El grito por “Ni Una Menos” se sintió en todo el país
“Si la Justicia es machista que la memoria sea feminista”. “Es por ellas que hoy gritamos hasta el cielo”. “Somos el fuego que no pudieron apagar y la voz silenciar”. “Paren de matarnos”. “Creele a tu hija”. “No nací mujer para que me maten por serlo”. Esas y muchas más fueron las frases que las mujeres, niñas y disidencias llevaron a la marcha por el “Ni una menos”.
Once años pasaron de aquella movilización que marcó un antes y un después en la visibilización de hechos de violencia de género. Aunque la movilización de 2015 fue un punto de inflexión, el reclamo venía gestándose desde años antes. Diversas organizaciones denunciaban la falta de respuestas estatales frente a una problemática que se repetía con frecuencia alarmante en todo el país.
El hecho que desencadenó la reacción social fue el femicidio de Chiara Páez, una adolescente de 14 años que vivía en la ciudad santafesina de Rufino. La joven desapareció el 9 de mayo de 2015 y al día siguiente fue encontrada asesinada y enterrada en el patio de la casa de los abuelos de su novio. La investigación determinó que estaba embarazada y que había sido golpeada hasta la muerte.
Este año, el reclamo se renueva. Tras los femicidios de Agostina Vega en Córdoba, Dulce Candia en Misiones y Noelia Rivero en Lomas de Zamora la movilización tomó un fuerte impulso y centenares de personas marcharon por el centro santarroseño, desde la Universidad Nacional de La Pampa hasta el Centro Cívico.
“Estamos en peligro”.
Previo a la marcha, mujeres referentes de distintas organizaciones sociales y gremiales leyeron el documento para expresar su preocupación por el incremento de los femicidios, los crímenes de odio, las dificultades para acceder a la justicia y el desfinanciamiento de programas vinculados a la salud sexual, la diversidad y la protección de mujeres, niñas, niños y personas Lgbtiq+.
Informaron que, desde 2015 hasta 2026, hubo 3.424 víctimas fatales, 3.073 femicidios y vinculados de mujeres y niñas, una cada 30 horas, y 3.840 hijas e hijos que quedaron sin madre. Desde el 1 de enero al 30 de mayo de 2026 registraron 104 víctimas: 90 femicidios y femicidios vinculados de mujeres y niñas, 5 transfemicidios, 9 femicidios vinculados de varones adultos y niños y 233 tentativas de femicidios.
“Las mujeres, niñas, niños y diversidades estamos en peligro”, alertaron en el documento y explicaron que “hoy en Argentina se niega el género como categoría de análisis, se incumplen leyes y tratados internacionales, se desfinancian o eliminan programas y políticas públicas para la protección y prevención de las violencias y cada vez es más difícil el acceso a la justicia. El riesgo es permanente. El femicidio de Agostina Vega en Córdoba nos hace nuevamente atravesar la bronca, la tristeza y la impotencia por un Estado que no reconoce la existencia de la violencia machista”.
“Falsas denuncias”.
Por otro lado, criticaron el proyecto de ley “Falsas denuncias” que ya tiene dictamen en el Senado. Afirmaron que la propuesta “pone en duda la palabra de las víctimas y desalienta las denuncias”, a pesar de que, “según la ONU las denuncias falsas en Argentina son mínimas. El verdadero problema es que muchas víctimas no son escuchadas ni protegidas. Esto impacta de manera más grave en niños, niñas y adolescentes: más miedo y más silencio solo generan más impunidad. En lugar de fortalecer los mecanismos de acompañamiento, investigación y acceso a la justicia, se promueve una herramienta que puede ser utilizada para disciplinar a quienes se animan a hablar”. E hicieron hincapié en que el 80 % de los abusos ocurren en el ámbito intrafamiliar.
“Defender a las víctimas es una responsabilidad pública”, indicaron y sostuvieron que las lesbianas, bisexuales y personas de las disidencias sexogenéricas también son blanco de la violencia patriarcal. “Mientras el Estado desmantela políticas de diversidad, desfinancia programas y habilita un clima de impunidad, las lesbianas quedamos más expuestas: ataques a parejas lésbicas en la vía pública, amenazas a militantes, violencia institucional y discursos de odio que se traducen en cuerpos lastimados y vidas arrebatadas”, dijeron.
También lamentaron el desfinanciamiento de la salud porque Javier Milei “interrumpió la compra y distribución de insumos esenciales para garantizar abortos seguros, redujo drásticamente la provisión de anticonceptivos y preservativos y desmanteló políticas públicas que habían demostrado resultados concretos en la reducción del embarazo adolescente y de la mortalidad materna”.
Hartas.
“Más que nunca la lucha es con todas juntas en la calle porque destruyeron todas las formas de organización comunitaria y colectiva. Porque estamos hartas, desgastadas, y aún así somos las que sostenemos la crisis de un país desde las bases, en comedores, en las escuelas, en los hospitales, cuidamos a los viejos y a las infancias. El silencio es complicidad, nosotras continuaremos reclamando y trabajando por las mujeres, por las niñas y niños, por las diversidades, por las migrantes, por las que tienen discapacidad, por las integrantes de pueblos originarios”, finalizaron.
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