Lunes 06 de febrero 2023

Los enemigos de la Celac

Redacción 26/01/2023 - 00.34.hs

La reunión de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) realizada en nuestro país fue un éxito rotundo. Por primera vez desde la creación del organismo en 2011 participaron los 33 países miembros que la integran, y todos ellos suscribieron un documento final con definiciones muy claras contra el bloqueo estadounidense a Cuba y en favor de la soberanía argentina sobre las Malvinas, entre muchos otros puntos.

 

La presencia del presidente de Brasil, en su primer viaje al exterior desde su reciente asunción, le dio brillo al encuentro, como también la asistencia de otros 14 jefes de Estado de la región, un número significativamente alto. Los representantes sesionaron a puertas cerradas pero trascendieron las intervenciones de varios presidentes y cancilleres. Como era de prever en un foro con tantos integrantes hubo coincidencias y discrepancias, aunque las primeras fueron mucho más amplias que las segundas; de hecho se logró consensuar un documento único que contiene nada menos que 111 puntos.

 

No debe olvidarse que la Celac nació en Venezuela cuando en la región había presidentes como Hugo Chaves, Rafael Correa, Evo Morales, Lula da Silva, José Mujica, Raúl Castro y Cristina Kirchner entre otros. En ese clima general de gobiernos progresistas prendió rápido la idea de crear una organización que abordara las cuestiones regionales con mirada propia y libre de la tutela de Washington, que tan ostensiblemente se impone en la Organización de Estados Americanos. De hecho, el mensaje de Joe Biden leído en esta última reunión muestra abiertamente sus preferencias por la OEA. Esa visión de la Casa Blanca es línea editorial para la derecha mediática y orden estricta para la derecha política. Por eso desde Juntos por el Cambio y los grandes medios porteños se hizo lo imposible por boicotear el encuentro de la Celac. Las declaraciones disparatadas de la dirigencia macrista y las no menos disparatadas coberturas periodísticas de la prensa corporativa lo dejaron muy claro.

 

La desmesurada repercusión que le dieron a las expresiones de un presidente, el uruguayo Luis Lacalle Pou, va en línea con lo señalado. Apuntar con el dedo qué países tienen o no gobiernos democráticos, o respetan o no los derechos humanos es el deporte preferido de la derecha. El modelo que usan para esa discriminación es “made in USA”, por eso no dicen una palabra de la ominosa prisión de Guantánamo, instalada por Estados Unidos en territorio usurpado a Cuba.

 

Un tema central en la agenda de la Celac tampoco es del gusto del paladar reaccionario. La no injerencia en los asuntos internos de un país es un principio aceptado por el organismo desde su fundación. Para quienes naturalizan o defienden la intervención de EEUU en cualquier parte de este “patio trasero” latinoamericano, esa definición de política internacional es una herejía difícil de digerir. La rapidez con que un gobierno es calificado como “dictadura” o acusado de “violar los derechos humanos” es funcional al intervencionismo hegemónico, una estrategia que la Casa Blanca, la OEA y las derechas latinoamericanas defienden sin problemas de conciencia.

 

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