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Sabado 28 de febrero 2026

Una clara resistencia

Redacción 28/02/2026 - 00.16.hs

El triunfo en las elecciones del mes de octubre pasado (aquellas que dieron un mentís al proverbio de que “el pueblo nunca se equivoca”) parecen haber creado en el gobierno de Javier Milei un ensoberbecimiento a toda prueba, muy especialmente respecto a la idea de que el mercado lo resuelve todo y, en definitiva, correspondiendo al ideal del Presidente quien, más allá de eso, parece vivir en otro país y ver la economía con anteojos de aumento. El ahogo a las provincias, el desprecio a la educación, la desocupación creciente, la apertura indiscriminada (y consecuente perjuicio a la industria nacional) a la importación, el alineamiento con los Estados Unidos, la humillación a los adultos mayores, el cerco al periodismo, las privatizaciones brutales, la dignidad nacional, todo eso y mucho más después de octubre creció en una racha imparable, máxime con una oposición desarticulada, en muchos casos carente de dignidad.

 

Ahora, claro está, llegó la hora de concretar un viejo sueño de Milei y sus adláteres, incluido el llamado “Círculo rojo” que lo sostiene: la privatización del fútbol. Trasformar los clubes en sociedades anónimas era una antigua apetencia del mileísmo que, acaso impensadamente, se vio frustrada por la negativa de casi la totalidad de los clubes. Es obvio que al círculo de interesados en el tema –nacionales y extranjeros—poco les importaban los aspectos deportivos y sociales que conlleva esa posibilidad; visto objetivamente el fútbol es un grandísimo negocio y, para mejor, permanente, ligado a un innegable aspecto pasional del pueblo para con ese deporte. No se trata de una novedad absoluta: en tiempos de Mauricio Macri ya hubo una intentona, basada fundamentalmente en la problemática situación de la mayoría de los clubes.

 

Ahora, con su habitual verborragia, el Presidente y sus turiferarios exaltan las ventajas del fútbol en manos particulares que, dada la dimensión de la actividad y las inversiones correspondientes, no pueden ser otras que los grandes grupos económicos que campean en el ámbito internacional.

 

Como, evidentemente, la cosa no marchó por el lado promocional y también fallaron algunos anzuelos monetarios, la sensación perdurable del triunfalismo eleccionario llevó al gobierno a optar por una forma burda pero más rápida: atacar –desde luego que acompañado por la campaña mediática habitual de sus paniaguados- a la institución central, la Asociación del Fútbol Argentino, en aspectos legales y económicos.

 

La resistencia del organismo rector del fútbol enfureció al gobierno, máxime al enfrentarse con medidas tan opuestas como una huelga en una fecha futbolística próxima o el posible traslado de la sede de la AFA a la provincia de Buenos Aires.

 

Actualmente, quienes ofrecen una clara resistencia a las Sociedades Anónimas Deportivas son los dirigentes de los clubes pero desde distintos sectores se reclama una adhesión explícita de los jugadores –los de la selección campeona del mundo específicamente— recordándoles que “se tienen que plantar contra un modelo que busca privatizar las instituciones donde se formaron, los clubes que después sacaron campeones del mundo”.

 

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