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Desacompasados

Redaccion Avances 11/07/2026 - 16.25.hs

Por Ing. Javier Mariano García Guerrero*

 

Mientras Estados Unidos se consolidaba como la potencia hegemónica del siglo XX, la Argentina eligió mirar hacia otro lado: coqueteó con el nazismo, facilitó redes de fuga y se convirtió en refugio de criminales de guerra. Actualmente, frente al ascenso imparable de China, India y Brasil como nuevas potencias económicas, tecnológicas y demográficas, el país repite el error: se alinea de manera sumisa y acrítica con Washington, condenándose a la irrelevancia, el atraso y la dependencia perpetua.

 

No estamos ante una crisis coyuntural. Lo que enfrentamos es la superposición de tres ciclos de declive histórico, de larga duración, que convergen y se amplifican impactando drásticamente en una economía tan frágil como la argentina.

 

Fin de la globalización expansiva.

 

Tras la recesión de 2008-2009, la economía mundial entró en una fase que The Economist bautizó como slowbalization: desaceleración estructural del comercio, caída de la inversión transfronteriza y fragmentación de las cadenas globales de valor. El FMI lo llama fragmentación geoeconómica: más de 100 países aplican medidas proteccionistas, el comercio crece menos que el PIB y la inversión extranjera directa cayó un 30% desde 2015.

 

La Argentina, que durante décadas dependió de los ciclos de las materias primas y de la integración comercial, enfrenta ahora un mundo donde: el comercio global crece apenas al 2% anual, la mitad que en los 90; la inversión extranjera se regionaliza y se concentra en países con estabilidad institucional; el auge del nearshoring (una estrategia empresarial y geoeconómica en la que una compañía traslada parte de su producción, servicios o cadenas de suministro a países cercanos geográfica y culturalmente, con el objetivo es reducir riesgos, costos y tiempos, sin renunciar a la eficiencia global) relega al Cono Sur. La transición energética hacia energías limpias reduce la demanda futura de hidrocarburos, afectando a Vaca Muerta cuando se consoliden las rutas alternativas al Estrecho de Ormuz.

 

El “crepúsculo del globalismo liberal” es estructural. En 1980, China era más pobre que Argentina. Hoy es la segunda economía del mundo y sacó de la pobreza extrema a 800 millones de personas.

 

Desorden global como norma.

 

Wallerstein y Arrighi describieron los ciclos hegemónicos del sistema-mundo: Génova, Países Bajos, Reino Unido y USA. Cada hegemonía atraviesa fases de expansión comercial, industrial y financiera antes de su decadencia.

 

Según Arrighi, Estados Unidos inició su declive al comenzar el siglo XXI. Los datos lo confirman: su participación en el PIB mundial cayó del 32% en 2000 al 24% en 2025; China superó a EE.UU. en paridad de poder adquisitivo;la desdolarización del comercio internacional avanza; la guerra tecnológica la gana China: en 2025 lidera 37 de las 44 tecnologías críticas, según ASPI; el sistema multilateral de posguerra, está paralizado.

 

Cuando una hegemonía declina, el mundo entra en caos sistémico: guerras comerciales, tensiones militares, volatilidad financiera y competencia por recursos estratégicos. La Argentina, históricamente dependiente de la estabilidad global, enfrenta ahora un escenario sin ancla: ni precios previsibles, reglas claras o financiamiento abundante.

 

El endeudamiento ya explotó.

 

Ray Dalio describe ciclos de deuda que duran hasta 80 años y culminan en procesos traumáticos de desapalancamiento. Hemos llegado a ese punto.

 

- La deuda pública de EE.UU. alcanzó el 100% del PIB en 2025, con proyecciones del 150% para la próxima década.

 

- El servicio de la deuda consume más del 20% de los ingresos federales.

 

- La deuda pública mundial pasó del 60% del PIB en los 90 al 90% en 2025.

 

- Japón supera el 200%, Francia el 110%, Italia el 140%.

 

- Los rescates de 2009 y 2020-2022 trasladaron deuda privada a las cuentas públicas.

 

La Argentina profundiza su endeudamiento interno y externo, liquida reservas de oro y oculta transacciones sin autorización del Congreso ni control público. La vulnerabilidad se profundiza.

 

Ojos bien cerrados.

 

La pregunta no es cómo evitar la crisis, sino cómo distribuir sus costos. Y esa respuesta no depende de los mercados, sino de la política. Otros países entendieron el cambio de época:

 

Vietnam: No permitió enclaves industriales cerrados: obligó a las multinacionales a formar mano de obra local y desarrollar proveedores nacionales.

 

Alemania: Tras 2008 y la crisis energética 2022-2023, aplicó el Kurzarbeit: el Estado subsidió hasta el 67% del salario de trabajadores en empresas afectadas, evitando despidos masivos.

 

Corea del Sur: Tras la crisis asiática de 1997 y la global de 2008, combinó reformas estructurales con inversión en educación, I+D y diversificación industrial. Creó fondos soberanos y protegió sectores estratégicos. Pasó de país en crisis a potencia tecnológica en 20 años.

 

China: Demuestra que la sustitución de importaciones no es condena tecnológica, sino estrategia de desarrollo. Con disciplina estatal y visión estratégica, transformó un país pobre en una superpotencia en una generación.

 

Sendero ignorado.

 

Un grupo de países ha demostrado que es posible insertarse inteligentemente en la economía global sin subordinarse a un solo bloque hegemónico. Esta estrategia —hedging inteligente— consiste en diversificar socios estratégicos y negociar con todos.

 

Australia: Envía el 35% de sus exportaciones a China, pero mantiene una alianza militar de primer nivel con EE.UU. (AUKUS).

 

Singapur: Socio comercial clave de China y, al mismo tiempo, base logística estadounidense.

 

Vietnam: Atrae más de 40.000 millones de dólares de inversión estadounidense y europea entre 2022 y 2025, mientras China sigue siendo su mayor socio comercial.

 

Estos países demuestran que diversificar es autonomía y que negociar con todos los bloques genera crecimiento sostenido.

 

La Argentina vuelve a quedar desacompasada. Mientras el mundo se reorganiza, el país se aferra a una alineación automática con una potencia en declive, renunciando a oportunidades históricas con las potencias ascendentes.

 

Porque cuando los ciclos largos se cierran, no sobreviven los países más ricos: sobreviven los países que mejor entienden el cambio de época, y los que logran conservar su autonomía en medio de la tormenta.

 

Argentina, otra vez, parece elegir lo contrario.

 

* Ex Profesor Titular de la Escuela de Producción, Tecnología y Medio Ambiente. Disertante en Jornadas Técnicas Interdisciplinarias sobre Producción y Medioambiente. Universidad Nacional de Río Negro.

 

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