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Viernes 10 de abril 2026

En su propia trampa

Redacción 10/04/2026 - 00.17.hs

Poco a poco las fanfarronadas del presidente de los Estados Unidos van siendo diluidas por la realidad. La guerra que se iba a terminar en una semana, a la que se sumaría un levantamiento de las masas populares contra el régimen iraní, lleva ya más de un mes. En ese tiempo EEUU solamente ha cosechado el odio del pueblo iraní ante los bombardeos a objetivos civiles, mientras la necesidad de dominar Groenlandia ha chocado con la resistencia de la OTAN y el absurdo cambio de la toponimia histórica provocó risas soterradas en la comunidad internacional, que no la aceptó y, mucho menos, puso en práctica.

 

No menos importante es que el dominio del estrecho de Ormuz quedó largamente postergado ante la presión de los aliados que dependen del petróleo de Oriente.

 

Esto, por citar solamente algunas de sus fanfarronadas. En el orden personal, al ridículo de algunas de sus presentaciones en público se suma su comprobada participación en el caso Epstein, cuyo final se verá cuando deje la Presidencia. Sin que esté todo dicho, sea que devenga una paz endeble o que prosiga la guerra, todo parece indicar que Irán seguirá controlando el Estrecho de Ormuz y desarrollando su programa atómico.

 

Pero este loco –admirado e imitado por el presidente de Argentina— acaba de pasar un límite al afirmar recientemente que en una jornada podría borrar toda una civilización, en obvia alusión a Irán y su milenaria base persa. Esta increíble barbaridad presupone algo así como el fin del mundo porque los países que él considera enemigos (Rusia, Corea del Norte y, sobre todo, China) no permitirían semejante sacudón a la geopolítica actual sin tomar represalias. De hecho, como al descuido, los bombardeos estadounidenses han tocado el ferrocarril iranio-chino, una de las principales vías de abastecimiento de petróleo que tiene el gigante asiático.

 

¿Es que alguien puede creer que, en caso de que Irán fuera ocupado, China aceptaría pasivamente tener a los norteamericanos tan cerca de sus fronteras? Y lo mismo puede decirse de Rusia que, desde la desaparición de la Unión Soviética, acaso haya perdido presencia pero sigue siendo el país que cuenta con más cabezas nucleares en el mundo.

 

Mal que le pese, Trump ha quedado atrapado en su propia trampa, al inmiscuirse en una guerra provocada por Israel. Al respecto, no es creíble que sus asesores, peligrosos y desbocados, no le hayan advertido que el alcance que tienen los misiles actuales con que cuentan sus potenciales enemigos han acabado con el aislamiento bélico que brindaba a su país el océano que media entre los hemisferios. Estremece que el presidente Milei con sus declaraciones haya embarcado a una Argentina débil y hambreada como posible aliada y participante de una confrontación que, al margen de su condición absurda y peligrosa, nada tiene que ver con los intereses del país.

 

Antes de repetir las bravatas vertidas en los últimos tiempos, tanto a Trump como a quienes lo asesoran y alimentan sus fantasías, les convendría recordar las palabras de Albert Einstein: si se llegara concretar una tercera guerra mundial con armas nucleares, la cuarta se librará con palos y piedras…

 

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