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Sabado 30 de mayo 2026

Protagonismo del miedo en los asuntos humanos

Redacción 17/08/2008 - 03.29.hs

Entre los novelistas jóvenes figura Carlos Ruiz Zafón, un barcelonés ahora de 44 años de edad (nacido en 1964).
Dotado de gran imaginación y con una inclinación por lo gótico (relato de misterio y terror, que se inicia a fines del siglo XVIII), Ruiz Zafón sorprendió con su novela La sombra del viento, ambientada en Barcelona. Los españoles no le prestaron mayor atención inicial, pero La sombra se abrió paso. Ruiz Zafón se había dedicado a la publicidad, a pesar de su interés por la literatura. Se estableció en Los Ángeles, Estados Unidos, atraído por sus grandes novelistas, pero dice que ahora hay un desierto donde hubo tanta creatividad. Se ganó la vida con publicidad y participando en películas ("que no recomiendo") hasta publicar novelas dirigidas al público infantil. Finalmente, La sombra del viento lo instaló fuertemente en el mundo de las letras y ahora acaba de publicarse en España una suerte de continuación: una novela titulada El juego del ángel, cuya primera edición por Planeta es de un millón de ejemplares.

 

Funciones del miedo
No es el propósito de esta nota abundar acerca de este ahora exitoso autor, que aparece en nuestra actualidad por una referencia incluida en una nota sobre política argentina de Ernesto Tenembaum (en Página/12). Lo que cita este analista es un pensamiento que aparece en el desarrollo de El juego del ángel, donde se dice que "nada nos hace creer más que el miedo, la certeza de estar amenazados". También se afirma que "la mayoría de nosotros nos definimos por oposición a algo o a alguien más que a favor de algo o alguien", todo esto porque "el mal, la amenaza, siempre está en el otro". Está citando a Ruiz Zafón, quien concluye con esta afirmación: "El primer paso para creer apasionadamente es el miedo".
El tema de Tenembaum es la actualidad argentina. En la nota de referencia confirma el pensamiento de Ruiz Zafón con ejemplos dados en nuestra política: el uso de Braden por el primer Perón, la referencia al golpe posible durante el gobierno de Alfonsín, el Duhalde manipulador de puebladas para de la Rúa... Recuérdese que Braden, el embajador norteamericano de la inmediata posguerra, apareció como la contracara del caudillo que emergía del golpe militar de 1943. Fue "Braden o Perón", en el sentido de la Argentina sometida y humillada por poderes externos o la Argentina con soberanía política e independencia económica. La sombra del golpe, cuando el gobierno de Alfonsín, llenó la plaza de Mayo y provocó una enorme movilización espontánea contra los carapintadas, aunque al cabo no alcanzó para salvar ese gobierno del tembladeral económico.

 

El miedo y la culpa
Esa personalización del miedo, tal como la recoge Tenembaum, es discutible, porque lo que se hace, en los casos ejemplificados, es la demonización de algo o alguien: el embajador de la primera potencia, el carapintada, el promotor de puebladas. Por cierto que el ser o la cosa demonizados se convierten en fuentes de temor, pues lo que se presiente o cree es que su triunfo significaría el derrumbe de lo más preciado. El triunfo de Braden pondría fin al sueño de soberanía e independencia; la victoria de los carapintadas acabaría con la renacida democracia; la caída de De la Rúa, por efectos de una alteración económica inducida y por el desorden generado en el conurbano, también pondría fin a un gobierno legítimo y restablecería los fantasmas más frecuentes e insidiosos del imaginario argentino en el pasado siglo. Sabemos ahora que si bien Perón batió a Braden, Alfonsín no pudo con la suma de contrapoderes que al final se concentraron en Menem y que De la Rúa terminó partiendo en helicóptero desde la Casa Rosada. O sea, que a veces el demonio va de retro, pero en otras va avanti.
Puede que no sea el miedo el gran unificador, aunque nadie negará su poder. Puede que sea la tendencia predominante a suponer que la culpa la tienen los otros. Ellos "los malos"; nosotros "los buenos". Ese "echar la culpa", así como Jesús echó los demonios que perturbaban al pueblo de sus días, instalándolos en una piara de cerdos. Estas diferencias son casi académicas. Lo cierto es que tendemos a superar diferencias, recelos y estrategias de sobrevivencia y nos unimos a otros cuando creemos estar atacados por algo o alguien que tiene suficiente poder para destruirnos como individuos o desbaratarnos como colectividad.
JOTAVE

 


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