Un pequeño pueblo rural, con pocos habitantes, celebra sus 135 años de vida
La región central de nuestro país cuenta con innumerables localidades que nacieron al mismo tiempo que llegaba el ferrocarril. El impulso de las vías férreas fue su nacimiento, pero también significó la caída en desgracia de muchos pueblos cuando el tren dejó de pasar.
La mayoría de estos lugares desaparecieron al emigrar su población en busca de trabajo. Otros perdieron el dinamismo de su vida cotidiana, aunque resistieron al paso del tiempo y se convirtieron en parajes o comunidades con muy pocos pobladores.
De La Canal es uno de ellos. Su origen se debe a la llegada del ramal que conectaba Las Flores con Tandil, en la provincia de Buenos Aires. Es una localidad, que al igual que las demás que son hijas del tren, que basa su encanto en su historia, en su marco rural y en la tranquilidad.
“Aunque el último censo registró 57 personas viviendo efectivamente en la zona, la realidad comunitaria es muy distinta: cada evento social, baile o picnic tradicional convoca a cientos de personas, demostrando un sentido de pertenencia que trasciende la residencia permanente”, explicó la historiadora Patricia Gavazza en una entrevista con el programa Plataforma Magazine que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, según publicó el diario El Eco de Tandil.
La profesional definió a De La Canal como “un museo a cielo abierto”, en virtud de que su patrimonio cultural permite reconstruir, por decirlo de alguna manera, las formas de vida rural de hace más de 100 años.
Gavazza enumeró algunos puntos de atractivo turístico que existen en el pueblo, como la estación de ferrocarril, el almacén de ramos generales, una panadería que data del siglo pasado y fábricas de quesos que todavía conservan su maquinaria antigua.
Las personas que viven allí tuvieron que reiventarse ante los cambios modernos que trajeron consecuencias laborales y comunicacionales. En tal contexto, el turismo rural se transformó en el caballo de batalla con el cual se tienta a los visitantes para que realicen visitas guiadas, cabalgatas y puedan adquirir productos agroecológicos. El lugar también es propicio para la actividad fotográfica a partir de la diversidad de elementos culturales que ostenta.
Este sábado 1 de agosto, De La Canal cumple 135 años de vida y eso dio impulso a nuevas iniciativas para que la localidad siga pujando. La historiadora, según consignó El Eco de Tandil, adelantó que se van a colocar “letras corpóreas frente a la escuela, las cuales serán decoradas con plantas autóctonas para revalorizar la flora y la fauna local”.
Otro proyecto en carpeta está siendo desarrollado por la Asociación Civil y la municipalidad local. La idea de la organización es obtener el comodato de la estación de trenes y convertirlo en un espacio con comodidades para los turistas y ciclistas que suelen visitar la zona.
Viejos son los trapos parece decir Gavazza cuando asegura que “la comunidad está viva, más viva que nunca”. Para mostrarlo, señaló que hay instituciones que siguen vigentes, como el Club Social que cumplirá 75 años en septiembre o los 60 años ininterrumpidos que ostentan los campeonatos de bochas.
“La actividad agropecuaria, especialmente la lechería, fue el motor económico que permitió el crecimiento inicial del paraje, con figuras como Nicolás Girado, quien instaló maquinaria innovadora para la producción de manteca y crema que se exportaba vía ferrocarril. Hoy, a 135 años de su origen, De La Canal sigue siendo una zona productiva clave del partido, que mira hacia el futuro con proyectos propios y un fuerte compromiso con su legado”, cerró la historiadora.
Artículos relacionados
