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Miércoles 04 de marzo 2026

El discípulo bobo de Donald Trump

Por Redacción 04/03/2026 - 08.09.hs

La sustitución de importaciones fue una política de cuidado de las reservas que comenzó como respuesta a la crisis mundial de 1930 y a la consecuente escasez de divisas que aquejó a nuestro país en esos años. El reemplazo de los bienes de uso importados por otros de fabricación nacional permitió un ahorro que preservó al país de las crisis devenidas de depender casi exclusivamente de los precios internacionales de los commodities como la carne o los cereales.

 

Esa política dio origen a una vigorosa industrialización que a su vez multiplicó el empleo y dio origen a una dinámica de consumo impulsada por los crecientes salarios impulsados por las medidas de protección de los trabajadores y sus ingresos del gobierno peronista.

 

Era un círculo virtuoso de la economía porque la fabricación local de automóviles, electrodomésticos, maquinarias, herramientas, trenes, ropa, etcétera, impulsó a su vez una integración vertical de las industrias de los insumos como hierro, plásticos y combustibles y a su vez fortaleció las empresas comerciales, de logística, prestadoras de servicios, de distribución, etcétera.

 

La multiplicación del empleo creó a su vez un ejército de consumidores que retroalimentaban todo el circuito económico y aumentaban la producción.

 

Paralelamente, estos bienes industriales fabricados en el país dejaron de importarse o se importaron menos limitando así el uso de divisas para el consumo.

 

En términos de bienestar, los años de crecimiento de la fabricación local de bienes fueron los que permitieron mayores salarios y mejores niveles de consumo popular. La sustitución de importaciones basaba su dinámica en la existencia de aranceles proteccionistas como los que existían y existen en el mundo, y han vuelto revitalizados mucho más desde que asumió su segundo mandato el presidente republicano Donald Trump en Estados Unidos.

 

No es ningún misterio que cualquier país que quiera cuidar a su gente, su bienestar, su trabajo y sus ingresos, debe protegerlos de los bienes importados que compiten con los de fabricación nacional.

 

Trump, con su política de aplicarle altísimos aranceles a los bienes chinos, protege su industria nacional y al empleo norteamericano ante la avalancha de productos cuyos precios son asombrosamente bajos.

 

En la Argentina, curiosamente, el gobierno nacional, cuyo titular es admirador incondicional de Trump, parece empeñado en imitarlo en todo menos en lo más virtuoso de su política, esto es, en la protección que el presidente yanqui le da a sus industriales y trabajadores aumentando los aranceles de los productos importados.

 

Es larga la lista de industrias que han cerrado en la Argentina en los últimos dos años, desguazadas por la irracional política de rebajar o eliminar los aranceles a los productos importados. La consecuencia de este despropósito es doble: por un lado el país necesita endeudarse para aportar los dólares necesarios para comprar lo que hasta poco antes se producía en el país y, lo más trágico, el cierre de las empresas deja en la calle a miles de trabajadores y sus familias que no tienen posibilidades de insertarse nuevamente en el mercado laboral.

 

A la larga y dramática lista de empresas cerradas, en esta semana cayeron víctimas del industricidio, la icónica fábrica de ropa interior Dufour, la fábrica de electrodomésticos Peabody y una distribuidora de alimentos que echó a 300 empleados. Juntas, suman más de medio millar las familias que quedan en el desamparo.

 

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