Un demencial panorama
En un país serio (entendiendo por tal una Nación donde funcionen aceptablemente sus leyes e instituciones) las recientes declaraciones del Presidente lo hubieran puesto de inmediato ante un efectivo pedido de renuncia al cargo o al menos generado un fundamentado pedido de juicio político. Sin embargo, en la Argentina las expresiones de Milei -ante un periodista británico, nada menos- se diluyeron en el fárrago de noticias importantes, falaces o superficiales con que bombardea a los habitantes. También, desde luego, fueron modificadas por sus adláteres expresando que no quiso decir lo que dijo.
Quieran que no, las declaraciones de Milei pusieron fin a una postura política y diplomática sobre la usurpación del territorio malvinense de más de un siglo; fueron definitivas y muy claras: el territorio isleño debería "ser devuelto a través de la negociación y cuando los isleños lo deseen”. Un enorme disparate a nivel internacional, que contraría, incluso, una declaración de las Naciones Unidas contra el principio de autodeterminación cuando está condicionado por circunstancias políticas. Obviamente, le cabe a Malvinas, donde “existe una situación colonial” que afecta la integridad territorial argentina.
Sin embargo, dentro del vergonzoso panorama que generaron las declaraciones mileístas, fueron muy pocas las voces significativas que se opusieron con claridad. Acaso la más significativa fue la de los ex combatientes de las islas: en una carta documento dirigida al Presidente lo acusan abiertamente de “faltar el respeto a la memoria de los excombatientes de Malvinas, a los caídos, a quienes yacen en nuestras islas. Tal desprecio merece la tacha de infamia y la coloca en situación de traición a la Patria. Los kelpers –han refirmado los antiguos soldados- son un tercero que no tiene ninguna legitimidad”.
Para más, las declaraciones presidenciales son totalmente coincidentes con la estrategia actual del Foreign Office (el Ministerio de Relaciones Exteriores británico).
Otro funcionario de nota que se pronunció sin ambages fue el intendente de Río Grande, ciudad “Capital Nacional de la Vigilia por Malvinas” y epicentro del reclamo soberano en Tierra del Fuego, quien manifestó un contundente e integral rechazo a lo expresado por el Presidente al señalar que “el problema central es que se confunde deliberadamente el derecho de los pueblos con una población establecida de manera ilegítima en un territorio ocupado”.
“Hay formas menos lamentables de autopromoción que usar la política exterior de 47 millones de argentinos y la lucha de nuestros héroes de Malvinas; está escrito en la Constitución y así es la política de Estado que usted daña una y otra vez con declaraciones que son usadas contra el país”, añadió el intendente fueguino en sus muy duras frases .
En medio de este demencial panorama cabe preguntarse a quién y cómo se beneficia. Muestra, sí, a unas Fuerzas Armadas que no han hecho conocer su opinión al respecto y que vienen siendo complacientes al aceptar la chatarra voladora que adquiriera el país en los últimos meses, una política que se iniciara con Macri, cuando compró a Francia los Súper Etendard que ni siquiera volaban. Tampoco se ha escuchado la voz del ministro de Defensa, controvertido en muchos niveles por su misma condición militar. Todo esto, acompañado por el silencio -o el elogio abierto- del grupo de civiles que acompaña la gestión presidencial.
Si hay un beneficiario indudable es la vicepresidenta, que con la situación lleva agua para su molino y está abiertamente enfrentada con el Presidente. Sus ideas promilitaristas tienen ahora un argumento más, y de peso. En tanto, una mayoría de argentinos piensa que priorizar la opinión de los isleños equivale a convalidar la usurpación británica.
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