A lo bonzo
Allá por los años sesenta del siglo pasado se dio una noticia horrorosa que sacudía a todos: sacerdotes budistas, se autoinmolaban prendiéndose fuego. Lo hacían como protesta por políticas sociales y religiosas. Las fotografías eran impresionante y tuvieron efectos en algunas políticas, que no son del caso detallar.
Esos horrores, pensábamos los argentinos, nunca se darían por aquí pese a los problemas que teníamos. Pero en estos días una jubilada murió tras prenderse fuego públicamente. El espantoso acto fue consecuencia directa de las crueles medidas del gobierno de Javier Milei: a la mujer, una jubilada de casi 80 años, su miserable sueldo no le alcanzaba para comprar alimentos y pagar los servicios elementales; el día anterior al suicidio no había tenido dinero para comer. En sus propias palabras: “Así no quería seguir viviendo”.
¿Qué se puede decir ante semejante acto de desesperación? Muy poco, pero altamente significativo porque mientras hay un gobierno nacional se jacta y miente por sus logros macroeconómicos el estado mental y espiritual de sus gobernados se ve impulsado a medidas extremas que ya se evidencia avanzan hacia formas horrorosas, desconocidas en nuestra sociedad.
El creciente número de suicidios ya era un indicador llamativo y peligroso al que las autoridades prestaron escasa o nula atención, y lo mismo puede decirse del hecho comentado. El suceso, mal que les pese, cae sobre toda la sociedad política, especialmente la que apoya a la derecha mileísta, que elabora y vive en un falso mundo, insensible y ajeno a un sentir mínimamente cristiano.
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