Miércoles 12 de junio 2024

La dinosauria

Redacción 24/09/2023 - 17.23.hs

Estamos ante una provocación de una persona que solo busca conseguir votos, pero también, en el caso que sea elegida, La Libertad Avanza puede poner en riesgo la democracia. Por eso y más que nunca, como dijo Estela, “no nos vamos a quedar calladas”.

 

Horas antes de sentarme a escribir estas líneas se desarrollaba la audiencia número 27 del juicio por mi apropiación. El imputado es mi tío: ex integrante del grupo de tareas 3.3.2 de la ESMA, Adolfo Miguel Donda Tigel. A él le pido conocer dos datos que mi historia todavía no pude esclarecer: mi fecha de nacimiento, y dónde están mi mamá y mi papá.

 

Este pedacito de historia personal es parte de la historia de nuestro país, de un capítulo que intentamos esclarecer desde hace 40 años. De eso quiero hablar: de poder arrojar luz y asomarnos a ver.

 

Porque, entre otras cosas, que estas personas hagan hoy tanto ruido, consigan muchos votos y se animen a revindicar la dictadura a 40 años de recuperada nuestra democracia es consecuencia de que no supimos condenarlas a tiempo, antes de que pasen de ser panelistas de la TV a candidatos a presidente. Independientemente de cómo decante el proceso electoral en curso, esta es una autocrítica profunda y le cabe, creo, a todo el campo nacional, popular y democrático.

 

Desaparecidos.

 

Pero retornemos al punto. De dónde vengo es público: soy hija de María Hilda “Cori” Pérez y José Laureano Donda, que en los ‘70 formaban parte de Montoneros y que aún hoy se encuentran desaparecidos. Nací en el campo de concentración más importante de la Argentina, la ESMA. Gracias a Abuelas de Plaza de Mayo y su incansable búsqueda recuperé mi identidad en 2004. Soy una de las 133 nietas y nietos recuperados.

 

Victoria Villarruel, lejos de los flashes durante toda su vida, supo ser un títere de los represores que operó desde las sombras, visitándolos en las cárceles y haciendo lobby activo a favor de su impunidad.

 

Hoy lo hace a viva voz, salió de la sombra, pero ocultando ese pasado oscuro. Villarruel quiere hacerse conocida, pero hay muchas y muchos que ya la conocemos bien: sabemos quién es, los intereses y entramados que oculta y tiene detrás.

 

Primero, Villarruel oculta a su familia militar: Eduardo, padre de la candidata a vicepresidenta, fue jefe de la compañía de Comando 602, y su abuelo fue contraalmirante. Pero el Villarruel que oculta particularmente Victoria es a su tío, Ernesto Guillermo.

 

Ernesto Villarruel era oficial de Inteligencia y tenía oficina propia en el centro clandestino El Vesubio. Como jefe de la División II de Inteligencia del Regimiento de Infantería 3 de La Tablada, el tío de la candidata ordenó operativos en los que desaparecieron personas. Cuando el juez Daniel Rafecas ordenó su detención, se dio a la fuga y estuvo prófugo, pero con trabajo: oficiaba de inspector de Higiene y Seguridad Alimentaria del gobierno porteño, comandado por Mauricio Macri. Fue detenido en 2015 cuando fue a votar. Logró eludir a la Justicia aduciendo que tiene Alzheimer, algo común entre los genocidas que en vez de pruebas entregan partes médicos.

 

Cobardes.

 

Así de cobardes son y así, cobardemente, siguen operando hoy, a través de personas como la candidata a vicepresidenta de Milei: sin pruebas, porque la Justicia ya los condenó, y ahora organizando actos en lugares públicos y atacando a nuestras Madres y Abuelas. No nos tienen que preocupar, sino ocupar.

 

Queda claro que en vez de a Estela de Carlotto, Villarruel prefiere a los Etchecolatz (su nombre aparecía en su cuaderno), a los Videla y a otros genocidas que visitaba asiduamente.

 

Que no nos queden dudas desde dónde habla entonces Villarruel: no es familiar de víctima, sino familiar y cómplice de represores condenados por la Justicia. No quiere justicia, sino impunidad. No quiere la libertad, sino el terrorismo de Estado. No es negacionista, es apologista. No quiere memoria completa, sino que oculta su pasado. Y no habla por sí misma, sino que es un títere de quienes desaparecieron, torturaron y mataron a 30.000.

 

Confío y trabajo todos los días para que la Justicia termine condenando a los responsables de mi apropiación, así como se condenó a cientos de militares por la apropiación de otros bebés, para que los juicios en curso continúen y los genocidas cumplan sus penas en cárcel común y efectiva.

 

En algunos días más volveré a declarar. Porque estoy parada en el mismo lugar de siempre: en el del compromiso por la verdad.

 

Y seguiré trabajando y militando para que la memoria alcance a aquellos que dudan de que los dinosaurios siguen presentes y que hay que combatirlos, ahora y siempre.

 

De ese modo personas como Villarruel también conocerán el fin de su impunidad. (Por Victoria Donda, extractado de El Cohete a la Luna).

 

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