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Domingo 12 de abril 2026

Astronautas eran los de antes

Redacción 12/04/2026 - 00.14.hs

Más de cincuenta años esperando que se produjera una nueva misión tripulada a la luna, y resulta que el episodio nos deja fríos, apáticos, con una espantosa sensación de haber sido estafados una vez más. No porque vayamos a adherir a alguna teoría conspirativa, y afirmar que todo fue una farsesca producción de Hollywood. Tampoco porque la misión no haya representado algún progreso. A lo mejor es una cuestión de "timing", de oportunidad. Como quiera, se confirma una vez más que el deseo y la anticipación son siempre más interesantes que el acto y la consumación.

 

Diosa.

 

Algún progreso hay. Para empezar, ya no hablamos de "el hombre en la luna", expresión que que no resiste análisis, en los tiempos que corren, por su efecto discriminatorio, el de excluir a la mitad de la humanidad (las mujeres). En esta misión de cuatro tripulantes hubo una mujer (Christina Koch) y por las dudas, los muchachos de la NASA se aseguraron de que también estuviera a bordo un afroamericano.

 

Parte de esa corrección política extraterrestre se expresa también en el nombre de la misión, "Artemis", que evoca a una deidad femenina, tan luego-según la mitología griega- la hermana melliza de Apolo, el que prestó su nombre a las misiones espaciales de antaño. Diosa protectora de los animales (paradójicamente, también, de la caza), de los bosques, las montañas, las doncellas y la virginidad, ha de reconocerse que no ha sido muy efectiva en su tarea protectora, por lo que no es de extrañar que su culto haya caído en desuso.

 

Y aunque sea una frustración que esta misión no haya incluido poner un miserable pie en la luna (¡ni siquiera una caminata espacial!) habrá que reconocerles que hicieron una bonita órbita por el lado oscuro, tomaron lindas fotos, batieron el récord de distancia respecto del planeta tierra, y al momento de describir sus experiencias, confesaron haberse quedado sin adjetivos para tanta maravilla. Vale decir, esta vez el viaje no estuvo guionado como cuando en 1969 el viejo Neil Armstrong pronunció aquella frase: "es un pequeño paso para un hombre, pero un salto gigante para la humanidad".

 

Habría que recordar que, aunque no tripulada, hubo una misión espacial anterior que llegó al lado oscuro de la luna, pero como era china no tuvo la misma prensa. En cualquier caso, lo que las fotos muestran es que ahí atrás nuestro satélite tiene los mismos problemas de cutis que ostenta de este lado.

 

Guerra.

 

¿Por qué entonces la decepción? Para empezar, cuesta un poco distraerse del espectáculo que brinda la guerra contra Irán, donde EEUU está haciendo uso de la misma ciencia de cohetería que propulsa las naves espaciales, para aniquilar a civiles indefensos. La misma semana de la misión Artemis se pudo escuchar al presidente norteamericano anunciar la aniquilación completa de "una civilización entera".

 

No es algo nuevo: cuando "el hombre" pisó la luna en 1969 los yanquis estaban ocupados con otro genocidio, el que venían perpetrando contra el pueblo vietnamita desde hacía casi una década. Pero algo parece haber cambiado, y no para mejor. Por algún motivo, el entonces presidente Richard Nixon, comparado con el actual, hasta parece un personaje digno.

 

El otro tema es que el régimen de gobierno actual le ha declarado la guerra a la ciencia en varios frentes: la propia NASA está siendo desfinanciada, y consecuentemente está sufriendo la sangría de buena parte de su personal más calificado: desde que asumió la actual administración, hace poco más de un año, unos diez mil doctores en ciencias han abandonado sus empleos allí. El presupuesto presentado por Trump para 2027 implica un recorte del 50% en los gastos del departamento científico de esa institución, por lo que la tendencia está lejos de revertirse.

 

Parte del problema es la cuestión del cambio climático, y el obcecado combate que el actual gobierno está llevando adelante contra esa evidencia científica, en nombre de las corporaciones que, precisamente, lucran con destruir el planeta. Y es que uno de los departamentos de la NASA se especializa en los estudios climatológicos, con base en la información compilada por su amplia red de satélites.

 

Ciencia.

 

Hay una contradicción rampante en la ideología dominante: por un lado se vanaglorian de los logros tecnológicos, pero al mismo tiempo denigran a la ciencia y a los científicos, demostrando un odio visceral hacia cualquiera que demuestre un nivel de conocimientos algo por encima de lo "normal". Al parecer, consideran que los cohetes espaciales no son fruto del avance científico, sino emanaciones de la magnífica personalidad de su líder supremo.

 

Esta semana, por otra parte, se conoció un logro científico extraordinario: la cura de un niño que, nacido con un rarísimo síndrome que le provocaba una deficiencia en una enzima llamada CPS1, impidiéndole procesar adecuadamente las proteínas, y llenando su cuerpo de toxinas que hacían inminente su muerte. Un transplante de hígado hubiera sido la salida médica habitual, pero el bebé estaba en un estado de debilidad tal que una cirugía resultaba impensable. Por ello los médicos del Hospital de Niños de Filadelfia intentaron un tratamiento innovador que permitió en sólo seis meses "editar" y corregir el ADN del paciente.

 

El procedimiento utilizado, conocida como Crispr, se basa en la misma tecnología del así llamado ácido ribonucléico mensajero (mRNA) que se empleó en el diseño y fabricación de las vacunas contra el Covid... precisamente un avance científico contra el cual la administración Trump, a través de su secretario de Salud, Robert Kennedy Jr., está llevando adelante una guerra tan intensa como absurda.

 

Así que no se trata meramente de crueldad: la estupidez enseñoreada en el poder asume proporciones épicas. No en vano alguien ha dicho que la mejor prueba de la existencia de vida extraterrestre inteligente la da el hecho de que no hayan intentado tomar contacto con nosotros los humanos.

 

PETRONIO

 

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