a Winifreda al pibe que pintaba como crack. La casa sencilla, el pibe que estaba jugando a la pelota en la calle y los padres llamándolo porque estaban “los periodistas”.

 

Ha tenido tantas y tan buenas experiencias que es entendible que Daniel no lo tenga presente. Porque fue un mínimo episodio, de esos que quedan en la bruma de las vivencias… Pero tal vez las fotos de aquella “nota” le produzca sentimientos que lo haga regresar con la mente a su Winifreda natal… Y lo ratifica Daniel: “Sí, que nadie dude, mi pueblo es un recuerdo imborrable... Está en mi corazón para siempre…”.

 

“Lo de Furch es maravilloso”.

 

Cuando habla de Winifreda a Daniel Martínez le cambia hasta el tono de su voz. “Estoy muy al tanto de todo, y super entusiasmado, como imagino estará todo el pueblo. Aunque porque no me coinciden las fechas no he podido ir a verlo, sigo al Deportivo por las redes, y sé del entusiasmo de algunos amigos que me escriben, que me cuentan; he hablado con el presidente del club que me cuenta todo obviamente por la amistad que tenemos”, dice con sincera alegría.

 

Y sigue: “El regreso de Julio (Furch) creo que es algo maravilloso. Es cumplir con el sueño que todo jugador tiene... Como pasa en los clubes grandes de Buenos Aires cuando el jugador vuelve a su casa para terminar su carrera para disfrutar de momentos lindos. En el caso de Julio, que haya vuelto al pueblo le va a dar muchas cosas, obviamente por su calidad futbolística y personal”.

 

Daniel sostiene que tiene que ser “para todos un estímulo espectacular.. Para que los compañeros den lo máximo, para prepararse con todo. Igual para el cuerpo técnico y la comisión directiva. Puede ser algo que quede como un gran recuerdo para Winifreda, y ojalá que la gente se entusiasme y acompañe… y creo que va a ser así”.

 

“Desde aquí estaré tirando todas las buenas energías para que eso suceda. Para que al Depo y a todos los que están haciendo el esfuerzo les vaya muy bien… Estoy seguro que así será”, cerró el ex jugador y ahora médico del seleccionado nacional.

 

Una vida en tres imágenes

 

Una promesa.

 

La carita de pibe que era una promesa de Winifreda. Jugó en el Depo local, y luego pasó a Argentinos Juniors. Allí se codeó con el “Bichi Borghi; “Checho” Batista, Vidallé, Domenech y otros cracks.

 

Con Messi.

 

Con Lío Messi y la Copa América. También celebraron juntos la Copa del Mundo en Qatar. El médico del seleccionado, junto a Alexis Mac Allister, se consagraron y representaron de alguna manera a nuestra provincia.

 

Contra River.

 

Daniel Martínez, casi en el cierre del partido entre Argentinos Juniors y River por el pase a la final de la Libertadores –que ese año ganó el “millo”- pierde el gol frente a Pumpido tirando por encima del travesaño.

 

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