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Una dura alocución

Redacción 13/07/2026 - 00.15.hs

Con la homilía del arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, la Iglesia Católica Argentina, que desde hace bastante tiempo y en forma gradual venía señalándo a las autoridades sus errores políticos, económicos y sociales, dio un paso claramente opositor al gobierno mileísta. Para peor, la alocución de críticas directas debió ser escuchada por Javier Milei desde el banco privilegiado y solitario que prevé el protocolo para estas celebraciones de las fiestas patrias. Desde ese lugar aguantó impávido la dura alocución del sacerdote.

 

Abandonando el frecuente estilo de exposición indirecta, con alusiones identificables, García Cuerva se dirigió a la audiencia que colmaba la Catedral y al presidente en particular, con toda claridad: “sin pelos en la lengua”, según la efectiva y popular expresión. Después del desaire en el saludo para con personas que no coinciden con su política – una práctica que ya parece ser costumbre-- Milei debió escuchar por parte del arzobispo una reivindicación de la “justicia social” (una concepción que Milei desprecia, según lo ha dicho públicamente) y una crítica abierta para la clase política al señalar que “el pueblo está ajeno a las discusiones eternas y alejadas de la realidad que tienen los dirigentes” a los que no vaciló en caracterizar como poco sensibles. Sobre sus palabras flotaba nítidamente el reciente y escandaloso caso Adorni, apañado por el gobierno. También enfatizó el reclamo de mejoras para los desposeídos, que la Iglesia reclama desde hace mucho tiempo y que el gobierno ignora y hasta se diría que desprecia, dada la nula atención que le ha prestado.

 

Se diría que la esencia del discurso arzobispal y su muy fuerte crítica al gobierno está sintetizada cuando expresa que “las heridas sociales necesitan la templanza del diálogo, la justicia social y la honestidad innegociable”, y eso después de advertir que algunos roban las esperanzas “escondidos, en todas las épocas, en cuevas de corrupción, haciendo que los pobres sean cada vez más pobres, y ellos, escandalosamente más ricos”. En definitiva: las críticas explícitas e implícitas del arzobispo no necesitan comentarios y hablan por sí solas a través de algunas frases harto elocuentes, tales como “cerrar las heridas sociales”, que “necesitan la templanza del diálogo, la justicia social y la honestidad innegociable”.

 

También señaló que “todos construimos la Patria pero hay quienes apropiándose de las esperanzas y los esfuerzos de un pueblo que, a pesar de todo, quiere vivir mejor, y por eso está ajeno a las discusiones eternas y alejadas de la realidad, que, en su nombre, tienen los dirigentes”.

 

“Pido a Dios que nos independice de la indiferencia y la insensibilidad frente a los que sufren”, añadió para señalar como “heridos del camino de la vida” a “los enfermos, los jubilados, los adolescentes y jóvenes víctimas del negocio de los narcotraficantes, los desocupados y las personas con discapacidad” sin pedirles “antecedentes de pobre”, pero preguntándoles “desde cuándo están viviendo esa difícil situación”. También pidió que “nos independice del individualismo, de la competencia feroz por el protagonismo, del internismo y la mezquindad política de querer llevarnos los aplausos cuando hacemos algo por los demás”.

 

Remarcó además que la sociedad argentina también transita a veces “el camino de la intolerancia, el de los enfrentamientos constantes, el de la descalificación del otro por pensar o ser distinto, el camino de la crueldad hacia los más débiles, el sendero de la discriminación por cuestiones de raza, religión o domicilio”.

 

De manera insólita e inesperada, el arzobispo finalizó su homilía haciendo referencia a la selección nacional de fútbol y citando una frase de Lionel Messi en la que destaca la importancia del trabajo colectivo. Lo hizo para resaltar la importancia de “caminar unidos”.

 

“Estos días, movilizados por los colores de la selección nacional, se nos enciende el alma, nos unimos en un abrazo con todos, construimos un sueño colectivo, y valoramos que el trabajo sea en equipo; sigamos con la camiseta puesta, y con pasión”, destacó.

 

"Hagamos realidad –dijo-- el mensaje que Lionel Messi publicó alguna vez en sus redes sociales, y remató citando específicamente al 10: ‘Demostramos una vez más que los argentinos cuando luchamos juntos y unidos somos capaces de conseguir lo que nos propongamos. El mérito es de este grupo, que está por encima de las individualidades, es la fuerza de todos peleando por un mismo sueño que también es el de todos los argentinos…lo logramos!’”.

 

Prolongando el sentido futbolero de la homilía, bien se puede decir que el religioso concretó "un gol de media cancha".

 

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