Pampeana restauró una joya arquitectónica
Tres años de trabajo con más de 60 operarios a sus órdenes le llevó a la arquitecta restaurar una histórica mansión. Construida en 1884 ahora fue puesta en valor y es una auténtica joya arquitectónica.
MARIO VEGA
La restauración y reciente reinauguración -hace unos días- de una antigua mansión que data de 1884 en Puigcerdá (Cataluña) constituyó un verdadero acontecimiento, por la envergadura del trabajo, y ciertamente porque se trata de una verdadera joya arquitectónica.
El palacete es célebre por su torreón de planta circular con coronamiento cónico y 8 miradores, visible desde gran parte de la comarca. Ha sido una obra significativa de la arquitectura de finales del siglo XIX, pero luego el paso del tiempo produjo en su estructura un deterioro muy visible.
Cuando una nueva propietaria de la notable casona se hizo cargo, decidió que la restauraría totalmente en honor a su fallecido padre.
Arquitecta pampeana.
¿Qué tiene que ver ese suceso con nosotros? Sólo –y nada más ni nada menos-- que la obra fue dirigida por una profesional santarroseña que desde hace algunos años está viviendo en España. Marta Zulema Campodónico, radicada en Barcelona junto a su compañero Héctor “El Vasco” Zalabardo, trabajó casi tres años para concretar el proyecto que le había pedido la propietaria del lugar MiryaN Maestroni.
Construcción de 1884.
Ambos –Marta y Héctor-- llevan adelante en la Ciudad Condal el estudio “Zulema Espain SL”, donde ella se encarga de los aspectos técnicos y él de la parte administrativa. Y por cierto, por su dedicación y profesionalismo, les ha ido muy bien.
No obstante fue toda una sorpresa que un día apareciera Myriam Maestroni –vecina y clienta del estudio, y a la postre amiga de la arquitecta-- para pedirle una opinión. Quería el dictamen de la profesional santarroseña para avanzar en la compra de una mansión que, como casa de verano, allá por 1884 mandó construir D. Germán Schirbech, Cónsul de Dinamarca en Barcelona. Una casona que en su momento quedó denominada “Ro de Rigolisa” (en danés significa reposo).
La propietaria.
La arquitecta contó que la propietaria de la mansión tiene “su residencia habitual en París, y en Barcelona varias propiedades. “Como le hicimos algunos trabajos de a poco se fue forjando una amistad que ya lleva más de 10 años”.
Miryam es francesa, hija única, y su padre René –“él y la mamá Geneviève han sido gente súper sencilla”, dice Marta--, había visto la mansión y se había quedado con la idea de comprarla, lo que concretó poco antes de fallecer. “Un día apareció Miryam en el estudio y me invitó a ir a recorrerla. Así que fuimos a Puigcerdá, en un viaje que en auto duró dos horas y cuarto…”.
Joya deteriorada.
Recordó Marta que cuando iban llegando vieron el porte de la casa: “Una hermosura, aunque se veía viejita, deteriorada. Me resultó increíble y se lo dije: ‘Si estuviera en tu lugar ni lo pensaría, la compro’. Era una joya… obviamente cuando la empezamos a recorrer observamos que había mucho que hacer: se veía humedad por todos lados, se caían los revoques, las vigas de madera se veían afectadas, y crujían los suelos por todos lados… estaba claro que había mucho más desgaste estructural del que se podía observar a simple vista…”.
Hacia el confort absoluto.
Marta, a mi pedido, se explaya. “Cuando Myriam me confió el proyecto, lo hizo con una exigencia clara: llevar una casa de estilo ecléctico del siglo XIX a estándares de alto standing y confort. Como profesional fui consciente que no tenia ni la experiencia ni el conocimiento para abordarlo, que el reto exigía una maestría específica en eficiencia energética y gestión de patrimonio, de la que carecía. Pero tuve la total confianza de ella y su familia, sin negar que hubo momentos difíciles donde todo se iba complicando sin aparente salida. Pero pudimos, y lo cierto es que Myriam como propietaria nunca dejó de creer en mí”.
Certificación energética.
Es que tozuda y responsable como es la pampeana “para estar a la altura, decidió cursar el Máster en Eficiencia Energética y Sostenibilidad en La Salle (URL). Así, mientras estudiaba la teoría avanzada por las noches, la aplicaba en la práctica a pie de obra por las mañanas. Fue agotador pero fructífero, y permitió que hoy la casa ostente una Certificación Energética AA, un hito en ese tipo de edificios”.
Directora de orquesta.
El papel de la pampeana como Project Manager de “Zulema Espais”, fue el de una verdadera directora de orquesta en un escenario de máxima tensión. “Es que tuveque gestionar no sólo la arquitectura, sino un ecosistema humano masivo. Hubo que coordinar a más de 60 profesionales de distintos gremios coincidiendo en la obra. Lograr la convivencia entre restauradores artesanales e ingenieros de instalaciones complejas requirió una logística de precisión y una autoridad firme”.
No es habitual que una mujer esté al frente de semejante emprendimiento. “El entorno de obra es tradicionalmente masculinizado, así que tuve que demostrar capacidad de gestión, y también resolver conflictos”.
Desafío profesional.
La interlocución de la arquitecta con la propietaria de la casona “fue una travesía” que le exigió a Marta inteligencia emocional y una capacidad de respuesta a niveles muy altos.
Cabe señalar que Myriam Maestroni es líder empresarial, presidenta de la fundación Cambio Climático E5T, que con 25 años ya era directora (Ceo) de Primagas, una petrolera francesa.
“Por primera vez me enfrentaba a un desafío tan importante. Debí asumir la dirección total de una obra de tamaña magnitud como mujer profesional, y eso supuso un ejercicio de autoridad basada en el conocimiento y la resiliencia, gestionando no solo la técnica, sino las altísimas expectativas de su propietaria”, explicó Marta.
Y agregó: “Myriam es una persona realmente importante, súper exigente… visionaria, pero a la vez muy sencilla, muy humilde… Apostó por mí, y si alguna vez dudé ella nunca. Todo lo contrario, siempre apoyó y estuvo cada vez que la necesité. La verdad es que congeniamos muy bien, porque trabajando también soy rigurosa en eso de buscar la perfección. Algo en lo que a veces a uno le queda un poco la salud”, reafirmó.
Recuperación y fusión.
La arquitecta, aún emocionada por lo que es un logro obtenido tan lejos de su tierra natal, precisó que la dueña de la mansión “la tenía pensada como su segunda residencia (transcurre su vida entre París y Roma), pero, viendo como quedó, ahora mismo se está planteando la posibilidad que sea la sede de la Fundación de Cambio Climático que ella tiene en Francia”.
Marta no quiso detenerse en los cientos de detalles técnicos que demandó la restauración, pero aportó que la casa “sigue manteniendo ese eclecticismo que para mí hoy no es una estética, sino que es una forma de ser y de actuar”
Por otra parte consideró que “con todo lo que estamos sufriendo de cambio climático, y lo que se nos viene, la idea de fusionar y recuperar es básica, fundamental, y yo intento aplicar en mis proyectos, sean pequeños o grandes, esa idea de recuperación y fusión”.
Alto standing.
Es que el objetivo era ambicioso: reconvertir la Casa Ro de Rigolisa para lograr los máximos estándares de eficiencia, cumpliendo con estrictos requerimientos de confort exigidos por quien le había encargado el trabajo.
Así, después de casi tres años de intervención se consiguió que la casona vuelva al esplendor de sus mejores tiempos. Que sea “un hogar de alto standing”, constituyendo ese proceso un testimonio de cómo la arquitectura puede ser un puente entre el pasado y el futuro.
La simbólica torre.
La torre de la casa es emblemática y un sello distintivo que se ve aún desde sitios lejanos. Es una pirámide hexagonal de 4.50 metros, inscrita en un círculo sobre el que se asienta una esbelta estructura de madera sobre la que descansa una cobertura de zinc natural.
Son 166 piezas de zinc natural, ninguna igual, que cubren cada uno de los 16 lados que embellecen la torre que como un “minarete” adosada a la mansión se eleva desde el suelo hasta alcanzar los 25 metros de altura.
Si el diseño de la instalación del zinc es totalmente singular, no menos mérito tiene el ornamento que concluye en la corona. Para este remate se utilizo el mismo zinc y se diseño sobre la marcha sin tener en cuenta ningún referente, por eso se puede presumir de que es único .
La Torre de Myriam.
Alguien dijo que de alguna manera se cambió “totalmente el estilo original”, por lo que “ahora debería llamarse Torre de Myriam. Es que si la construcción tuvo que ver con la iniciativa de un cónsul, “no menos interés emocional tiene el empeño de restauración de la nueva propietaria que la restauró en honor de su padre. Eso me movió a darle singularidad”, expresó Marta.
Impacto institucional.
El reciente 23 de Abril se hizo la reinauguración oficial de la casa. El acto constituyó un verdadero acontecimiento cultural y técnico en la región.
Invitados especiales y una buena cantidad de público no quisieron perderse el suceso. Un acto que contó con las más altas autoridades de Pugcerdá –incluido Joan Manuel Serra Arenas--, y otros alcaldes de la región.
El representante del Museo Nacional de Arte de Cataluña (MNAC), presente en la ceremonia destacó el respeto y la sensibilidad con la que se ha tratado cada elemento histórico.
Hoy la Casa Ro de Rigolisa no es sólo una casona de alto standing, sino además un testimonio tangible, cierto, de cómo la arquitectura puede ser un puente entre el pasado y el futuro
Lo concreto, lo cierto es que los visitantes quedaron maravillados por la belleza, la distinción y el buen gusto en los detalles, en cada mueble, en cada objeto.
Mirando atrás…
Y cuando el acto de reinaguración, allá andaban Marta y Vasco entre ese gentío alborozado que se sorprendía a cada paso… Marta Zulema Campodónico, la arquitecta que un día llegó de su Santa Rosa natal buscando un destino mejor, y su compañía y apoyo de siempre, esa que todos necesitamos en algún momento de nuestras vidas.
Seguramente los dos se habrán mirado más de una vez esa tarde… Sonrientes, quizás cómplices, felices… y probablemente sus mentes habrán regresado al día que y decidieron partir cruzando el océano sin un destino certero.
“Aquí vamos a terminar nosotros”, vaticinó Marta hace ya mucho tiempo cuando los dos, solitos --recién arribados a Barcelona-- sentados sobre el par de maletas que habían llevado veían pasar la gente en la gran plaza de la Ciudadela.
Se la jugaron, trabajaron mucho y el premio llegó… vaya si llegó.
Cuando el esfuerzo vale la pena.
El día que Marta Zulema Campodónico y Héctor Zalabardo se determinaron para buscar nuevos horizontes, muy lejos de aquí, lo hacían esperanzados en un nuevo proyecto para sus vidas. Y de alguna manera también estaban sellando un verdadero pacto de amor.
Dos personas que venían de abajo en la escala social y se eligieron. No les iba mal en Santa Rosa, porque tenían un comercio y Vasco trabajaba en la CPE Santa Rosa. Pero entendían que precisaban algo más.
Marta había cursado hasta tercer año de la ENET (hoy EPET), pero había interrumpido sus estudios dejando –al menos por un tiempo-- en un rincón su sueño de ser arquitecta.
Vasco Zalabardo, ya se sabe, fue talentoso futbolista de All Boys y otros equipos de por aquí.
La pareja decidió un día partir, y aunque las dificultades al principio se presentaban con frecuencia allá en España, en base a trabajo y esfuerzo supieron abrirse paso.
Hogares humildes.
Marta Zulema Campodónico tiene una conmovedora historia para contar: “Mi infancia fue muy difícil. Yo era la mayor de diez hermanos, con unos padres que tenían que estar fuera casi todo el día para poder sacarnos adelante. Teníamos las carencias lógicas de una familia numerosa del barrio de Zona Norte…”, recordó en algún momento.
Su madre, Marta Celina Varas, tuvo diversos trabajos: limpió casas, y hacía milanesas y pebetes para vender en los kioscos. Su papá Hugo trabajaba en la construcción: “Llevaba de la firma Filippín y Bussetti encaenados para armar en casa, y ayudándolo empecé a soñar con recibirme de arquitecta”, contó Marta.
Cuando comenzó su historia con Héctor no faltaron quienes los miraban de reojo. Vasco era separado y había diferencia de edad con Marta. “Esto no estaba bien asumida socialmente. Pero a mí no me pertubaba esa circunstancia… porque al final uno vive la vida que elige y no la que el entorno social pretende que tengas”, define ella.
Allá en España Vasco trabajó de lo que viniera. En la construcción, pero también se vinculó rapidamente al ambiente del fútbol. Pero cuando a ella le salió la oportunidad de estudiar en Barcelona Héctor no lo dudó: “Es tu sueño…”, la apoyó incondicionalmente.
Estudio y crecimiento.
Y Marta se mató estudiando. Se graduó en Arquitectura Diseño de Interiores, como Master Universitario en Diseño de Espacios Públicos; y también obtuvo la licenciatura en Bellas Artes en la Facultad de Barcelona. Y por si faltara algo cursó el Master Universitario en Gestión Integral de la Construcción.
Hoy los dos disfrutan de lo que consiguieron y se puede decir que triunfan en Barcelona, aunque no dejan de pensar en el regreso a estas tierras que llegará algún día. En tanto, regresan cada año para reencontrarse aquí con sus antiguos afectos, y como un modo de cargar las pilas para seguir creciendo juntos. Siempre juntos.
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