Como cordero entre lobos
En la Argentina, la disputa entre “lobos y corderos” adquiere una densidad histórica particular a través del Justicialismo.
*Silvio J. Arias
La próxima visita de Su Santidad León XIV a nuestro país, significa para los justicialistas católicos, una actualización doctrinaria que renueva la fe y la esperanza de alcanzar mediante gobiernos materiales y espirituales, ese bienestar general que todos merecemos por ser hijos de Dios. El contenido cristiano del justicialismo -valores y propósitos-, es quizás su componente más distintivo y extraordinario, frente a otras de la política nacional ya que, a su doctrina política popular, le suma un anclaje humanista y espiritual superador.
En su origen bíblico (Lucas 10:3) la frase “como cordero entre los lobos”, describe la paradoja de la vulnerabilidad humana, frente a las hostilidades generalmente egoístas del entorno. Llevada al terreno de la acción social, la militancia o la convicción intelectual, evoca el desamparo que enfrentan quienes pretenden transformar la realidad desde una perspectiva ética o crítica: caminar en medio de estructuras conservadoras, intereses corporativos y lógicas de poder que arrastran todo a su paso, armados únicamente con la coherencia de sus principios aplicados a la vida cotidiana. Jesús retoma una figura emblemática del Antiguo Testamento —el lobo como amenaza y opresión y el cordero como vulnerabilidad e inocencia— para aplicarla a la misión política y espiritual que le tocaba desempeñar: en un mundo regido por la fuerza, el enviado debe actuar sin violencia, compensando su fragilidad con prudencia y convicción. El traslado de esta metáfora a la política —tanto en el plano global como en la actualidad argentina— permite analizar el choque entre dos concepciones antagónicas del orden social, el poder y la condición humana.
Mercado vs. sociedad.
En la política y economía internacional contemporánea, la tensión analizada desde espacios de representación popular como el justicialismo, contrapone dos paradigmas éticos y políticos. El paradigma neoliberal o libertario, concibe a la sociedad como un mercado de individuos competidores donde el éxito personal, la maximización de la ganancia privada y la eficiencia financiera son los únicos motores del progreso. Desde esta visión, la vulnerabilidad de los sectores populares no se interpreta como una injusticia planificada, sino como un fracaso de adaptabilidad individual.
El paradigma popular y humanista, sitúa a las personas y su dignidad intrínseca por encima de la acumulación de capital. Bajo este enfoque, el Estado no es un obstáculo, sino una herramienta indispensable de justicia distributiva, destinada a tutelar al más débil, frente al avance poderoso de las fuerzas del mercado.
En la Argentina, la disputa entre “lobos y corderos” adquiere una densidad histórica particular a través del Justicialismo, doctrina que comparte con el cristianismo la premisa de que el ser humano posee una dignidad inalienable. En el lenguaje político popular, el “cordero” representa a los sectores vulnerables, a la clase trabajadora y a las grandes mayorías que carecen de capital concentrado para defenderse individualmente. La intervención del movimiento popular buscó dotar a esta masa de derechos (laborales, sociales, educativos) para rescatarla del desamparo y garantizar su movilidad social ascendente. Los “lobos” encarnan a las vertientes conservadoras o de extrema derecha que, al gobernar, promueven la desregulación, la flexibilización laboral y el repliegue del Estado de sus obligaciones constitucionales. Bajo esta dinámica, la búsqueda exclusiva del beneficio privado desprotege el tejido social, exponiendo al ciudadano común a las reglas de un mercado financiero y de concentración económica que no domina, no elige y simplemente padece.
Doctrina.
El punto de encuentro más profundo entre el cristianismo y el justicialismo no reside únicamente en una coincidencia táctica frente a la adversidad, sino en una misma arquitectura ética sobre la condición humana. Ambos paradigmas conciben la vida social como una búsqueda inseparable de desarrollo material y elevación espiritual: la satisfacción de las necesidades terrenales mediante el trabajo digno es la condición indispensable para que el espíritu humano pueda florecer libre de la servidumbre. En definitiva, el encuentro entre fe y doctrina popular no busca construir un dogmatismo, sino asegurar un orden justo donde la abundancia material y la realización espiritual caminen juntas al servicio del bien común.
Retomando aquella enseñanza bíblica completa (“Sed astutos como serpientes e inocentes como palomas”), su traducción política sugiere que defender la causa de los vulnerables y la justicia social exige más que buenas intenciones éticas. Implica mantener al ser humano en el centro de la acción política sin ceder a la «cultura del descarte» ni a la corrupción de los valores comunitarios. Exige anclar el proyecto en la justicia social, la educación y la salud pública, preservando la solidaridad y la coherencia doctrinal, frente a la anomia y la desafección ciudadana generadas intencionalmente para aplacar protestas opositoras. También requiere comprender el funcionamiento de los poderes económicos, mediáticos e internacionales, para construir alternativas populares sólidas. Estas deben disputar el sentido común con una propuesta productiva eficaz que sostenga las conquistas sociales adquiridas, frente a los embates libertarios violentos, inhumanos y empobrecedores.
Por ello es indispensable consolidar para 2027, un armado federal articulado (gobernadores, intendentes, sindicatos), recordando que los principios sin poder son impotentes, y el poder sin principios es destructivo, como es evidente en el régimen libertario argentino. El desafío consistirá en equilibrar la transparencia ética que protege lo humano, con la profesionalidad política para gobernar con eficacia y legitimidad. ¡El justicialismo podrá!
*Prof. en Ciencia Política – Afiliado PJ La Pampa.
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