El riesgo país que nadie mide
El riesgo país, decía un veterano periodista santarroseño, el verdadero riesgo país, no es el que miden los banqueros del JP Morgan cómodamente sentados en sus lujosos pisos de los edificios que rodean las ocho cuadras de la “calle del muro” en la isla de Manhattan, más conocida como Wall Street. El verdadero riesgo país, decía nuestro vecino, es el que afronta diariamente el argentino que vive aquí sin salvavidas, o sea, de su puro trabajo, comercio o industria.
Ese riesgo de vivir aquí y estar sujeto a las decisiones económicas que lo tienen como pato de la boda, ese riesgo que viven día a día la amplísima mayoría de los argentinos, no se mide. No hay banco ni fundación, ni consultora que le interese saber y enumerar en una escala, el riesgo que corre una familia por el solo hecho de vivir en la Argentina.
No es casualidad, pero es extraño, porque vivimos bajo un régimen político que presume de ser el gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo. Pero ese pueblo y sus sufrimientos y sus riesgos económicos, sanitarios, educativos, sociales, no parecen interesar a la ciencia económica ni a sus representantes pese a que esta ciencia se define como “humana” y, más específicamente, como una “ciencia social”.
¿Cómo es posible entonces, que una ciencia humana y social que se ufana de estudiar el comportamiento humano en relación con la producción, distribución y consumo de bienes, en un marco democrático, llame “riesgo país” no al que sufren los humanos de carne y hueso del país, sino a las expectativas usureras de las grandes corporaciones que concentran la riqueza del mundo a expensas del sufrimiento del resto.
Diariamente los medios de comunicación nos machacan desde la mañana a la noche con la evolución de lo que ellos llaman riesgo país que, en realidad, es un riesgo para el resto del mundo pero no para el país y sus paisanos. Porque llaman así al nivel de "peligro" que representa para los ricos del mundo y sus bancos, financieras, fondos de inversión, fondos buitres, etc. etc., prestarle dinero a la Argentina.
Si se mira bien, el riesgo país bajo, que es aplaudido por los vasallos representantes locales del sistema financiero internacional es inversamente proporcional al verdadero riesgo que significa para el argentino o argentina de a pié, vivir aquí.
Porque, en el caso del gobierno libertario y su intento de bajar ese riesgo, se hace a costilla de un ajuste brutal al bienestar de la población. Si logran bajarlo, no será porque los argentinos viviremos mejor, sino porque el ajuste ha sido tan brutal que le podemos pagar lo que los banqueros del mundo pretenden a costa de la sangre el sudor y las lágrimas del pueblo argentino.
La pregunta que es necesario formularse es si un riesgo país bajo las condiciones que vemos que se disminuye en la Argentina quitando recursos a asalariados, jubilados, hospitales, escuelas, rutas, malvendiendo represas, es para festejar. Si podemos celebrar que bajamos el riesgo a los banqueros mientras se lo aumentamos a la sociedad.
(Tal vez por eso, como decimos, no es casualidad que este riesgo país que involucra el bienestar de la población no se mida ni se publique).
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