¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Jueves 22 de enero 2026

En el país de Milei, sobran 25 millones

Redacción 22/01/2026 - 00.20.hs

El hoy olvidado Modelo Argentino para el Proyecto Nacional es considerado por muchos, el testamento político de Juan Domingo Perón, no por casualidad presentado ante el Congreso el Día del Trabajador del año 1974, dos meses antes de su muerte. Contenía las bases de un proyecto nacional que el líder había concebido en sus largos 18 años de exilio luego del golpe que lo derrocó en setiembre de 1955.

 

Era una apuesta a retomar el rumbo de sus dos primeros gobiernos, adaptados a la nueva realidad argentina y mundial, con el objetivo declarado de comenzar una reconstrucción nacional que tenía como condición para esa recuperación, lograr en 25 años duplicar la población y tener un país de 50 millones de argentinos.

 

La Argentina de esos años apenas arañaba los 20 millones de habitantes y Perón veía, acertadamente, detrás de este despoblamiento de un país tan extenso y rico en recursos naturales, los riesgos de no poder desarrollarse por la falta de mercado interno y, principalmente, la vulnerabilidad geopolítica que llevaría, anticipó Perón, a que otros países o intereses extranjeros intentaran ocupar las zonas más despobladas como la Patagonia.

 

Era una lectura inteligente de Juan Bautista Alberdi y su máxima, “gobernar es poblar” con la premisa de que el crecimiento debía ser, ante todo, distribuido.

 

Menos de dos años después, un golpe de Estado abriría las puertas a uno de los períodos más oscuros de la historia nacional. La excusa para esta irrupción militar sangrienta fue el “combate a la subversión”, pero las características de esa represión y el papel central que jugó la transformación de la economía, puso en claro que lo que se pretendía era frustrar las aspiraciones de que ese proyecto nacional contenido en el Modelo Argentino llegara siquiera a esbozarse.

 

Fue la irrupción anticipada en el país de los “intereses extranjeros” que impusieron la Patria Financiera y su forma de apropiación parásita de la producción y el trabajo nacionales.

 

La recuperación democrática diez años después no alcanzó a desarmar ese cepo al desarrollo nacional que fueron las políticas neoliberales de los militares y sus civiles cómplices y reforzaron los experimentos menemista, delaruista y macrista y, con mayor énfasis, la entrega total de aquéllas banderas en este turno libertario que hoy sufrimos.

 

Endeudamiento, desindustrialización, concentración de la riqueza, primarización de la economía, destrucción del empleo, destrucción de los ingresos de asalariados, pymes, jubilados, muestran una realidad que es lo contrario de aquél proyecto de reconstrucción nacional que hace medio siglo intentó convertir Argentina en una Potencia.

 

La Argentina que hoy vota a estos destructores del Estado Nación, no tiene lugar para los 50 millones de habitantes. Un cuarto de siglo después que lo soñado por el líder, los 50 millones de habitantes son un estorbo para un proyecto de país que es lo contrario a lo que soñaba Alberdi.

 

A la Argentina libertaria le sobran 25 millones de habitantes. No en vano el presidente ya no cita a Alberdi como lo hacía cuando engrupía giles electorales.

 

'
'