El senegalés más pampeano de todos
Hace asados y se jacta de ser el mejor cebador de mates de la comarca. Llegado desde su lejana Senegal hace años, disfruta desde entonces de vivir en Santa Rosa. Como si esta fuera su propia tierra.
MARIO VEGA
“Hola Alexi…”, “Chau amigo”, saluda la gente cuando pasa. Y él retribuye con gentileza, con simpatía, mientras disfruta del mate con los muchachos que se acercan a la vereda de su comercio. Está convencido que ceba mejores mates que muchos de nosotros… “A veces viene alguien y lo prepara y al ratito parece la laguna Don Tomás... ¡Hay que saber prepararlo! No me gusta cuando se pone aguachento”, critica a unos de los tantos que en algún momento de la mañana, o de la tarde, se hacen cargo del termo mientras charlan entusiasmados.
Son comerciantes.
Son varios los muchachos africanos que hoy son vecinos apreciados de la ciudad. Instalados en el centro con sus puestos de venta de relojes, gorros y distinta bijouterié, atienden amables a sus clientes, y conversan animadamente con la gente que parece haberlos adoptados como propios. Alexi, nuestro personaje de hoy, tiene en cambio el privilegio de ocupar un local frente a la plaza, al lado de La Recova.
Sin discriminación.
Sostiene que nunca se sintió discriminado, ni aquí ni en otras partes del país. “Y mirá que en Buenos Aires viví en Fuerte Apache donde a veces ni los taxis querían entrar, pero jamás tuve un problema. Porque como en todos lados, ahí hay enorme mayoría de gente muy buena, que trabaja, que sale todos los días a ganarse su dinero: Y a lo mejor también habrá algún que otro sinvergüenza”, aprecia Alexi.
Por todo el país.
El joven Alexi Diop (38) es uno de los más populares de sus paisanos, porque empatizó de tal modo con nuestra gente y sus costumbres que tiene muchos amigos que lo “visitan” en su comercio, y comparten mates y largas charlas de diversos temas.
Hace 13 años que está en Santa Rosa, pero lleva varios más en nuestro país. “Primero en Buenos Aires, pero anduve por distintos lados, y en todos lados me conocen… los otros días vino una persona y me dijo que en Salta le preguntaron por mí; y otra que venía de Neuquén lo mismo”, se alegra.
“Lo que pasa es que estuve en muchas ferias y fiestas populares de toda Argentina, desde el norte hasta el sur. Y en alguna doma hasta me puse ropa de paisano… Y así era que me decían el gaucho negro…”, celebra su propia ocurrencia.
Desde Senegal.
La inmigración senegalesa hacia la Argentina inició promediando la década del ‘90, y fue creciendo en los años siguientes. Fue cuando las políticas migratorias europeas se volvieron más restrictivas, tanto en requisitos legales como en controles fronterizos.
Se sabe, Senegal es un país de la costa oeste del continente africano, con un rico legado colonial francés y muchas atracciones naturales. Allí se practican hábitos de vida en algunos aspectos muy disímiles a los nuestros.
Nacido en Meke.
Alexi cuenta haber nacido en Meke, un pueblo pequeño de unos 10 mil habitantes, cerquita de Dakar (la capital del país). Hizo en su poblado la escuela primaria, y luego ya se alistó en el Ejército como voluntario. “Después trabajé como chofer de un funcionario… pero siempre estuve vinculado al comercio porque mis padres ya lo hacían”, explica.
Alá, “el único”.
La mayoría de la población senegalesa es musulmana, y el Corán es considerado palabra de Dios –creen en Alá (del árabe Al-lah) como “el único”- y primera fuente del derecho. Y Alexi se manifiesta fuertemente creyente: “Dios me quiere, Dios me protege…”, repite cuando habla de su religión.
Cuando le pregunto por la mentada pobreza de su pueblo, el hombre es enfático para negar. Hay informaciones que dicen que en Senegal hay altos índices de pobreza, y bajos ingresos por cápita, aunque existen datos que hablan de estabilidad política y mejoras graduales en algunos indicadores.
“Lo de la pobreza no es cierto… porque tenemos riquezas. Y allá no hay guerras ni grandes conflictos. Somos un país amigable”, expresa. Y ciertamente no da para seguir con el tema.
Familia y poligamia.
Cuando se refiere a su familia “allá”, señala que su padre se llama Abú –fue político y ejerce el comercio-; y su madre es Sofía –también comerciante-, y que tiene varios hermanos. Y aquí una revelación, que tiene que ver con la poligamia que está admitida en el Corán, por lo que el hombre puede tener hasta cuatro esposas. El libro sagrado musulmán exige estrictamente “un trato igualitario y justo en sustento y afecto entre las esposas”, y que si se da el caso que se tiene una casa con una de ellas, debe tener una igual con la otra esposa. Si el hombre teme no ser justo, el Corán ordena la monogamia.
Abú, “sólo” dos esposas.
Así las cosas, Alexi tiene seis hermanos de la relación de sus padres Abú y Sofía; pero a su vez el papá tuvo cinco hijos más con otra mujer, que obviamente serían sus hermanos por parte de padre. ¿Podría decirse que completan una numerosa familia ensamblada?
Está dicho, los musulmanes pueden tener hasta cuatro esposas, y en el caso de Abú Diop tiene “sólo” dos.
Sus hijos.
Alexi tiene aquí en Santa Rosa a su pequeño hijo Amadú, con quien el pasado fin de semana -aprovechando los feriados- disfrutó junto al mar en Monte Hermoso.
Durante la conversación con el moreno, algunos amigos que escuchaban -en un momento que él ingresó al local para atender una cliente- dijeron lo suyo: “Es una gran persona, amable y solidario… y un padrazo”, lo elogian.
No obstante cabe decir, para nosotros, para nuestras costumbres occidentales puede aparecer contradictorio que alguien viva a miles de kilómetros de otros hijos, también pequeños. Porque Alexi cuenta que en Senegal quedaron Mohamed (11) y Badará (3). “Voy cada tanto a mi tierra, pero hablo siempre con mis hijos y atiendo lo que necesitan, y todos los días hablo con mi madre”, aporta. “Es lo primero que hago cuando llego al negocio”, completa.
El asado y el mate.
Desde joven se dedicó a viajar por distintos lugares del mundo, y conoce Francia, España, Italia, Portugal, Estados Unidos, Canadá, y cuenta que en estos dos últimos países viven algunos de sus hermanos.
Así, en uno de sus tantos viajes Alexi Diop llegó un día a Santa Rosa y se quedó. Porque encontró aquí la hospitalidad de los santarroseños, que por cierto lo hacen sentir uno más. “Yo soy pampeano”, dice con una amplia sonrisa.
“¿Si sé hacer asados? ¡Más vale, papá!, ¡De una!”, contesta casi argentinizado en su expresión y con un gracejo muy particular.
Y vuelve a alardear con “el mate como se tiene que tomar… a veces lo preparo y entra algún cliente y tengo que atender. Ahí es cuando agarra el termo algún amigo y es un desastre… Cuando lo vuelvo a cebar yo el mate parece la laguna Don Tomás. ¡Hay que saber prepararlo… y cebarlo”, alardea.
Doble nacionalidad.
Alexi tiene desde hace tiempo la doble nacionalidad. Es senegalés y argentino. “¿Votaste? ¿No habrás puesto la boleta del de la motosierra?”, le pregunto.
Y es enfático al responder: “Ni loco… No sé cómo la gente no se daba cuenta lo que podría venir. Una lástima, porque está todo parado… Acá también vendo poco”, agrega casi con resignación.
La vida y el fútbol.
Un día suyo empieza temprano, con una taza de café, y después va caminando desde su casa hasta el comercio donde pasa buena parte del día. “Vendo lo que puedo, y disfruto de estar afuera conversando con mis amigos…”, afirma.
Y de a poco van llegando Toto Funes, Guillermo Tinelli, Oscar “Colores” Grandón, “Pelé” Acosta, Fede Aguilar y algunos otros. “Se charla de todo un poco… y nos reímos mucho”, señala.
A Alexi le gusta el fútbol –”somos buenos los senegaleses”, se ufana--, y dicen algunos que lo vieron jugar que maneja la pelota con destreza y tiene un muy buen remate. “Soy goleador… me gusta hacer goles”, alardea.
Senegal es uno de los equipos que en junio estarán disputando el campeonato mundial de fútbol. “¿Si juegan Senegal y Argentina?… No, no sé”, dice cuando lo consulto por quién haría fuerza. Pero, la verdad es que me da la impresión que su deseo iría para el lado del seleccionado de su país natal. Y no está mal, claro.
Pensar en el mañana.
En otro momento de la charla Alexi se pone reflexivo. “Lo más importante es valorar a la gente y sobre todo a los chicos. Hay que enseñarles a pensar en el futuro… cuando estaba en mi tierra veía que muchos malgastaban lo que ganaban, sin pensar en el mañana. O que se compraban primero que todo un auto… y creo que primero hay que pensar en la casa”.
Enseguida se pone reflexivo y se aferra al Islam para decir que “lo que importa es lo que se hace acá, haga lo que haga una persona”.
Lo que viene.
Precisamente, cuando se refiere al devenir de la vida habla de sus sueños: “Lo que me gustaría es trabajar mucho y un día convertirme en un gran empresario… pero no para explotar a la gente, sino para tener la posibilidad de dar trabajo. Me preguntaste por un sueño… y bueno, es ése”, responde.
Después le consulto si considera permanecer definitivamente aquí y Alexi al principio un poco duda, pero luego dice: “Cuando me ponga grande… cuando no pueda más, regresaré a mi tierra. Con mi familia… eso es lo más probable”, razona.
Por ahora, y durante mucho tiempo más –es muy joven aún- seguirá con su comercio, haciendo amigos -“ayudando cuando puedo”, dice-, y disfrutando de la vida entre nosotros.
“Alá me protege”.
“Siento que la gente me quiere… y eso es muy lindo. Yo trato a todos de la mejor manera, y por eso hay personas que pasan a saludar, y hasta hay un chico en sillas de ruedas que le pide a sus padres ‘ir a ver a Alexi’. ¡Y decime si no es lindo eso, que la gente te quiera”, reflexiona.
Sí, es el senegalés más pampeano. Toma mate, hace asados, está informado de todo lo que pasa y tiene la fe de que Dios lo quiere… “Sí, claro, Alá me quiere y me protege. Por eso vivo feliz…”.
“Por esta vereda, peaje”
Un grupo de morenos senegaleses -hace ya un tiempo de esto-, vivía del otro lado de las vías hacia el norte. Uno de ellos era Alexi Diop. Cada mañana, cuando iban hacia el centro caminando por una vereda de la calle Tomás Mason –entre Catamarca y Gobernador Duval- debían pasar frente al taller del ex motociclista Ricardo “Cacho” Rojas.
Era el momento en que “Cacho” se paraba en la puerta y, muy serio, les decía: “Por esta vereda no pueden pasar sin pagar peaje… Si no pagan por favor bajen a la calle”. Los morenos al principio lo miraban extrañados, pero optaban por no pasar por esa vereda, bajaban a la calle y volvían a la acera un poco más adelante.
Con el tiempo se acostumbraron y al llegar frente al taller directamente lo hacían bajando al asfalto.
Hasta que un día Rojas “aflojó” y les hizo entender que todo era una broma. Hoy es un gran amigo de los muchachos. Y Alexi dice ahora: “La verdad es que ‘Cacho’ es como mi padre… no hago nada sin pedirle consejo a él. Su familia es mi familia, y sus hijos (Silvana, Claudio y Gustavo) son mis hermanos”, sostiene.
Esa amistad perdura, y se juntan muchas veces “a charlar o comer un buen asado. “¡Y no pagamos peaje!” se ríe Alexi.
Una vida en tres imágenes.
Bromas y risas.
Un par de los tantos conocidos que cada mañana, y cada tarde, se sientan en la semipeatonal, frente al comercio de Alexi, para disfrutar de un momento de bromas y risas.
Con Amadú.
Alexi y su hijo Amadú, de tres años y medio. El niño es santarroseño, y el moreno tiene además otros dos retoños en su Senegal natal.
Atuendo especial.
El comerciante senegalés vestido como marca su religión un día viernes. Con un atuendo especial para celebrar a Alá. Lleva años en Santa Rosa, y se quedará aún varios más.
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