Complemento ausente
La semana que pasó, con los fastos que eran de esperar, transcurrió en Eduardo Castex la Fiesta Provincial del Trigo. Esta celebración, ya hemicentenaria, ha sido el reconocimiento a quienes en buena medida hicieron una Pampa acaso difícil de evocar pero con el emblema del cereal por bandera.
A estar por las crónicas, fue una celebración eminentemente visual apelando a formas antiguas y modernas, pero siempre sugestivas. A esa presencia de imágenes multicolores, sin embargo, le faltó un complemento: la parte intelectual, artística, que por años caracterizara a la fiesta y marcara rumbos a otras similares en la provincia, y también fuera de ella.
Medio siglo atrás las celebraciones y premiaciones se veían cumplimentadas con la muestra literaria, pictórica o musical que le daban a la reunión una faceta distinta. Y tanto que no pocos de los artistas que concursaron en ella –escritores especialmente—dieron sus primeros pasos en la celebración castense para después alcanzar significación en el medio. El mérito, claro, no estaba solamente en la calidad de las letras y pinturas; también en los temas que se tocaban y los argumentos que se exponían en los relatos, cuentos y poesías que llegaban a esta “capital provincial del trigo”. Muchas de esas obras apuntaban a la memoria y las referencias familiares y directas, como que muchos de los participantes (lo mismo que el público en general) tenían apenas una generación de diferencia con los abuelos que colonizaron.
Actualmente, en una provincia ya culturalmente estructurada, restablecer los antiguos certámenes seguramente otorgaría nuevos méritos a la fiesta.
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