Entre la música y el Código Penal
Dueño de una personalidad especial, es de esos personajes que uno se pierde si no los frecuenta. Lúcido profesional de las leyes, combativo defensor de sus ideas, ha sido –es aún- un gran deportista.
MARIO VEGA
“Quiero ser un jazzista en Nueva Orleans, un parisino en París, andar por las calles de Kafka en Praga, o tocar piano en una plaza en Viena…”. La frase puede ser expresada como un deseo de cualquier loco bohemio que ande por la vida sin preocupaciones, o en todo caso con la única de encontrar de esas cosas que sin dudas enriquecen el alma.
No puedo evitar una sonrisa cuando sé que este personaje ampuloso, grandilocuente, aguerrido y lúcido profesional -que se planta frente a un estrado judicial con solvencia y determinación-, no es un artista sino un reconocido abogado. Ese mismo que se calza el traje y la corbata para ofrecer una imagen de compostura y adustez que –se supone- debe guardar el profesional que litiga en tribunales.
No importan los prejuicios.
Obvio, es una suspicacia quizás absurda… pero es lo que me da de entrada. Porque este personaje que tengo frente a mí es un santarroseño empedernido, que se presenta con distintas facetas ante la sociedad. Marcos Paz –cumplirá 60 el 3 de abril del año que se inicia- es una persona locuaz, extrovertida, nada tímida, que se anima a andar por la vida con sus convicciones incólumes. Aunque eso a veces no le caiga del todo bien a algunos sectores que siempre tienen a mano el reproche prejuicioso para marcar qué está presuntamente bien o mal.
La familia.
Marcos es nacido en Santa Rosa, y es hijo de Julio Roberto, quien “fue comerciante. Falleció pocos meses después que me recibí de abogado, hace ya 38 años; y mi mamá era María Julia Montesi, que egresó como maestra del Colegio Normal de Santa Rosa. Y somos cuatro hermanos: Gabriela, es la artista de la familia, tremendamente creativa y con una capacidad de conexión con los animales asombrosa; Javier, también abogado con quien trabajamos juntos desde hace años, y que es quien viene a ponerme los límites que yo corro todo el tiempo, y la verdad nos complementamos perfecto; y está Andrea, para nosotros ‘la Pito’, neonatóloga que tuvo el privilegio de asistir a miles de neonatos, en sus primeros llantos”.
Los hijos.
Tiene tres hijos: Emilio (33), antropólogo; Fermín (31), filósofo, ambos egresados de la UBA; y Delfína (29) médica en planes de transitar su especialidad. “Los tres intentan proyectarse en sus profesiones, aunque muchas veces la realidad y el destino deciden cómo, cuándo y dónde. Tengo nueve sobrinos y recientemente llegó la primera sobrina nieta, Feliciana”, completa.
Marcos expresa que “el mejor premio” que le dio la vida ha sido la familia. “Somos extremadamente unidos, y de hecho vivimos los cuatro hermanos en el mismo barrio y a pocas cuadras. Además de hermanos somos amigos… onda clan”, afirma.
Por intercambio a EEUU.
Con meticulosidad va repasando su vida. “Hasta que tuve 11 años viví en Pehuajó y luego nos mudamos a Santa Rosa, después que sufrimos un robo perpetrado por parte de tres hombres armados… sí, paradójicamente hoy a veces me toca defender ese tipo de cosas”, relata.
Más tarde llegaron las inundaciones “y eso hizo que nos viniéramos a Santa Rosa, dónde estaba la familia de mi papá y de mi mamá. Terminé el primario en la escuela nº 2 y egresé del secundario de la escuela Normal. Llegó la oportunidad de ir a Estados Unidos de intercambio por un año y allí obtuve también el título de bachiller en al Greensburg Catholic High School”.
El profesional.
Marcos Paz se recibió de abogado en 1987 en la Universidad Nacional de La Plata; y años más tarde obtuvo el título de “Profesor en Ciencias Jurídicas” en la Universidad Nacional de La Pampa. “Soy especialista en Derecho Penal egresado de la Universidad de La Plata y especialista en Derecho Público recibido en la Universidad Nacional de Córdoba. Me aprobaron tres veces la tesis de Maestría en la UNLPam, pero los mismos que me aprobaron la tesis escrita me desaprobaron en la defensa. ¡Que bárbaro!. Yo que me la paso defendiendo personas, no pude defender mis tesis de maestría”, dice y no hay que ser muy perspicaz para pensar que algo “raro” sucedió en torno a eso.
¿Qué pasa?
“Entregué la tesis doctoral en 2010 en la Universidad Nacional de La Pampa y nunca me llamaron para la defensa. Cosas que pasan…”, dice sonriente como sabiendo que sí, que efectivamente algo pasa.
Y se está hablando de un profesional estudioso, súper preparado que habla inglés, francés, portugués… “Y un poco de español”, se ríe con ganas Marcos.
Su infancia transcurrió en Pehuajó, “autitos a piolín, figuritas, pelota, potrero, amigos, amigas... una familia hermosa. Nuestras vacaciones eran venir a Santa Rosa a visitar a los abuelos. Y si algo registro patente del secundario en Santa Rosa son las risas… no quería faltar porque me divertía mucho, y si faltaba y me quedaba en casa tenía que hacer los mandados”, recuerda.
Por qué abogado.
“Expreso de medianoche” es una película estadounidense y británica de 1978 basada en una novela autobiográfica del mismo nombre. Cuenta la historia (real) de Billy Hayes, un joven estadounidense que fue detenido por posesión de hachís en el aeropuerto de Estambul (Turquía) y condenado a 30 años de prisión. Sometido a vejaciones en un ambiente infrahumano, finalmente logró escapar a Grecia, donde se lo detuvo y deportó a los Estados Unidos.
“Después que vi esa película me dije: ‘No puedo ser otra cosa que abogado… y en lo posible defensor penal’. De todas maneras tengo cierta frustración de no haber sido Profesor de Educación Física. Aún hoy me reprocho no haber elegido ese camino, especialmente cuando me frustro como abogado”, y vuelve a reírse con ganas.
Sus trabajos.
Tiene su estudio jurídico hace 34 años, y trabajó siempre con su hermano. “Somos abogados de Gente de La Pampa SA esa misma cantidad de años, y es una enorme distinción para nosotros, porque asesoramos a una de las empresas más importantes de la región… y la más pampeana de todas”.
En el ámbito público fue asesor legal los tres mandatos de Oscar Mario Jorge como intendente; y director de Asuntos Jurídicos de Manuel Justo Baladrón. También fue asesor gubernamental cuando Jorge ocupó el sillón de Villa Elvina; y los últimos tres meses de su mandato fue ministro de Gobierno y Justicia.
Marcos se define y señala que lleva “el municipio en el alma” y agrega que “si algo valoro especialmente de mi paso trabajando para el gobierno provincial fue motorizar el inicio en 2014 del juicio contra Mendoza por el río Atuel”.
Marcos y la política.
Aunque nunca estuvo afiliado a ningún partido, le interesa la política a la que entiende “desde lo ideológico. Mi militancia ha sido desde y con mi
profesión de abogado. Pero claramente defiendo la justicia social, la igualdad, la libertad para todos, la redistribución de la riqueza, la soberanía del pueblo y la patria pensada a partir del otro y con el otro”.
Trata de explicarse por qué hoy gobierna un personaje como Javier Milei. “Me lo pregunto cuando vemos que no hace más que cercenar derechos y mostrar que sus propuestas no incluyen a la gente. El proyecto libertario no me simpatiza en absoluto, y para mí es una total ‘desesperanza’ que espero termine por el bien de todos”.
Fortalecer lo institucional.
Analiza que “en este contexto es poco lo que puede hacerse a nivel provincial... es difícil gobernar sin recursos. Creo que es muy importante fortalecer lo institucional, no sólo a nivel del Poder Ejecutivo, sino también a nivel del Poder Judicial y Legislativo, con todo lo que ello implica”.
Observa Paz que “la presencia del municipio en las calles se nota, tal vez porque soy municipalista de alma, como era mi abuelo. Pero pretendo que esa presencia nunca alcance, que vayamos por más”.
El gran nadador.
Dicen los que dicen saber que Marcos Paz es el mejor nadador de pileta abierta de estos pagos, y que si la pileta climatizada hubiera estado a disposición cuando fue su mejor momento deportivo hubiera descollado de gran manera en el orden nacional.
Pero es del tiempo en que había todavía por aquí unos pocos natatorios. Y allí dejó Marcos su marca registrada como el “gran nadador pampeano”.
“He nadado toda mi vida. De chico en el Club Estudiantes, luego cuando se cerró la pileta lo hice en All Boys. Me tocó ganar tres Caldén de Plata”, puntualiza.
Fue el primero en clasificar para un argentino siendo nadador de verano.
El equipo masters.
En 2002 comenzó en All Boys el equipo master y hasta la fecha sus integrantes participaron de distintos torneos, y Marcos Paz –no lo cuenta él- se ha consagrado campeón argentino y sudamericano.
Él lo relativiza y sostiene que “en los master estar es ganar, entrenando con conciencia de salud, tratando de arriesgar el cuerpo cada vez menos. Para los nadadores masters la competencia y los entrenamientos son la gran excusa para hacer amigos. El equipo de All Boys es modelo de camaradería y fuertes amistades; y también se han dado resultados: en el último argentino quedamos quintos de 70 equipos que participaron. Soy un agradecido a la vida por ser nadador”, reafirma con satisfacción. Con ese entusiasmo y algarabía que casi puede decirse es un rasgo de su personalidad.
Confieso que he viajado.
Marcos considera que “haber vivido en Estados Unidos por un año (tenía 18) fue un punto de inflexión sustancial en mi vida. Además de un idioma, aprendí a ver el mundo desde otro prisma”.
Recuerda que en el 2024 se juntaron en Lisboa “compañeros de intercambio, de 5 países, que aún somos amigos. El grupo se llama ‘bus 63’, que fue el número del micro en el que viajamos durante el intercambio durante 12 días 40 extranjeros de 30 países diferentes”.
Su lugar en el mundo.
Su vida está atravesada por los viajes: “Conozco casi todo el mundo, América, Oceanía, Europa y Asia, y debo haber visitado unos 60 países”.
No obstante tanto andar por allí no hizo más que revalorizar en él a su Pampa querida. “Es que, sobre todo últimamente, lo mejor de los viajes para mí es volver a La Pampa. La entrada a Catriló aún hoy me conmueve; y no puedo explicar la felicidad que me da ver una puesta de sol al llegar a mi tierra. Será porque no tengo dudas que La Pampa, y Santa Rosa, y mi casa y mi familia y mis amigos, son mi lugar en el mundo…”, se pone un poco melancólico.
El piano.
De chico estudió piano, con Filomena Mecca. “Pertenezco a la escuela de los Mecca y eso me llena de orgullo. Ahora, luego de 40 años, me reencontré con la música de la mano de Leandro Arrarás. Él me conectó con una pasión que no sabía que tenía”, dice Marcos.
Eso lo llevó a leer “música clásica, y disfruto tocar e interpretar, con mis limitaciones obvio... Hernán Basso vino a mostrarme el universo de la armonía y entré al mundo del jazz. Mi viejo tocó la trompeta en la banda de los Mecca de los 11 a los 21 años y después nunca más... pero amaba la trompeta y amaba el jazz. Tal vez por eso cuando Hernán me presentó al jazz dije acá me quedo… porque por acá anda mi viejo”, sonríe al acordarse de Julio, su papá.
En el centro de los quilombos.
Marcos afirma que quisiera ejercer la profesión “de un modo mas calmo, tratando de bajar el perfil, pero es como un karma: siempre me quedo al centro de los quilombos”, admite entre risas.
¿Qué viene? Aspira a viajar, pero “no tanto para conocer, sí para visitar ciudades y pertenecer a esos lugares por unas semanas. Ser uno de ellos: jazzista en Nueva Orleans; un parisino en París; andar por las calles de Kafka en Praga; o tocar piano en una plaza en Viena… no sé”.
El valor de los afectos.
Agrega, reflexivo, que quiere “conectar con la calma. Disfrutar de mi familia, mis hijos, mis amigos….”. Dice haber aprendido con los años que al cabo “los afectos lo son todo. Me jacto de tener muchos y grandes amigos…”.
Y vuelve sobre el recuerdo de su padre: “De él aprendí que tus sueños pueden ser los sueños para tus hijos; y de mi madre el valor de los amigos y el cariño… por eso hoy apuesto por el amor. Porque la vida sin amor no es nada….”, se pone serio y reflexivo.
Personajes excepcionales.
Lo miro, lo observo... y se me ocurren cosas. Me digo: cuántas veces nos cruzamos por las calles, o compartimos algunos ámbitos con determinadas personas y no nos damos cuenta –o no dimensionamos- sus auténticos quilates. En el caso de Marcos Luis Paz –que ese es su nombre completo-, hurgar en aspectos de su personalidad (incluso a través del testimonio de otras personas que lo conocen tanto) me hacen -ahora sí- advertir que tiene características de excepcionalidad… Eso me pasa con Marcos.
Gran deportista, destacado abogado penalista, musicómano. Una persona que no esquiva a los desafíos y que vive como piensa… ¡Quién no quisiera!
No a las injusticias.
“Un gusto trabajar con vos este debate, aunque hay que estar muy atento porque sos muy desafiante”, le dijo una vez un juez al abogado Marcos Paz.
Al referirse a sí mismo se define como “un molesto. Aún hoy tengo una lucha cuerpo a cuerpo con la hiperactividad, una especie de TDH en términos más técnicos. Tal vez hoy sigo siendo un molesto, pero ya no por mi hiperactividad, sino porque por sobre el sistema y los convencionalismos y las hipocresías está la libertad de las personas que defiendo. A veces soy temerario, pero las injusticias no las puedo tolerar y tal vez por eso elegí esta profesión. Las ganadas, que son las menos, no me conmueven… Ahora las perdidas, que son las más, me frustran, pero me potencian”, indica.
Un agonista de todas las horas.
“Marcos Paz se ha destacado por su físico y técnica excepcional, canalizando su energía en la natación desde niño. Especialista en el estilo libre, espalda y mariposa”.
Si alguien tiene autoridad para hablar de natación es el profesor Omar Lastiri, quien profesa una sincera simpatía por el conocido abogado-nadador.
Y sigue Lastiri: “Es dueño de una gran fortaleza mental, con capacidad para mantenerse firme, fuerte y competitivo ante los desafíos más duros, sin dejarse abrumar por la presión externa,lo que le permite afrontarlas con calma y tomar buenas decisiones deportivas”.
Expresa Omar que “Marcos es dueño de una actitud positiva basada en una mezcla de autoexigencia extrema y un enfoque inquebrantable en el ‘aquí y ahora’. Es supercompetitivo”.
Resumiendo dice el profesor Lastiri: “Tiene mentalidad ganadora y una gran condición física, técnica y mental de nado. Es un ‘competidor nato’, con un carácter alegre, divertido y jovial –aunque también puede llegar a ser mordaz-, amante de la música tiene además una sólida formación cultural y profesional”.
Sus amigos/as.
Bettina Tueros no escatima elogios. “No hay manera que pueda tener palabras objetivas al hablar de Marcos. Fue, es, y será mi amigo por siempre… Ese amigo inteligente, sensible, que brilla en cada cosa que decide hacer. El que no le esquiva a ningún desafío, que vive como piensa y lo lleva adelante sin temores. Esa persona digna de admirar porque estudia siempre y eso lo convierte en un profesional para admirar”.
Alejandro (“Tano”) Gigena es el amigo de toda la vida de Marcos Paz. “Lo conozco desde que los dos teníamos 7 años… Es buen tipo, confiable, leal, derecho… ¿Qué tiene defectos? Los debe tener, pero poquitos”, sonríe.
“Tano” es también abogado, y en esa condición se han visto “enfrentados” en tribunales. “Pero siempre en un marco de respeto, y el trabajo en ese caso no nos aleja, sino que seguimos compartiendo un café como si no estuviéramos confrontando en tribunales. Es mi amigo desde hace más de 50 años”, concluye.
Vanessa Ranocchia también conoce a Marcos. “Desde mi niñez, en la colonia de Omar Lastiri en El Prado. Yo tenía 11 años y él me daba clases de natación… con las vueltas de la vida nos reencontramos como colegas y considero que armamos un buen equipo. Cada uno tiene su estudio, pero determinadas causas penales las trabajamos juntos. Ejercemos con especial pasión la profesión, compartimos miradas en distintos casos y así el trabajo técnico fluye fácil”.
Vanessa agrega que “es difícil manejar las emociones en el derecho penal, porque te enfrenta a zonas oscuras de las personas, a tragedias y al dolor. En este punto Marcos es el socio ideal porque es súper optimista y siempre tiene a mano argumentos que entusiasman y convencen –aunque sea de a ratos- que se puede creer en la justicia de los hombres”, completa.
Una vida en tres imágenes.
En tribunales.
Toda la gestualidad del abogado apasionado en tribunales. Es uno de los mejores abogados penalistas de la provincia. “Un molesto” para los cánones que a veces establece la justicia convencional.
Con los hijos.
Marcos y sus tres hijos: Emilio y Fermín los varones; y Delfina la niña de la familia. Uno es antropólogo, el otro filósofo y la mujer médica. Los afectos son para él lo más importante de la vida.
Con los hermanos.
Los cuatro hermanos Paz. Los varones, Marcos y Javier, son abogados; las damas son Gabriela (la artista de la familia); y Andrea (es neonatóloga). Se definen como “un clan”.
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