2018, Bodas de Oro del exitoso cesto pampeano
JOSE H. ALVAREZ
Estamos al borde del nuevo año y como todos los años, el deporte pampeano celebrará aniversarios de grandes recuerdos. En este caso, cabe referirse, por ejemplo, a la pelota al cesto, porque se aproximan los cincuenta años de aquella primera participación pampeana en el torneo máximo de la especialidad.
El cesto, deporte femenino es desde entonces en La Pampa ejemplo de continuidad y grandes satisfacciones. El ejemplo se da en que a partir de ese debut en el torneo nacional de La Rioja 1968, La Pampa tiene un desempeño continuado que le permitió no solamente figurar siempre entre los equipos de vanguardia en el cesto nacional, sino lograr títulos de campeón argentino.
Aquel año fue cuando se dijo que sí al desafío y el equipo formado por María Elena Evangelista, Ema Guarracino, María Inés Bullón, Zoraida Parada, Olga Yorgovan, Raquel Yorgovan, Susana Knudtsen, Mirtha Prieto, Sofía Naval, Elsa Otto, Norma Ruggero y Alicia Schamsanovsky, finalizó ese año entre los seis primeros. También integraba la representación pampeana Marta Pérez Schilde, pero a última hora no pudo viajar. De director técnico ofició Honorio Romero.
Buen nivel.
Esa participación de La Pampa fue un desafío difícil, pero de entrada, nuestras cestistas se vieron sorprendidas porque no había grandes diferencias con los altos rivales que enfrentaban. Lo más importante fue que 1968 fue punto de partida de una participación ininterrumpida que al cesto pampeano a los pocos años lo tornó en animador permanente de los primeros puestos, como se dijo, varias veces primero, segundo o en otros puestos de vanguardia.
Para La Pampa, el cesto se constituye así en un gran ejemplo dentro del deporte, con alto nivel que desde los primeros años se mostró en Santa Rosa, General Pico, a lo que se sumó luego una práctica ya generalizada en otros lugares de la provincia.
Entre los muchos nombres que podrían hacerse de distintos tiempos, pueden recordarse especialmente presencias como las de Mónica Ramos, Alicia Scalzotto, María Raquel Faraldo, Estela Audisio, Mónica Gondean y tantas otras que sumaron sus méritos a las ya nombradas Yorgovan, Zoraida Parada, María Elena Evangelista y las restantes del momento inicial.
Como se expresó líneas arriba, con distintas generaciones, La Pampa se mantiene en los primeros planos. Los títulos abundan en mayor medida en las categorías menores, dado que en la mayor, la emigración que suele producirse en las jóvenes de diecisiete o más años a otros puntos por razones de estudios, impide mantener plenos los planteles, no obstante lo cual, las jugadoras pampeanas conservan alto nivel también entre las mayores.
Como se dijo antes, estamos al borde del medio siglo de aquel desafío inicial, y nuestro cesto, más allá de nombres y generaciones, sigue en los primeros planos y es ejemplo para el resto del deporte lugareño.
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