Trump reconfigura el mundo a golpes
Las intervenciones militares de USA de los últimos años en muchos casos terminaron en estados fallidos, y no en democracias según el modelo “occidental”.
Francisco J. Babinec *
“¡Señores, no es cuestión de romper estructuras, sino de saber qué hacer con los pedazos!” Así decía Mafalda en una tira del genial Quino, que viene muy bien ahora que el presidente norteamericano Donald Trump está reconfigurando a los golpes el mundo. Algo que trabajosamente se edificó tras la Segunda Guerra y el colapso de la Unión Soviética. Ojo, no es que Trump sea el proverbial elefante en el bazar, sino que su plan de acabar con todos los regímenes que se le opongan o al menos no acaten sus órdenes, no parece tomar nota de las lecciones de la historia reciente. Salvo en lo que hace a no involucrar personal militar norteamericano en el terreno, claro. Pero las posibles consecuencias negativas a largo plazo por crear inestabilidad en zonas estratégicas no entran, al parecer, en sus decisiones.
En Gaza fue su aliado Israel quien puso el cuerpo con bombardeos y despliegue de tropas, desintegrando la Franja utilizando como justificación el insensato y salvaje ataque de Hamas; a la masacre de civiles judíos de octubre de 2023 Israel respondió con bombardeos y ocupación, y, más aún, extendió las operaciones al Líbano, para debilitar significativamente a Hezbollah. Tomemos nota de que Hamas y Hezbollah estaban sostenidos por Irán. La intervención de Trump, una vez aniquilado Hamas, fue proponer convertir Gaza en un resort, sin los palestinos claro.
“Neutralización”.
En Venezuela, país petrolero y también aliado de Irán, fue primero una operación fulminante de “neutralización” de las defensas con misiles y bombardeos que acabaron con la custodia de Maduro en sus barracas. Y luego intervino el cuerpo de élite Fuerza Delta, para secuestrar al presidente Nicolás Maduro y sacarlo del país. Pero no impuso un gobierno presidido por Corina Machado, dirigente opositora oportunamente galardonada con el Nobel de la Paz 2025, sino que avaló el ascenso de la vicepresidente Delcy Rodríguez para que organice la transición a un régimen más afín, y de paso controlar la producción y exportación de petróleo.
Y ahora en Irán fueron ataques de precisión (llamarlos quirúrgicos suena a una falta de respeto a la profesión médica) los que descabezaron la cúpula gobernante y militar de la teocracia gobernante, pero sin soldados estadounidenses en el terreno (por ahora). Es lo que podríamos llamar doctrina Clinton, por los bombardeos a Serbia para la partición de Yugoslavia primero y la secesión de Kosovo luego. Y la neutralización de las fuerzas de Kaddafi de nuevo con bombardeos sobre el ejército regular libio, esta vez sobre todo de fuerzas francesas que funcionaron como proxys. Las lecciones de Iraq y sobre todo de Afganistán fueron bien asimiladas por Trump, de ahí su renuencia a intervenir con tropas en el terreno. El descrédito por las atrocidades perpetradas por las fuerzas de ocupación que se fueron conociendo a pesar de la censura, y sobre todo la llegada a suelo norteamericano de los ataúdes de los soldados caídos, no son buena propaganda, y más en años electorales. Pero no parece que se tenga en cuenta la desestabilización de países aliados de la región, no precisamente democráticos.
Caminos con sorpresas.
¿Es el camino al Premio Nobel de la Paz que tanto ansía Trump? Todo puede ocurrir, el comité del Parlamento Noruego nos tiene acostumbrados a sorpresas varias. Premia a un Adolfo Pérez Esquivel por su lucha contra una dictadura feroz y tiempo después a Barack Obama sólo por ser el primer presidente negro (así, sin eufemismos) electo en USA. Que dicho sea de paso, luego autorizó y contempló en tiempo real la ejecución de Osama Bin Laden en un país aliado (pero sin su permiso). La última decisión controvertida del comité fue justamente la premiación a Corina Machado, una férrea opositora al régimen chavista que terminó pidiendo la invasión a su país. Y ofrendándole la medalla a Trump para congraciarse, una vez que vio que no estaba en los planes de Trump para encabezar la “reconstrucción” de Venezuela. Esa es la segunda pata de los planes trumpistas, primero descabezar al régimen opositor a sus intenciones, y luego reemplazarlo por otro más amigable o más bien condicionado. La tercera son los negocios provenientes de la reconstrucción de la infraestructura y del comercio de sus recursos.
Tres galardones.
Veamos algunos antecedentes sobre el Nobel de la Paz. Hubo tres estadistas norteamericanos galardonados, con perfiles distintos pero siempre asociados a guerras. En 1906 el presidente Theodore Roosevelt (Jr). fue premiado por negociar el final de la Guerra Ruso-Japonesa (1904-1905) con el Tratado de Portsmouth, que reconoció las pretensiones territoriales japonesas tras la derrota de Rusia. La catástrofe militar rusa, dicho sea de paso, le restó al régimen zarista el apoyo de la milicia para sofocar la revolución de 1905 y las agitaciones siguientes. Esto desembocó primero en el establecimiento de una monarquía constitucional y luego en el régimen bolchevique, tras las derrotas en la Primera Guerra. Roosevelt fue un hombre complejo, que combatió internamente a los monopolios e impulsó la conservación ambienta, pero su política exterior, sobre todo hacia América Latina, fue signada por el proverbio africano "habla suavemente y lleva un gran garrote, así llegarás lejos”. El "Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe" fue la intervención militar en países del Caribe, so pretexto de la defensa de los intereses de ciudadanos estadounidenses.
George Catlett Marshall (Jr) fue el Jefe del Estado Mayor del Ejército estadounidense durante las presidencias de Franklin D. Roosevelt y Harry S. Truman, y lideró el esfuerzo militar aliado occidental durante la Segunda Guerra Mundial que terminó con el régimen nazi. Por eso Winston Churchill lo llamó el “organizador de la victoria”. Retirado del ejército en 1945, fue enviado a China para mediar entre nacionalistas y comunistas en plena guerra civil, pero sin éxito. Como Secretario de Estado, uno de los cargos más influyentes en el gobierno norteamericano, encabezó un comité que preparó el plan para la recuperación de la Europa Occidental devastada, por lo que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1953. La ayuda consistió sobre todo en la provisión de maquinarias, materias primas, combustible y alimentos. Anotemos al pasar que Argentina fue excluida como proveedor de este último rubro. En palabras de Andréi Gromyko, Ministro de Asuntos Exteriores de la URSS por entonces, “el plan tenía por objeto consolidar el capitalismo e impedir que se produjera un progresivo cambio social”. Si bien no puede negarse el impacto de la ayuda en la reconstrucción de la Europea Occidental, la incidencia real es discutida. (Por ejemplo, la Alemania ocupada por los aliados occidentales, debe en gran medida su despegue a la drástica reforma monetaria puesta en marcha en 1948 por Ludwig Erhard,, que en un solo día sustituyó el Reichsmark por el Deutschemark. Cada alemán recibió únicamente 60 marcos y cada empresa recibió la misma suma por empleado; esto implicó anular el 90 % de la antigua moneda. El costo de la medida se distribuyó entre toda la población). Marshall renunció en 1949 por diferencias con Truman (se opuso al reconocimiento del Estado de Israel), pero luego designado fue Secretario de Defensa entre 1950 y 1951, para lo cual obtuvo una dispensa del Congreso.
Controversia y distensión.
El tercero en la lista (excluimos a Obama por lo que referimos antes) es Heinz (Henry) Alfred Kissinger, un académico primero y luego funcionario que gravitó enormemente en la política internacional, como Consejero de Seguridad Nacional (1969-1975) y Secretario de Estado (1973-1977) de los presidentes Richard Nixon y Gerald Ford. Personaje controvertido, promovió en esos años la apertura de relaciones de USA con China, la distensión con la URSS y el cese temporal del conflicto con Vietnam, lo que le valió el Nobel de la Paz en 1973 (la guerra terminó en 1975 con el triunfo total de Vietnam del Norte). Pero por otro lado impulsó golpes de Estado en Latinoamérica, que desembocaron en regímenes autoritarios como el de Hugo Banzer en Bolivia y el de Augusto Pinochet en Chile. Sumemos el apoyo a la Junta Militar argentina que asaltó el gobierno en 1976, y al dictador indonesio Suharto en la ocupación de la colonia portuguesa de Timor Oriental. Una vez retirado de cargos oficiales, continuó influyendo como un consultor internacional respetado hasta su muerte a los 100 años.
Equilibrio y estabilidad.
Hay una constante en las tres biografías: la búsqueda de un equilibrio después de un conflicto grave, que lleve a una situación duradera de relativa estabilidad en el orden internacional. No por nada la tesis doctoral de Kissinger versó sobre la paz en la Europa post napoleónica, negociada entre Castlereagh y Metternich. Es el orden esforzadamente conseguido tras la Segunda Guerra y que lleva más de medio siglo el que viene a poner en cuestión Donald Trump. Sin el despliegue continuo del formidable aparato militar estadounidense no parece posible un nuevo período de estabilidad internacional. Las intervenciones militares de USA de los últimos años en muchos casos terminaron en estados fallidos, y no en democracias según el modelo “occidental”. Y la democracia está siendo cuestionada precisamente en los países centrales. Cuanto tiempo podrá mantenerse este estado de cosas es algo que hace extrañar la visión pragmática y de largo plazo de Marshall y de Kissinger.
* Centro Pampeano de Estudios Sociales y Políticos
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