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Brújula

Redacción 21/09/2026 - 00.14.hs

Si se permite una licencia poética aplicada a un comentario de esta índole podría decirse que, a esta altura de su mandato, la brújula política del presidente Milei ha perdido el norte y gira en cualquier dirección, alterando su propio rumbo.

 

Quizás la mejor muestra de esa desorientación esté dada por la súbita “malvinización” presidencial, pretendidamente concretada por alguien que había prestado muy escasa atención al tema de las islas y que creyó que una apenas perceptible insinuación favorable por parte del presidente de los Estado Unidos, lo habilitaban para tomar medidas contra los intereses británicos e israelíes, medidas que, en su mayoría, provenían de anteriores gobiernos peronistas. Su torpe canciller ni siquiera le advirtió que estaba oponiéndose a la principal aliada del país del norte. La reacción inglesa frustró su anhelado viaje a las Islas Británicas.

 

Es innegable que el Presidente sufre alteraciones lo personal –estuvo una decena de días recluido en la quita de Olivos y retornó a sus tareas en forma desorientada y mal entrazado- y también en lo político. Después del papelón bolsonarista en Brasil, con las encuestas en franco descenso, con una ya evidente pérdida de apoyo del “círculo rojo” que lo llevara al poder y que parece buscarle reemplazante, Milei ha persistido en su política de insultos desmedidos y soeces contra todo aquel que no piense como él, el periodismo especialmente, y ha empezado a acarrear el desprestigio de algunos de sus colaboradores a quienes exaltara en su momento poco menos como lo mejor en sus especialidades y que remataran lo suyo en un chasco mayúsculo, a menudo inmersos o rozando una actitud delincuencial. Los más claros ejemplos: su antiguo vocero y breve jefe de Gabinete, Manuel Adorni, el ex presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica, Demián Reidel y el ultraderechista y presumible agente de la CIA Fernando Cerimedo, convicto de asesinato y con quien tuviera una relación cercana, por más que ahora lo niegue.

 

Para más el escándalo de sobresueldos en la Armada (en una administración que presumía de una base moral) y el lento pero evidente apartamiento de su antigua aliada Patricia Bullrich. Agréguese a lo dicho el empeño caprichoso y anticonstitucional de no cumplir con las leyes que favorecen a discapacitados y universidades, entre otros muchos aspectos criticables y significativos, y se tendrá un gobierno que se cae a pedazos mientras alienta una reelección que se ve muy difícil.

 

Y un detalle ¿menor? pero acaso no menos importante: sumido en una crisis de ira, no se sabe si debido a la enfermedad de uno de sus “hijitos de cuatro patas” o filtraciones que permitieron conocer los desmesurados gastos alimenticios para la residencia (la carne entre ellos) el Presidente tuvo un arrebato que lo llevó a echar a todo -todo- el personal civil de Olivos, y esto sin explicación alguna. Ahora, con el lugar pleno de personal castrense, desde guardias a cocineros, es la Casa Militar quien sostiene la infraestructura personal del mandatario.

 

También nuestra provincia tuvo lo suyo dentro del panorama de dislates presidenciales. En un claro favor al gobierno mendocino, aliado de su política económica y social, dictó un muy discutible decreto por el que le quita a La Pampa su parte en las regalías hidroeléctricas producidas por el dique El Nihuil, avaladas incluso por un fallo de la Corte Suprema de Justicia.

 

Con la medida quedó en evidencia –una más- la tirria que le provoca una provincia opositora a su gobierno y que funciona bien económica y socialmente.

 

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