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Dos grandes que atravesaron montañas

Redacción 19/08/2026 - 00.12.hs

Si es cierto que a las revoluciones las hacen los pueblos, no es menor el liderazgo de aquellos hombres y mujeres que las han conducido. Recientemente, se cumplieron dos aniversarios referidos a dos gigantes de nuestra Patria Latinoamericana.

 

IRINA SANTESTEBAN

 

“Como si San Martín la mano pura a Martí familiar tendido hubiera.

 

Como si el Plata vegetal viniera con el Cauto a juntar agua y ternura,

 

Así Guevara el gaucho de voz dura brindó a Fidel su sangre guerrillera.

 

Y su ancha mano fue más compañera cuando fue nuestra noche más oscura.

 

Huyó la muerte. De su sombra oscura,

 

del puñal, del veneno, de la fiera, solo el recuerdo bárbaro perdura.

 

Hecha de dos un alma brilla entera.

 

Como si San Martín la mano pura a Martí familiar tendido hubiera”.

 

El bello poema de Nicolás Guillén traza un paralelo entre cuatro hombres que escribieron hermosas páginas de lucha por la Independencia y la Revolución en América Latina, en los dos pasados siglos.

 

Dos de ellos han sido recordados en estos días: el 13 de agosto Fidel Castro hubiera cumplido 100 años y el 17 fue el aniversario 176 de la muerte de José de San Martín. Argentino uno, cubano el otro, aunque sus luchas se dieron en siglos diferentes, tienen mucho en común, pues ambos soñaban con una Patria americana libre “de toda dominación extranjera”.

 

San Martín.

 

Según el historiador Felipe Pigna, el niño José Francisco fue cuidado por una niñera aborigen, Juana Cristaldo, quien “lo consentía demasiado”, según su madre, doña Gregoria Matorras. Quizás haya sido ese cariño recibido en su niñez, más sus ideas políticas, lo que le hizo expresar su reconocimiento, muchos años después, al papel que jugaron en su ejército los pueblos originarios, a quienes llamó “nuestros hermanos los indios”.

 

San Martín no fue un militar común, que se dedicó solo a la guerra contra el colonialismo español, también se involucraba en política. Integró la Sociedad Patriótica junto a Bernardo de Monteagudo y con Carlos María de Alvear fundó la Logia Lautaro, cuyos objetivos principales eran la Independencia y la Constitución Republicana. Por participar de la asonada militar que derrocó al Primer Triunvirato, se ganó el odio de Bernardino Rivadavia, secretario de ese organismo.

 

Tuvo su influencia en la Declaración de la Independencia, imprescindible para sus planes de liberación continental. “¿Hasta cuándo esperaremos para declarar nuestra independencia? ¿No es cosa bien ridícula acuñar moneda, tener el pabellón y escarapela nacional y, por último, hacer la guerra al soberano de quien se dice dependemos, y permanecer a pupilo de los enemigos?”, escribió a Godoy Cruz, diputado por Cuyo.

 

No fue solo militar, también gobernador y con excelente gestión en Cuyo, adoptando medidas que hoy podrían considerarse revolucionarias, vistos los presidentes de ultraderecha, cuasi fascistas, que gobiernan los países liberados por San Martín: Argentina, Chile y Perú. Fomentó la educación pública, la agricultura y la industria, y estableció un sistema impositivo equitativo, para que pagaran más los que más tenían.

 

En Perú también tomó medidas progresistas: abolió la esclavitud y los servicios personales impuestos a los pueblos originarios (mita y yanaconazgo). Reconoció la libertad de imprenta y de culto, creó escuelas y la biblioteca pública de Lima, todo en medio de dificultades económicas y militares.

 

La hazaña del cruce de los Andes, y su campaña libertadora, le han hecho merecedor del título de “Padre de la Patria”, y sin embargo, en lugar de ser recibido con los honores que merecía, tuvo que partir al exilio. Rivadavia, siendo ministro, le negó permiso para entrar en Buenos Aires para poder ver a su esposa, gravemente enferma. Y cuando finalmente pudo ingresar, ya Remedios había muerto sin poder despedirse de su esposo.

 

En el exilio, se mantuvo siempre al tanto de lo que acontecía en su patria, como cuando le ofreció a Rosas sus servicios militares en 1838, ante el bloqueo del puerto de Buenos Aires. Y luego lo felicitó por el enfrentamiento con la escuadra anglo-francesa en el combate de la vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845. Escribió: “Ahora los gringos sabrán que los criollos no somos empanadas que se comen así nomás sin ningún trabajo” y al morir le dejó a Rosas su sable corvo.

 

Fidel.

 

Fidel Castro fue uno de los grandes estadistas del siglo XX, cuyo legado sigue vigente en Cuba, país bloqueado por EEUU que continúa dando ejemplo al mundo de dignidad y resistencia.

 

Fidel logró unir el marxismo con los valores patrióticos, y por ello en Cuba se rinde culto a José Martí, héroe nacional y a otros como Carlos Manuel de Céspedes y Antonio Maceo. Así llevó a la práctica lo que escribiera el amauta peruano José Carlos Mariátegui: “El marxismo no debe ser calco ni copia sino creación heroica”.

 

Jamás se daba por vencido. Luego de la derrota en el Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, y habiendo sufrido bajas, fusilamientos y torturas, Fidel dio cátedra ante el Tribunal que lo juzgaba, cuando pronunció su brillante alegato: “Condenadme, no importa, la historia me absolverá”.

 

Luego de su liberación, partió a México, organizó la segunda etapa revolucionaria, y a bordo del yate Granma embarcaron 82 militantes del Movimiento 26 de Julio. El ejército de Batista conocía sus planes y los emboscaron, provocándoles una nueva derrota y dejando solo un pequeño grupo con 7 fusiles. Poco más de dos años después, el ejército guerrillero ingresaba triunfante en La Habana mientras el dictador escapaba ayudado por EEUU.

 

Fueron memorables sus discursos en Cuba y los foros internacionales. En los años ‘80 denunció la ilegalidad de las deudas que padecían los países de la región, y propuso un club de deudores para enfrentar las presiones del FMI y los acreedores. Nadie le hizo caso, cada gobierno negoció por separado, y en el caso de Argentina, de una deuda de 4.700 millones de dólares en 1971, actualmente es de 500.000 millones de dólares.

 

El gobierno de Cuba defendió la paz y un mundo mejor. El ejército de batas blancas fue a 160 países del mundo a salvar y curar personas, mientras EEUU y las potencias europeas de la OTAN mandan soldados, misiles y bombas. La Brigada Médica Internacional “Henry Reeve” creada en 2005 estuvo en 55 países durante la pandemia del COVID-19.

 

En la Expo Río 92, el 12 de junio de ese año, Fidel advertía: “Aplíquese un orden económico internacional justo. Utilícese toda la ciencia necesaria para un desarrollo sostenido sin contaminación. Páguese la deuda ecológica y no la deuda externa. Desaparezca el hambre y no el hombre”.

 

Más de 30 años han transcurrido y sus palabras siguen siendo sabias y proféticas.

 

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