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Kristalina Georgieva y su elogio del ajuste

Redacción 29/07/2026 - 00.44.hs

La máxima autoridad del Fondo Monetario Internacional llegó para bendecir la política económica de Javier Milei, asegurar nuevas medidas como la reforma jubilatoria y visitar Vaca Muerta.

 

IRINA SANTESTEBAN

 

La directora gerente del FMI estuvo lunes y martes en Argentina con un claro mensaje: el explícito respaldo al gobierno de ultraderecha de La Libertad Avanza, y asegurarse que se sostenga el programa económico cuyos costos está padeciendo el pueblo trabajador.

 

Su visita al yacimiento de petróleo y gas Vaca Muerta, vestida con mameluco y el casco de YPF (si viviera Mosconi!), como si fuera la dueña, es fiel reflejo del modelo de país que el Fondo pretende para Argentina: exportador de recursos naturales para generar las divisas necesarias que permitan pagar la deuda externa.

 

FMI.

 

Nuestra historia reciente está atravesada en diferentes períodos por este organismo multilateral de crédito, que es en realidad un instrumento más de los Estados Unidos, para someter a países dependientes, en particular a los de su “patio trasero”. Por ello, el país del norte tiene el mayor porcentaje de votos y el único poder efectivo de veto dentro de su Directorio Ejecutivo. Los intereses del FMI no son “multilaterales”, sino que representa los intereses estratégicos de Washington.

 

Argentina y la mayoría de los países latinoamericanos sufrieron severos programas de ajuste en los años ochenta, mientras el presidente cubano Fidel Castro llamaba -sin ser escuchado - a los gobiernos a unirse en un “club de deudores” para resistir esas políticas imperialistas. En los noventa, con el gobierno menemista, fue la entrega de las empresas públicas, la apertura al capital financiero y las reformas económicas que dispararon el desempleo y la pobreza, hasta el estallido del Argentinazo de diciembre de 2001.

 

Más deuda.Y como el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, luego de la desvinculación del FMI que promovió Néstor Kirchner en 2005 -pagando toda la deuda -, el gobierno de Mauricio Macri retornó con un endeudamiento récord en 2018. Fue el mayor préstamo otorgado en toda la historia del FMI -57.000 millones de dólares, de los cuales desembolsaron 44.500 -, excediendo incluso sus propias normas internas, pues el crédito otorgado no guardaba relación con la cuota que le correspondía a Argentina dentro del organismo. ¿Para qué sirvió? ¿Para construir hospitales, rutas, o para modernizar la industria? Nada de eso, su destino principal fue sostener la fuga de capitales y financiar la salida de inversores privados, entre ellos funcionarios del gobierno macrista y parientes del ex presidente. A pesar del enorme perjuicio que le ocasionaron al país, ninguno fue juzgado ni está preso.

 

Lamentablemente, lejos de investigar la deuda fraudulenta heredada, el gobierno de Alberto Fernández optó por renegociar el acuerdo y reconocer esa obligación mediante un nuevo programa, condicionando nuevamente la economía del país, a través de revisiones periódicas, metas fiscales y reformas estructurales. Eso es lo que vino a hacer Kristalina Georgieva.

 

Encantada con Milei.

 

En todas sus intervenciones, la funcionaria felicitó al gobierno por el ajuste fiscal, elogió las reformas implementadas por Milei y sostuvo que el país debe profundizar ese camino. Y detrás de ese discurso elogioso de la supuesta estabilidad macroeconómica, aparecen las verdaderas exigencias: nuevas reformas tributarias, modificaciones en la Carta Orgánica del Banco Central y, especialmente, una profunda reforma previsional. Está clarito el rumbo y quiénes serán los que paguen por esas reformas.

 

Porque cuando el FMI habla de "disciplina fiscal", millones de trabajadores sufren salarios congelados y pérdida de su poder adquisitivo. Cuando exige reducir el gasto público, las consecuencias aparecen en hospitales desfinanciados, recorte del presupuesto para las universidades, obra pública paralizada y jubilaciones cada vez más paupérrimas.

 

Argentina es en la actualidad el mayor deudor individual del FMI, con una suma de aproximadamente a 57.750 millones de dólares, a pesar de lo que se viene pagando desde el acuerdo de 2022. Es el 34,5 % de la cartera total de créditos pendientes del Fondo en todo el mundo

 

Lo que se viene.La reforma previsional es hoy una de las principales exigencias del FMI. No es casual, pues para el FMI, el sistema jubilatorio representa un “gasto” que hay que reducir. Pero para el pueblo argentino constituye un derecho conquistado durante décadas de luchas sociales, reconocido en la Constitución Nacional.

 

Todo lo que es elogio para el Fondo, para las mayorías populares es más pobreza y penurias. No es “relato”, lo confirman las propias estadísticas oficiales: el cada vez más profundo deterioro del mercado de trabajo. La informalidad crece, el empleo registrado pierde terreno y los nuevos puestos son mayoritariamente precarios. Esa realidad no es una consecuencia inesperada del programa económico: es, precisamente, uno de sus resultados más visibles. Y aunque nadie le crea, la propia Georgieva reconoció durante su visita la preocupación por el incremento de la informalidad laboral, fenómeno que deriva de las mismas políticas de flexibilización y ajuste que el organismo viene promoviendo desde hace décadas.

 

Mientras tanto, Vaca Muerta aparece como la gran esperanza oficial. No para industrializar el país ni para mejorar las condiciones de vida de la población, sino para garantizar el ingreso de los dólares necesarios para seguir pagando una deuda que condiciona el presente y el futuro de nuestra gente.

 

Apoyo a Milei.

 

Mientras en los despachos oficiales hay sonrisas y agasajos para con la representante del FMI, afuera, la realidad es muy diferente. La imagen del gobierno y del propio presidente, continúa su curva descendente, mientras crece el malestar social, aumenta la población en situación de calle, el consumo se desploma y más temprano que tarde esa situación se manifestará en las calles, a pesar de la traición de parte de la oposición -que le ha permitido aprobar leyes en el Congreso – y de la abulia que hoy exhibe gran parte de la dirigencia sindical.

 

Ante este panorama, Georgieva vino a la Argentina, no solo a ratificar el rumbo económico y a exigir más medidas en el mismo sentido ajustador, sino a sostener a un gobierno que se desmorona y que no tiene asegurado un triunfo en las elecciones presidenciales del año que viene.

 

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