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Jueves 07 de mayo 2026

Mujeres piden ayuda con herramientas de trabajo para un taller de costura

Por Redacción 07/05/2026 - 20.33.hs

En tiempos difíciles la solidaridad no sobra. Se habla mucho del individualismo, de no ver lo que le pasa al que está al lado, de no interesarse por el bienestar de los niños, niñas, vecinos y vecinas. Pero, sin dudas, cuando las cosas no están bien, cuando falta dinero en el hogar, cuando el alimento no alcanza, es el barrio el que se levanta, son los voluntarios y voluntarias los que preparan la leche caliente, reparten la factura y el pan, y piensan ideas para salir adelante.

 

El taller de costura que funciona en Stieben 1.620, en el barrio Sagrado Corazón de Jesús -al norte de Santa Rosa- es el lugar de encuentro de más de 15 personas que tienen como objetivo atravesar la crisis, pero también formar comunidad, que el espacio sea un lugar de encuentro, charlas y amistad.

 

Fue formado por Carolina Busto, quien hace tres años -luego del boca a boca- llegó al salón del partido Patria Grande porque allí se brindaba ayuda escolar. “A mis hijos no les gustaba hacer la tarea conmigo, así que los traje. Llegué y ahí nomás me dijeron que haga la leche para la merienda”, dijo entre risas la mujer.

 

Esa fue su primera experiencia en el espacio. Y no se fue más. Al contrario, llevó ideas para sumar. “¿Por qué no armamos un taller de costura con la gente del barrio?”, se preguntó. Acercó sus tres máquinas, convocó a quienes conocía, estas personas llevaron a otras y en la actualidad asisten más de 15 personas, no solo mujeres, sino también hombres y niños.

 

 

Aprender.

 

“Yo no soy profesional. Desde chica me gustaba coser a mano mis propias muñecas y luego participé de una organización social, donde me mandaron a aprender costura. El tema era que nunca había agarrado una máquina, pero me encantó. Como me faltaba aprender, hice un curso en Madres Adoratrices en la calle Joaquín Ferro. Cuando lo terminé, el Gobierno nos donó una máquina y me tocó a mí. Entonces dije ‘¿por qué no voy a ofrecer mi herramienta para que otra gente también pueda aprender?’ Además es muy lindo cuando uno termina la prenda y no depende de otro que lo haga”, comentó Carolina.

 

Entre mate y costuras, Carolina, María Gómez, Lucrecia de la Vega, Liliana Eijo y María del Carmen Ramos comentaron cómo arrancó el taller y la fundadora destacó que el objetivo es ayudarse entre todas. “La situación económica no está para pagar el arreglo de un cierre, de una campera, entonces la gente puede traerse la ropa y coser. Les enseñamos a hacerlo”, dijo.

 

El taller funciona los martes y los viernes a la tarde, pero el espacio ya queda chico y obviamente que los y las asistentes quieren mucho más. Es por ello que las mujeres que dialogaron con este diario pidieron una mano: más máquinas -no importa que sean usadas y viejas, lo necesario es que funcione-, telas, hilos, lana, tijeras, todo lo que se pueda colaborar para el taller.

 

 

Solidaridad.

 

Las acciones buenas vuelven y ellas esperan que alguien las ayude. Y es que, en realidad, es ayudar a ayudar porque en el taller se confeccionan pecheras escolares, cartucheras, cobijas para el invierno, se arregla ropa rota y funciona como una salida laboral para quienes asisten. “Estábamos en el merendero que funciona los sábados en la casita y estaban empezando las clases. Como la estamos pasando mal todos, dijimos porqué no hacíamos pecheras. Hicimos más de 15 y más de 30 cartucheras, las cuales las repartimos casa por casa”, comentó Carolina.

 

Las mujeres mencionaron también que el año pasado hicieron cuellitos para el invierno. “Fue lo primero que hicimos para los nenes”, acotaron. Con las telas sobrantes, cosen coleros, neceseres, organizadores, sets materos y muchas cosas más que se pueden conocer en la muestra que está disponible en la Universidad Nacional de La Pampa. “Con la muestra nos dimos cuenta que podemos lograr mucho con lo que estamos haciendo”, destacó.

 

“Yo también les digo que generen una platita extra. Si un vecino tiene que arreglar un cierre, lo hacemos entre todas, pero que esa plata quede para la persona que trajo la prenda. También queremos hacer un fondo en común para no depender de nadie cuando falte hilo o se nos rompan las agujas”, sostuvo Carolina y afirmó que el taller funciona como “un tenedor libre. Si alguien quiere hacerse un pantalón, que agarre la máquina y que se lo haga. Cuando comenzamos eran solo cinco personas, ahora somos muchas y las máquinas no dan abasto, por eso tienen que esperar para usarlas”.

 

El taller es un punto de encuentro para las mujeres y los hombres del barrio. “Acá hay momentos de risa, de todo”, señaló la anfitriona y recordó que antes, en su mayoría, los asistentes no se conocían entre sí. “Nos cruzábamos en el merendero”, afirmaron.

 

 

Crisis.

 

También contaron que los sábados muchos niños y niñas buscan su merienda. “Cada vez estamos peor en el barrio. Los sábados veo a muchos chicos que no comen al mediodía y vienen derechito a pedir la leche, la factura y se llevan las que sobran en su bolsita. Hay muchas necesidades en el barrio”, lamentó.

 

“Y ahora se viene el frío, entonces estamos preparando frazadas con lana para repartir a las familias que más necesiten”, comentó y Liliana acotó: “Pero si nosotros nos vamos organizando, entre todos vamos a poder. Si nosotros podemos, por qué arriba no se puede. A ver si alguien despabila”.

 

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