Laura, con garra emprendedora
Laura Pacheco es una emprendedora textil que a través de su negocio “Conviction”, encontró el lugar no sólo para crecer a través de sus máquinas de coser y sus telas sino también para sobreponerse a una vida cargada de dureza. En su local y taller del centro santarroseño se encuentra estilo y calidad.
“Era una adolescente y dormía en la calle con mi hijo, literalmente estaba en la calle. Por eso hoy estar en la avenida San Martín es realmente muy significativo”, dice con un gesto en el que se mezcla algo de tristeza con la satisfacción, el orgullo y la alegría. Y es que en la historia de Laura hay capítulos muy duros con otros donde se dibujan las sonrisas. “Si hay una cuenta pendiente en mi vida es escribir un libro contando todo lo que me pasó”, asegura con seriedad.
Laura Pacheco tiene 51 años, es oriunda de Eduardo Castex y es madre de seis hijos. Y también es la dueña de “Conviction”, el coqueto local de artículos del hogar y decoración que se ubica en la avenida San Martín 370, en el corazón del centro de la capital pampeana, y que tiene en su anexo el taller donde confecciona y cose y que también en breve se ampliará con un espacio dedicado a mercería (se puede conocer más del emprendimiento en el Instagram @convictionhomeydeco y consultar en el número de WhatsApp 2954 – 645274).
“Mis padres se separaron cuando yo tenía 3 años y luego mi mamá estuvo en pareja con un hombre que intentó abusarme. Ella lo defendía a él así que tuve que irme y terminé en la Escuela Hogar de Rucanelo, y luego en la de Conhello. Ahí aprendí a coser, a bordar, a tejer. A lavar la ropa, limpiar, cocinar. De todo.
A los 14 quedé embarazada y a los 15 fui mamá. Fueron momentos muy duros, no tenía nada, y la necesidad me llevó a coser, fue algo que toda la vida me gustó, así que empecé a hacer algunas cosas. Como necesitaba sí o sí dinero empecé con pastelería también y por suerte me hice una clientela. Cuando mi hijo creció y terminó el colegio quiso venir a estudiar a Santa Rosa así que nos vinimos para instalarnos”, le cuenta Laura a LA ARENA en uno de los espacios de su local en donde conviven los productos de su autoría con distintos elementos de decoración y hogar.
“Con este emprendimiento comencé cuando una de mis hijas, Agustina, iba a cumplir 15 y en principio me dijo que no quería la fiesta. Cuando se acercaba la fecha cambió y me dijo que sí quería hacerla. Ahí le dije, ‘bueno, vamos a tener que hacer algo’ porque se necesitaba un dinero que por supuesto no tenía. Y comencé a hacer almohadones. Como mucha gente de Castex me conocía, en un mes y medio vendimos 120 almohadones y con eso cubrimos el gasto del salón que alquilamos. A partir de ahí mis conocidas me empezaron a pedir otras cosas: cortinas, caminitos para las mesas, fundas. De esa manera me di cuenta que podía funcionar lo que hacía con mis manos”, resume Laura antes de mostrar una tarjeta de su local en la que, debajo del nombre ‘Conviction’, está escrito “Hecho con amor”, el eslógan que eligió para retratar exactamente lo que realiza con los productos de su sello. Desde elementos de decoración y hogar hasta ropa de bebé hechas con su corte y confección.
Primer local.
En el relato de Laura se superponen sus logros y avances como mujer y como emprendedora con puntos negros de su vida como la violencia de género de parte de una ex pareja y el recuerdo “de andar en la calle desde los 12 años”.
“Cuando quedé embarazada por primera vez por suerte me crucé con Eli, que es mi mamá del corazón y que es una mujer hermosa que me ayudó en un montón de cosas. Con el tiempo pude ir saliendo adelante y el primer negocio, en Santa Rosa, lo abrí en la avenida Luro, entre las calles Mariano Pascual y México. En ese momento yo pensaba que si alguien venía de visita a la ciudad o alguien de acá quería comprar no se iba a ir hasta después del Mate, iba a ir al centro, lógicamente. Por eso mi anhelo era llegar a la calle Hipólito Irigoyen o a la avenida San Martín. Era complicado conseguir, además de caro. Pero soñar no cuesta nada, pensaba, además de que soy una persona que siempre tiene mucha fe”.
Y así fue que apareció la oportunidad en la principal avenida de la ciudad. “El edificio estaba muy feo, muy venido abajo, y costaba que se alquile porque incluye la casa arriba. Hablé con mi pareja y aunque él me dijo que estaba complicado, le metí para adelante”, remarca sonriente Laura mientras comparte un mate con otra de sus hijas, Sofía (30), y su empleada desde hace ocho años, Luciana.
Convicción.
“El nombre del local lo elegí porque significa ‘creer en lo que no se ve’. Y me parece lo más adecuado. Si el día tuviese más horas nosotras estaríamos acá cosiendo. Por suerte tengo gente que me compra desde Winifreda, de Colonia Barón, de 25 de Mayo. Y para eso me sirvió muchísimo la Expo Pymes, es un lugar que valoro mucho porque hay que tener claro que ahí no vas para vender todo en un fin de semana, es para mostrarte, para darte a conocer. Fui a tres ediciones y es una gran vidriera porque ahí te ven y luego es que te piden y te compran”, resalta Laura que también admite las dificultades actuales respecto al comercio en general.
“Todo lo que es confección, lo que hacemos acá, se vende bien. La gente sabe la diferencia entre lo industrial y lo que se hace de manera artesanal. Lo que está parado es todo lo que son los productos que vienen para comercializar. Antes la gente compraba mucho con tarjeta pero hoy están sin resto entonces es complicado”, analizó Laura.
Recuerda que en la pandemia sobrevivió confeccionando y vendiendo barbijos y que en cada momento complicado supo salir adelante. Está convencida que “hay que creer en lo que no se ve” porque si hay algo que tiene Laura, es convicción. Y garra emprendedora.
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