Viernes 09 de diciembre 2022

Hasta siempre, Hebe

Redacción 22/11/2022 - 12.50.hs

Hay personas que a su partida existencial de esta Tierra legan la lucha inclaudicable que sabemos continúa, aquí y en el nuevo plano que las recibe, festivo.

 

*VICTORIA SANTESTEBAN

 

A la congoja por la desaparición física de Hebe de Bonafini, se la aplaca con la confianza de su reencuentro en abrazo sideral tan postergado, con quienes la esperaban en ese más allá y desde el que ahora guía la militancia.

 

Una marcha de despedida en un Buenos Aires lluvioso. Cartas políticas que recuerdan su amor de madre en la lucha por los derechos humanos. Se decretaron días de duelo, para el recuerdo reflexivo de quien abandonó este plano a sus 93 años, militando hasta los últimos instantes de existencia terrenal. Saludos de todo el mundo, literalmente, incluido el papa Francisco, con quien se limaron las asperezas acumuladas luego de un viaje de Hebe al Vaticano.

 

Las asperezas también las dejó a un lado Estela de Carlotto, quien con lecciones de amor encuentra las palabras justas, esas que no dan lugar a la tergiversación discursiva, a la especulación ni al aprovechamiento ponzoñoso siempre atento, incluso en pleno luto nacional. Entonces Estela recordó las diferencias imposibles con Hebe, pero que de ningún modo las volvía enemigas: “No coincidíamos en absolutamente en nada en muchas cosas, pero fue una mujer reconocida por el mundo entero y es una mujer que se dedicó a pregonar la necesidad de la condena a los responsables, de buscar a los que no volvieron”. “Una rebelde con causa”… que “partió, pero no se fue: está presente entre nosotros”, la despide Adolfo Pérez Esquivel.

 

Tierna Incomodidad.

 

Escribe para revista Anfibia Diego Taitán, y habla de un legado de incomodidad que nos deja la activista de derechos humanos, una incomodidad como herencia que ha sido su mayor contribución democrática: “Nos deja como herencia esa incomodidad, esa lengua siempre fuego como memoria a la que recurrir cuando la política, la vida, nos exponga a momentos de adversidad.”

 

Frente a esa incomodidad evidente y legada de Hebe, su amigo Juan Carlos Molina, por su parte, se queda con el legado de la ternura: “como decía ella, la ternura es capaz de pelear por los hijos de otros. Yo la definiría así, la ternura que grita. Ese es su legado”.

 

Madre. "Cada Madre hicimos en conjunto el colectivo más impresionante que vivió hasta ahora el mundo de los derechos humanos. Un colectivo de mujeres que solo estábamos acostumbradas a cocinar, atender la familia y mandar los chicos al colegio y de golpe nos pasó esto" recita Nora Cortiñas, titular de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Amigos y amigas de la militante de derechos humanos coinciden en la elección de una palabra que la describa: madre. Hebe ha sido -y continúa siendo- una madre que acobija la vida, con ternura aguerrida, con valentía intransigente, con ejemplo gráfico de lucha al marcar el paso en la marcha para el no olvido ni el perdón. Para la memoria imprescindible de todo pueblo que se quiere libre y democrático. La madre que enseña de militancia con pañuelo y sin tapujos, con la incomodidad de decir lo que no se pronuncia, convencida de que la lucha es con el cuerpo y con el alma, o no es. Hebe nos recuerda de las contradicciones propias de cada humanidad y de las diferencias de toda causa, y recuerda así la esencia misma del pacto democrático: tolerancia de las diferencias, diversificación de las ideas y los sentidos, para una convivencia planetaria que no conozca de odios ni rencores, y se disponga a expandirse en libertad.

 

Democracia.

 

Hebe ahora desde otro lugar nos recuerda la democracia que supimos conseguir, la que se construye a diario, la que nos robustece hasta volvernos invencibles. La democracia que permite la vida digna y feliz que todos y todas merecemos. El legado de Hebe es entonces lucha combativa que no descansa, que insiste en la memoria porque sabe de los riesgos del olvido.

 

Hebe desparramó amor y abrazos maternales a un pueblo necesitado de ternura. La madre eterna, no en los términos patriarcalmente aceptados, de relegamiento a la domesticidad hogareña y esclavizante. No es esa maternidad obediente que sirve a la opresión ensimismada la encarnada por Hebe. Es la disruptiva que sale de casa en busca de sus hijos, y de los hijos de las otras madres que también salieron de esos hogares de destino para ocupar un espacio público todavía con reserva de exclusividad masculina.

 

Hebe es la mamá en esa trinchera, movida por la valentía que ni ella sabía le corría por las venas. Es resistencia firme, amor incondicional que guía el paso de la marcha inclaudicable. La marcha que, sabía, la llevaría a los abrazos arrancados. La marcha acompañada de otros abrazos, con otras mujeres también en lucha. "La memoria no tiene que quedarse en el pasado, sino que debe iluminar el presente", indica Pérez Esquivel en esta despedida a Hebe de este plano. Desde aquí, confiamos en que nos iluminará los pasos terrenales y nos atajará los tropiezos.

 

*Abogada, Magíster en Derechos Humanos y Libertades Civiles

 

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