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Miércoles 25 de febrero 2026

Sin inversión no hay paraíso: entre el enclave extractivo y la informalidad

Por Redacción 25/02/2026 - 10.20.hs

Foto: La Nación

Por Javier Mariano García Guerrero*

 

"El dualismo es una estructura donde los sectores de alta productividad están ligados al mercado mundial y los de baja productividad están ligados a la subsistencia. El puente entre ambos se llama inversión pública; si el puente se rompe, el país se fragmenta ". — Celso Furtado.

 

Asistimos a un proceso de "desmembramiento productivo", donde las marcas globales retiran sus insignias y el capital nacional emigra, dejando un vacío que solo la economía sumergida parece capaz de llenar. 

 

La hemorragia del capital fijo.

 

La Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) —el indicador que mide la inversión en activos físicos— muestra una caída estructural del 21,7% entre 2022 y 2025, síntoma de una economía que consume su propio stock de capital. La inversión productiva general sufrió un "bienio arrasado" entre 2024 y 2025 con caídas del 15% anual.

El presidente Milei se lamentaba en el foro de Llao Lao: “Muchos de los que hoy dicen que quieren libertad, cuando les quitamos el subsidio o les abrimos la competencia, corren a pedirle ayuda al Estado. Se acostumbraron a cazar en el zoológico y ahora les da miedo la selva." Su mentor Trump, en cambio, sostiene que el mercado global es una jungla amañada, y que dejar a la industria local sin protección, no es "competencia" sostiene, es permitir su aniquilación. No le pide al empresario que "compita y deje de pedir protección", sino que utiliza al Estado como un arma de negociación (aranceles, subsidios, barreras no arancelarias) para forzar la inversión en suelo estadounidense.

El ministro de Economía Luis Caputo afirmó: "Nosotros estamos cumpliendo con todo lo que prometimos. Pero el empresariado tiene que entender que la confianza se construye de los dos lados. No pueden seguir esperando a ver qué pasa para invertir; tienen que apostar ahora si realmente quieren un país distinto." El reclamo de 'patriotismo inversor' choca con la realidad de los propios registros públicos. Las declaraciones juradas del equipo económico, encabezado por el ministro Luis Caputo, son el espejo de la desconfianza estructural: sus patrimonios siguen mayoritariamente dolarizados y radicados en el exterior. Los funcionarios de Trump (como Wilbur Ross o Robert Lighthizer) solo tienen patrimonios ligados a la industria real estadounidense y lo proclaman.

La inversión pública se ha desplomado al 0,5% del PBI, el nivel más bajo en la historia que apenas equivale a una séptima parte de la alcanzada en el periodo 2014-2015, cuando rozó el 3,5% del PBI. Sus efectos directos: la pérdida de más de 150.000 puestos de trabajo en la Obra Pública. Los indirectos: por cada empleo que se pierde en la obra pública, se derriba 1,5 puestos en industrias relacionadas como el cemento, el acero y la logística de proximidad. Una tendencia que se profundiza a diario en la mayor parte de los sectores

 

El espejismo del RIGI y la "Belindia" argentina.

 

Luigi Einaudi advertía: "No hay nada menos liberal que un mercado donde las reglas se escriben a medida de los que ya tienen el poder". El RIGI parece confirmar este temor. La democracia es incompatible con poderes económicos que no se presentan a las elecciones, pero tienen más mando que cualquier parlamento o cargo electo.

El RIGI corre el riesgo de ser un acta de rendición donde el Estado admite que ya no gestiona su propio territorio productivo. Los resultados distan de los previstos, de los u$s 50.000 millones proyectados, a inicios de 2026 solo se aprobaron u$s 8.500 millones (un escaso 17% de la meta), concentrados exclusivamente en minería y energía.

Consolidando lo que el economista Edmar Bacha definió como "Belindia": una pequeña Bélgica extractiva sin valor agregado, rodeada por una inmensa India de pobreza e informalidad. El RIGI crea "islas" de beneficios impares (25% de Ganancias y 0% de arancel para importar bienes de capital, seguro de cambio para remesas, etc.), pero desancladas del tejido nacional. Mientras Chile atrae capital por estabilidad y Brasil por escala, el RIGI argentino es percibido como un "seguro de salida" para utilidades atrapadas por el cepo o para capitales de enclave que no buscan integrarse.

 

El exilio del capital nacional

 

Desde 2020, más de 80 multinacionales (como HSBC, P&G, Clorox, Itaú, Carrefour, etc.) abandonaron el país. Sus activos fueron adquiridos por grupos locales expertos en "mercados regulados". Se pierde acceso a tecnología global y estándares de gobernanza, mientras el capital local negocia su rentabilidad sobre la base de exenciones, reservas de mercado, tarifas diferenciales, etc.

La Argentina posee una de las mayores reservas de capital privado del mundo con relación a su PBI, que dedica a financiar por ejemplo el 70% de los nuevos desarrollos inmobiliarios en Uruguay y el 45% en Paraguay. La intensidad del fenómeno es inédita: en Chile, por cada dólar minorista invertido afuera, entran tres al mercado local; en Argentina, por cada dólar puesto en producción local, siete se canalizan a activos externos de "bolsillo" (Cripto o Cedears).

Incluso con tasas reales positivas, el 92% del ahorro excedente de la clase media alta se dolariza. Al cierre de 2025, el flujo de criptoactivos alcanzó los u$s 95.000 millones anuales (1º puesto en la región). 

 

Hacia una economía de rentas.

 

Thomas Piketty es tajante: "La competencia fiscal conduce a una carrera hacia el fondo, donde se subsidia al capital móvil y se asfixia a la empresa local". Al mismo tiempo, reajustes de tarifas industriales de hasta el 300% en 2025 han vuelto a la producción nacional menos competitiva que la importada, dejando a las PyMEs en una encerrona mientras los grandes conglomerados negocian condiciones de excepción.

La paradoja de este tiempo es trágica: mientras el Estado implora por una inversión extranjera a la que le entrega soberanía, recaudación fiscal y sustentabilidad ambiental, el capital argentino completa su exilio silencioso. Como afirma Joseph Stiglitz: "La desigualdad no es económica, es política". Es el resultado de decisiones que favorecen la renta sobre el trabajo y la extracción sobre la transformación, una política de abandono territorial que convierte a nuestras provincias en meros corredores de paso, donde el único progreso llega en forma de tubería enterrada y el único destino para la juventud es el éxodo.

 


* Ex Director de la Especialidad en Finanzas de las Facultades de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de Jujuy. Ex Profesor Adjunto de Macroeconomía (FCE-UBA).

 

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