Preguntas sin respuestas
Ya con el espantoso crimen de la maestra correntina casi completamente esclarecido, el caso deja abiertos otros aspectos dignos de ser considerados. Y son casos que están fuera de lo estrictamente judicial y se relacionan con lo humanitario.
Es que desde el mismo principio de desaparición de la docente se supieron las condiciones laborales en que debía desempeñarse: llegada a un lugar –puesto rural- desde donde una persona debía acompañarla a caballo hasta la escuela durante ¡¡una hora y media de tránsito!! a través de zonas de bañados, escasas de senderos y habitantes. Llegar era arribar a una escuela en pésimas condiciones habitacionales y sanitarias, donde debía pasar la semana pernoctando en el edificio, para después repetir un regreso problemático, similar a la ida. También la situación administrativa de la escuela parecía dejar dudas, con una licencia confusa del anterior maestro y la falta de verificación -o interés- de las autoridades del área. La cercanía habitacional de un empleado rural sensible a las bebidas alcohólicas y agresivo en esas condiciones agregaba un detalle más que inquietante. ¿Los alumnos? Muy pocos, tres por lo que se sabe aunque podrían ser más, compartiendo las desdichas de su maestra.
Se impone una pregunta: ¿si la condición del campo es la de una estancia –una gran estancia a estar por la mención de que cuenta con varios puestos- ¿no les cabe al menos una mínima responsabilidad a los propietarios, siquiera de proporcionar un acceso adecuado? ¿cuántos niños hay en el establecimiento y en qué condiciones educacional se encuentran? ¿qué dice la Ley correntina respecto la educación…? Son preguntas que parecen quedar sin respuestas, libradas –una vez más- al reclamo triste e indignado de los colegas de todo el país ante este suceso que vuelve a ejemplificar la situación de la educación en la Argentina.
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