Una tradición renovada
Gastronomía, identidad y colaboración es lo que propone la nueva versión de “Juana La Loca”, el café y bistró de la siempre vigente y atractiva esquina de San Martín y Urquiza, en el centro santarroseño. Una carta muy variada para el mejor ambiente gastronómico y de bienestar.
Es ese horario en el que la frontera entre el desayuno y el almuerzo se vuelve difusa. Para quienes viven más apegados a la tradición el mediodía significa un plato de comida rotundo, pero para muchos un café con alguna medialuna “o algo para picar” puede resumir las dos instancias. Y por eso en “Juana la loca” hay mesas ocupadas con esas diferentes opciones, un bife con papas o un cortado. O el menú ejecutivo del día con una oferta siempre tentadora mientras el sol otoñal ilumina esa esquina que vive de recuerdos, del mejor presente y de la proyección del futuro.
“Mucha gente tiene vínculo con esta esquina a través de las distintas etapas y lugares que funcionaron como bar o restó. Desde La Ochava hasta Siete10. En mi caso me hice cargo en 2019, y después de muchos meses de trabajo para hacer el reacondicionamiento, pudimos reabrir. Desde entonces, nuestra costumbre es siempre renovarnos y por eso cada año cerramos un tiempito y ahora ya estamos con toda nuestra propuesta renovada”, cuenta Enrique Costilla, quien a los 64 años acumula una historia atravesada por dos paisajes opuestos y complementarios: las montañas de Bariloche y el horizonte abierto de La Pampa. Aunque nació y creció entre lagos y cerros, su vínculo con la provincia venía escrito desde antes. Su padre era de Macachín y su madre, de Alpachiri.
“Cuando vivía en Bariloche y era adolescente, el primer bar que pisé se llamaba Juana la Loca, que era de un amigo, Carlos Ruesh, a quien le debo la inspiración, porque acá todo está ambientado en lo referido a Juana la Loca”, le cuenta Costilla a LA ARENA respecto al recuerdo de la ex Reina de Aragón conocida por su trágica historia de vida y que ha resultado inspiradora para muy diferentes propuestas.
“Enri”, como lo conocen todos y que llegó a la provincia hace 30 años, resalta que la reapertura del local céntrico propone “una estrategia que combina experiencia, cultura, cooperación empresarial y una mirada que busca dejar atrás la competencia tradicional para crear nuevos espacios de valor. Durante años esta esquina fue mucho más que un punto gastronómico. Fue refugio cotidiano, escenario de sobremesas largas, cafés y conversaciones que supieron encontrar su tiempo”.
Hoy “Juana la Loca” abre todos los días a excepción de los domingos y los lunes por la noche. Tiene cocina con elaboración propia en un lugar donde trabajan un total de 12 personas. Y que está en una ubicación estratégica: muy cerca del Centro Cívico, de la Terminal de Omnibus, frente al hotel Calfucurá. En plena avenida San Martín.
“Por supuesto que hay muchísima gente de paso, pero también una clientela muy fiel. Además tenemos un espacio que se puede usar para reuniones cerradas de empresas, por ejemplo, y en verano tenemos los dos decks sobre las calles que nos da la chance de sumar muchas mesas”, cuenta el responsable del café y restó que ofrece una carta muy amplia de desayunos, almuerzos, meriendas y cenas que incluyen carnes, pastas, pizzas, hamburguesas además de gran variedad de tragos, postres y mucho más.
Arte.
En la nueva etapa de “Juana La Loca” se instala la primera expresión concreta de arte en el salón construido en lo que fuera el patio, donde uno de los muros fue preparado para exhibiciones rotativas y lleva un nombre que funciona como manifiesto del espacio: “Contra la pared”.
La propuesta tiene la intención de convertir una superficie cotidiana en territorio de conversación, circulación artística y construcción simbólica. La muestra inaugural está integrada por obras pertenecientes a la serie “El Hilo Visible”, una producción que cedió en préstamo la artista pampeana Paula Rivero.
“Es algo que nos gusta mucho, poder generar otras cosas más allá de la propuesta de comer y beber. Esta esquina siempre se caracterizó por ser un lugar muy cálido, de encuentro, de intercambio, y por eso nos atrajo mucho la posibilidad de exhibir las obras de nuestros artistas”, remarcó Costilla.
Esencia.
En estos días y después de un proceso de renovación y reconceptualización integral, Juana la Loca reabrió sus puertas con una propuesta que avanza sobre los límites de una mejora estética o una actualización comercial. “La nueva etapa busca redefinir el papel del lugar dentro de la vida urbana y ser café, bar, bistró, espacio cultural, plataforma colaborativa y punto de encuentro. La transformación nace sobre una premisa simple: nutrirse de la historia para imaginar más allá de lo cotidiano”, dice Costilla mientras saluda a un cliente habitual que abre su notebook para degustar un exquisito café al tiempo que realiza su trabajo.
“El nombre permanece y la esencia también. Pero la experiencia cambia y se profundiza. La cocina incorpora una búsqueda más creativa; la cafetería se piensa desde el ritual y la permanencia; la barra gana protagonismo; y el espacio empieza a construirse como una geografía donde suceden cosas. La definición interna resume la ambición: ‘Un lugar donde pasan cosas’”, dice la presentación de la nueva etapa de Juana la Loca, un espacio donde las fronteras y los límites tradicionales se trasvasan para ofrecer el mejor resultado: un rato de bienestar.
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