¿Querés recibir notificaciones de alertas?

Las notificaciones están desactivadas

Para activar las notificaciones:

Los inseminadores

Redacción 12/07/2026 - 01.46.hs

En el aire desde antes del cambio de milenio, "Law & Order SVU" (Unidad de víctimas especiales) se ocupa de la investigación y juzgamiento de los crímenes sexuales en el área de Nueva York. El hecho de que la serie lleve tres décadas de vigencia habla a las claras, entre otras cosas, de la enorme complejidad de la sexualidad humana y sus repercusiones psíquicas. Y también, por supuesto, de la creatividad de sus guionistas, actores y directores (entre los que suele encontrarse el argentino Juan Campanella).

 

Parafilia.

 

Un ejemplo de esa creatividad lo dio un capítulo en el cual plantean la situación de un depredador sexual que no acude a la violencia para abusar de sus víctimas. Por el contrario, el hombre en cuestión, apuesto y de buen pasar, colecciona conquistas amorosas en busca de embarazos que multipliquen sus genes. No se desentiende de sus obligaciones económicas hacia esas decenas de niños y niñas, pero mantiene en secreto su cantidad e identidad, generándoles el peligro de que eventualmente puedan cometer incesto -y hasta procrear a su vez- con los consiguientes riesgos genéticos.

 

Existen casos como éste en la vida real, facilitados en buena medida por las técnicas de reproducción asistida. En un popular canal de "streaming" puede verse un documental sobre el entusiasta donante de esperma Jonathan Jacob Meijer, quien habría engendrado cientos de hijos en los Países Bajos, dando lugar a acciones judiciales.

 

Aún cuando sea discutible si esta conducta encuadra en un tipo penal, no cabe duda de que se trata, en algunos casos, de una forma de perversión, donde no meramente existe un instinto reproductivo exacerbado, sino también una manifestación de poder, dominio y grandiosidad.

 

Superhombres.

 

Anna Louie Sussman, experta en natalidad y autora de "Inconcebible: la imposibilidad de la familia en la era de la incertidumbre", acaba de llamar la atención sobre un fenómeno cada vez más difundido y explícito: parece ser que esta patología de la "parafilia" viene afectando crecientemente a esa clase dorada de superhombres megarricos del planeta que, obsesionados con la inmortalidad, estarían buscando la trascendencia por esta vía.

 

Estos personajes estarían yendo, así, a contramano de la tendencia universal a la baja de la natalidad, gracias a sus recursos ilimitados, y su total falta de ética o de concepción de lo que es la paternidad o la familia.

 

La lista es larga: Stefan Soloviev (USA, industria agropecuaria) tiene 22 hijos, principalmente mediante fertilización asistida. Pavel Durov, el ruso fundador de Telegram, asegura que su esperma ha producido más de 100 hijos. Greg Lindberg, empresario de seguros (hoy en desgracia) tiene al menos doce hijos engendrados mediante engaños a modelos femeninas. Como no podía ser de otra manera, el pedófilo financista Jeffrey Epstein intentó esparcir su ADN usando una veintena de vientres alquilados, con especial cuidado en procurar la pureza racial y los ojos azules.

 

Por supuesto al tope de esta locura está el hombre más rico del mundo, Elon Musk, que de momento tiene "sólo" catorce hijos con cuatro madres distintas. Pero su influencia en el movimiento de parafílicos es notable: él ha logrado homologar esta conducta entre su clase, sosteniendo la necesidad de que las generaciones futuras tengan progenitores de alto coeficiente intelectual (aunque su salud mental esté bajo sospecha).

 

Mongoles.

 

Créase o no, su modelo para esta conducta es el antiguo monarca mongol Genghis Khan, quien -se suponía- habría engendrado millones de hijos. Y parece ser que la identificación no sólo proviene de esta exagerada estima por el propio linaje, sino también de un cierto gusto por el sistema monárquico (en 2021, Musk cambió su título de "CEO" en la empresa Tesla por el de "Tecno-rey").

 

Aparentemente este hato de narcisistas ven esta conducta como un regalo a la humanidad, una actividad filantrópica para "mejorar la raza", como solía decirse unas décadas atrás. Pero al igual que los reyes de antaño, utilizan la progenie como medio para tejer alianzas con otras familias-empresas poderosas. Y aplican al procedimiento unos estándares de "calidad" genética que harían sonrosar a los nazis.

 

Por supuesto, del otro lado de estas pulsiones incontrolables hay personas que sufren. Mujeres que alquilan sus vientres a las que les extraen óvulos sin consentimiento, o que sufren demandas de sus "empleadores" si el embarazo no llega a término. Para no hablar de los niños producto de estas prácticas, muchos de los cuales son colocados en hogares sustitutos, nunca conocen a sus padres biológicos, y frecuentemente sufren abusos. Muy lejos del cuidado, el amor, el sacrificio con el que el resto de los mortales asumimos la paternidad.

 

Y es que esta nueva casta de oligarcas, los tecno-feudales, no sólo están destruyendo el medio ambiente, la democracia, los estados nación. También nos están llevando a una nueva edad media, aún más tenebrosa y patriarcal, en nombre de unos deseos personales que ni ellos mismos saben a qué fin último responden.

 

PETRONIO

 

'
'