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Martes 12 de mayo 2026

Preparativos para el mileísmo sin Milei

Redacción 12/05/2026 - 00.16.hs

La idea de que “la política” no es otra cosa que “la política electoral”, ha sido puesta en entredicho como nunca antes bajo el experimento de Javier Milei.

 

SERGIO SANTESTEBAN

 

El círculo rojo le soltó la mano a Javier Milei pero no a su modelo. Una reciente columna editorial de La Nación -vocera del establishment criollo- fue muy clara al respecto; las sinuosas derivas de Patricia Bullrich, quien ya olfateó sangre, también lo indican; Mauricio Macri ha reaparecido con ínfulas, mantiene reuniones con los empresarios más poderosos e influyentes y le dio directivas a su tropa en el Congreso para que voten por la destitución de Manuel Adorni, a tono con la oposición más dura.

 

Son movimientos que respondan a las astucias de los jugadores de la política pero mucho más a los tiros en el pie que se viene dando la pandilla que se instaló en la Casa Rosada con el voto de los “argentinos de bien”. Pero a no confundirse: no son muestras de sensibilidad social ante el hundimiento de las condiciones de vida de la mayoría de los argentinos producto del extremismo neoliberal de Milei. Al fin y al cabo, lo que puede diferenciar a Macri y a Bullrich de Milei son mucho más las formas que el fondo. Por eso ambos cuentan con el decidido el apoyo de la elite económico-financiera que advirtió que es posible cambiar el capitán del barco pero no la brújula ni el rumbo. Faltaba más.

 

Las muchas y escandalosas muestras de corrupción en el gobierno parecieron llegar a un punto de no retorno. El relato moralista de los libertarios naufragó en sus propias incoherencias y exhibiciones de riquezas malhabidas. Los negociados inmobiliarios de Adorni, el 3 por ciento de la Andis para Karina, la caída de Espert por la canaleta del narco, las tarjetas de crédito con gastos impúdicos en Nucleoeléctrica, los muertos por el fentanilo adulterado, por no hablar de la criptoestafa del caso Libra suman una montaña de estiércol cuyo aroma es imposible de disimular en quienes hicieron de la cruzada moral una bandera de combate. Los insultos contra “la casta” son hoy insostenibles porque el gobierno demostró ser más “casta” que nadie.

 

Auge y caída.

 

La caída vertical de la imagen de Milei habla del sufrimiento y del hartazgo de muchos argentinos que perdieron la ilusión que se habían creado en torno al personaje de la motosierra. Opuesto por el vértice, el notable crecimiento de la imagen de Myriam Bregman refuerza aquella idea de hartazgo al tiempo que muestra un dato revelador. Crecen los que piensan, y esperan, una oposición firme contra el gobierno antes que una moderada y de buenos modales. Los sondeos parecen decir que no hay demasiado espacio para una “vía del medio” o un gatopardismo que se conforme con cambiar algo para que nada cambie. El hecho de que sean Axel Kicillof y Cristina Kirchner los opositores que sigan en el ránking de las preferencias parece confirmar esa tendencia. No se ve ahí arriba a ningún Pichetto ni a ningún peronista con peluca.

 

No son encuestas que midan intención de voto. Falta mucho para las elecciones generales y por experiencia ya se sabe lo difícil que es descifrar el deseo del ciudadano en cuanto al sufragio cuando es abordado por las consultoras. En cambio, las simpatías –la imagen, en la jerga de los encuestadores- por la trayectoria o el desempeño de uno u otro dirigente, parece tener una expresión más clara en las estadísticas que intentan medir el humor social.

 

Elogio de la crueldad.

 

El carácter extremista de Milei, tanto en su faceta personal como en las decisiones de su gobierno, parece ser uno de los factores preponderantes a la hora de definir el clima político de estos tiempos. Su incondicional apoyo -o sumisión- a Donald Trump y Benjamin Netanyahu, no hace más que corroborar esto. La ausencia de sensibilidad, por no decir la crueldad, con que el presidente y su gabinete avanzan en un plan de gobierno, que no repara en los terribles daños que provoca en el tejido social, también es replicada por prominentes figuras del poder económico. El multimillonario Marcos Galperín, burlándose de una jubilada que no puede comprarse los medicamentos que necesita, es otro claro ejemplo de la Argentina de nuestros días. El experimento Milei es seguido de cerca por las elites globales porque su brutalidad no tiene parangón. La presencia en la Casa Rosada del tecnomagnate Peter Thiel, quien pertenece al mismo club de los Elon Musk, Jeff Bezos y compañía, habla por sí sola.

 

La movilización en defensa de la desfinanciada universidad pública, que tendrá lugar esta tarde en todo el país, permitirá calibrar, una vez más, la capacidad de reacción de una sociedad castigada por el gobierno nacional más destructor desde la salida de la última dictadura cívico-militar. La adhesión de la CGT, conocida ayer, le añade pimienta al acto. La central obrera viene siendo objeto de fuertes críticas por su pasividad y desmovilización ante la prepotencia de un gobierno que se propuso destrozar la legislación laboral argentina y lo logró. Un retroceso legal peor que en los tiempos de Joe Martínez de Hoz.

 

Una señal.

 

Los movimientos sociales también comenzaron a activarse con marchas y cortes de avenidas en el AMBA, con la consecuente represión policial. En este escenario de creciente confrontación no resulta extraño que una representante de la izquierda pase a ser mirada con mayor atención y suba al podio de las encuestas que miden la imagen de los dirigentes políticos. No significa que, automáticamente, ese crecimiento de su popularidad se traduzca en votos, pero sí es una fuerte señal para una oposición, especialmente el peronismo, que no puede superar sus peleas domésticas, en el caso del kirchnerismo, o insiste con propuestas de una tibieza exasperante, en el caso del llamado albertismo, los gobernadores “dialoguistas” o los legisladores levantamanos.

 

La idea de que “la política” no es otra cosa que “la política electoral” ha sido puesta en entredicho como nunca antes bajo la era Milei. La derecha y sus poderosos voceros mediáticos siempre defendieron, y propagandizaron, esa definición. La dura realidad está mostrando otra cosa.

 

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