El adiós para el “Edu”
Sus últimos años no fueron buenos. Enfermo, encerrado y con el peso de la pérdida de ‘Coquita’ (Zulema Ursulay, su querida mamá), no pudo disfrutar de la cotidianidad como lo hacía siempre. También por no poder hacer eso que tanto le gustaba, que era socializar, andar por la calle y estar en una cancha de básquet para ver el deporte que más le gustaba. Eduardo Alberto Gianforte, conocido por todos como ‘Edu’, falleció este domingo a sus 53 años.
Según informaron sus allegados, no se realiza velatorio y sus restos serán trasladados este lunes, a las 10 de la mañana, al Cementerio Parque de Santa Rosa.
‘Edu’ se vinculó desde chico a los deportes, sobre todo en el club All Boys. Practicó natación con Huemul Lino y con el ‘Chino’ Weigandt pero su amor incondicional siempre fue el básquet, con la figura de Michael Jordan como su ídolo intocable. Se desempeñó como utilero en distintos equipos de Primera de la entidad auriazul pero también en Estudiantes cuando jugó en el recordado Torneo Nacional de Ascenso (TNA).
El ‘Edu’, además, era un gran aficionado a la música y al baile y en una época lo llamaban el “Rey del Combinado”, por la reunión bailable que se realizaba en la disco Jockey. En cada una de esas fiestas, motorizadas por el programa ‘El Combinado’ de Radio Noticias, se ubicaba en el centro de la pista junto a una compañera ocasional y esperaba ansioso, siempre ataviado de punta en blanco, con alguna cadenita al cuello y pulseras en sus muñecas, el okey de inicio.
Era su momento de gloria porque el baile sólo empezaba después que el locutor le preguntara: “¿Está todo bien, Edu?”. Y ahí él levantando un pulgar y mirando la cabina del disc jockey daba la orden de partida. El otro momento donde los reflectores lo apuntaban era cuando sonaba ‘He nacido para amarte’, el clásico de Kiss que lo hacía sentirse como uno más de los pintarrajeados que integraban la mítica banda de rock.
Golpes y amigos.
‘Edu’, que hasta hace unos años andaba por allí vendiendo lapiceras y algunos talonarios que una imprenta le regalaba; vivió siempre en la casa de la calle San Jorge, en Villa Alonso. Tenía una pensión por discapacidad. Hace unos años, la vida le propinó un par de duros golpes. Primero perdió a su querida mamá y cuando quedó solo en la casa tuvo muy malos momentos con gente que le usurpó la vivienda (finalmente intervino la Policía). Tiempo después sufrió un problema de salud –diabetes-, y al dolor de la ausencia de su madre se le sumó que un día debieron amputarle parte de su pierna derecha por debajo de la rodilla. Desde entonces la silla de ruedas lo ayudaba a movilizarse, aunque por supuesto todo cambió para él.
Su gesto de tristeza cambiaba cuando sus amigos del básquet (hoy todos veteranos calvos y con canas) lo invitaban a un asado o a ver algún partido en el gimnasio alboyense y allí recordaban sus incontables anécdotas, los viajes compartidos para los torneos de Maxi y esos tiros desde mitad de cancha, de espaldas al aro, que él siempre soñaba con meter y gritar a viva voz. En el último tiempo los profes Aníbal Bertón y Alfredo Deluca se encargaban de llevarlo y traerlo hasta el club pero desde hace unos meses estaba internado de manera definitiva y no salía a la calle.
Justamente este domingo, uno de los pibes que hoy corren y juegan en el parquet alboyense, le decía a su padre: “che pá ¿y el Edu, cómo está? Siempre me saludaba y me decía ‘hola chiquitínnnn’. Un capo”. Quizás ése sea el mejor ejemplo del recuerdo que dejó un tipo que ahí adonde iba, despertaba simpatía y cariño. Hasta siempre Edu querido.
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