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Miércoles 07 de enero 2026

La Argentina siniestra

Redacción 07/01/2026 - 00.21.hs

En estos días el país asiste a las maniobras financieras del gobierno de Javier Milei que toma más deuda para pagar la que tomó su socio Mauricio Macri y él mismo. Es la estrategia de huir hacia adelante. Deuda para pagar deuda. Todo con un fondo de ajuste sin precedentes que quita recursos a la salud, la educación, la ciencia y la obra pública, teóricamente en aras de lograr un supuesto superávit y, de esa forma, tener recursos genuinos para pagar la deuda.

 

La realidad cotidiana muestra que esta política está fallando. Pese al fenomenal ajuste, el gobierno no logra las reservas para pagar. ¿Cómo es posible? ¿Adónde van a parar los dólares? Algo no cierra en la lógica de esta política económica. Porque, si hay superávit y el gobierno no se beneficia de él y solo puede pagar las deudas tomando más deuda, la conclusión es clara: todo el sufrimiento al que se somete a la mayor parte de la sociedad con el ajuste es en vano.

 

El ajuste no solo está destruyendo la educación y la salud y amenazando ese camino de ascenso social histórico que es la universidad pública. La realidad muestra que la producción fabril va en picada y que el comercio lleva meses de caída tanto en comercios minoristas como en grandes superficies. Los consumos de carne, leche y pan se han reducido a niveles nunca antes vistos y los niveles de esparcimiento medidos en número de turistas, o entradas en cines o espectáculos, no repuntan y, al contrario, llevan una tendencia declinante.

 

Los dólares se van en la construcción de un país dependiente y con una capa cada vez más fina de clase media con niveles de bienestar que antes se extendían a buena parte del espectro social.

 

El año que pasó muestra que las importaciones se llevaron 70.000 millones de dólares en detrimento de la producción local de bienes que sufren la competencia sin protección alguna. Cierran sus puertas o se reconvierten en importadores, como le pasó a la fábrica de ollas de cocina de mayor calidad que anunció el despido de decenas de empleados y la conversión de fábrica a importadora.

 

Otro camino por el que se van los dólares es por atesoramiento, turismo o compra con tarjeta en el exterior, focalizados en una clase social cuyos ingresos aún no han sido cortados de tal forma que siguen gozando de cierto bienestar, atados no pocos de ellos a los hoy en decadencia derechos laborales.

 

Es esta clase la que marca el tono de época que pese a tener a su alcance las fuentes informativas que señalan lo precario del rumbo, sigue bailando sobre la cubierta del Titanic libertario.

 

No hay explicación a este comportamiento negador desde la racionalidad política o el análisis económico de los indicadores.

 

Solo el deseo de vivir el presente sin medir las consecuencias futuras de patear la crisis para adelante endeudando al país a niveles de asfixia pueden dar alguna respuesta, si no racional, al menos sicológica.

 

La realidad analizada con los datos fríos y las políticas económicas y financieras que se llevan a cabo para ocultar el déficit real es tan aterradora hacia el futuro que buena parte de la sociedad prefiere hacer lo que Leonardo Di Caprio en el papel de Teddy Daniels, el personaje de ficción de la película “La Isla Siniestra”, que esconde a un paciente siquiátrico que se niega a ver la realidad porque le resulta insoportable. Algo de isla siniestra puede rastrearse hoy en la Argentina.

 

Una buena parte de la sociedad hace la gran Teddy Daniels para simular cierta normalidad presente aunque todo indique que la siniestra realidad económica nos lleva inexorablemente a los desenlaces que ya vivimos en los últimos experimentos neoliberales endeudadores.

 

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