Miércoles 28 de septiembre 2022

Una psicóloga humanista y una militante revolucionaria

Redacción 10/08/2022 - 08.20.hs

El 8 de agosto se conmemoró el Día del Psicólogo y la Psicóloga Víctima del Terrorismo de Estado, en homenaje a Beatriz Perosio, secuestrada y desaparecida en 1978.

 

IRINA SANTESTEBAN

 

En 1978 Beatriz Perosio era la presidenta de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires (APBA) y de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (Fepra). Ella formó parte de una generación de profesionales profundamente comprometidos con ideales humanistas y revolucionarios, con una concepción de la salud mental alejada del análisis individualista pues ligaban las problemáticas psicológicas a la realidad socio-económica y política circundante en cada caso, priorizando el abordaje colectivo.

 

Beatriz fue una firme promotora de la organización de los psicólogos y psicólogas, para la defensa de sus derechos profesionales, y para impulsar el trabajo en instituciones del Estado, para el bienestar colectivo y la promoción de la salud pública.

 

Cristiana y comunista.

 

Aunque parezca contradictorio, Beatriz era "cristiana y comunista". Educada en un colegio religioso, cuenta su hermana Graciela que siempre usaba un crucifijo, demostrando una mente abierta y muy crítica del "excesivo intelectualismo" de algunos colegas.

 

Para ella era muy importante el trabajo educativo y por ello fundó, junto a una socia, un jardín de infantes para promover en las infancias el pensamiento crítico y creativo. A ese jardín fue a buscarla la patota militar que la secuestró en 1978.

 

Asombra que siendo tan joven, pues al momento de su secuestro no había cumplido aún los 31 años, fuera la presidenta de las dos asociaciones profesionales de la Psicología, en una época en la cual esa profesión estaba bajo la mira del terrorismo de Estado. Desde esas organizaciones, junto a docentes y estudiantes, se había logrado que la dictadura no cerrara la carrera de Psicología en la Universidad de Buenos Aires.

 

Política.

 

Como la gran mayoría de aquella generación de los años '60 y '70, Beatriz militaba en una organización política. Ella en Vanguardia Comunista (VC), actual Partido de la Liberación (PL), como lo registra el libro "Vida y Luchas de VC" (Américo Soto, Ed. Nuevos Tiempos, 2004).

 

Otros colegas dan cuenta de la militancia política de Beatriz. Jorge Sevilla, su compañero, también psicólogo, escribió el artículo "Por Beatriz Perosio: con vida la queremos". Relata que ella inició su trabajo profesional en un colegio de Ascensión, un pueblo bonaerense, cuyos directivos proponían una educación "liberadora", contra las concepciones enciclopedistas y autoritarias. De esa tarea educativa, Beatriz dejó un registro donde analiza la estructura de clases y tenencia de la tierra en la zona, como base para comprender los conflictos que debía abordar desde su profesión de psicóloga.

 

En esa militancia, Beatriz impulsó el trabajo coordinado con otras entidades como la Asociación Argentina de Actores, la Ctera (docentes), el Sindicato Argentino de Músicos y otras entidades.

 

Salud Pública.

 

Para Beatriz, el ámbito hospitalario y el trabajo en las instituciones públicas debían ser los lugares a privilegiar en la actividad profesional. Por ello, primero como Secretaria Gremial de la APBA y luego como Presidenta, recorría los servicios hospitalarios para conocer directamente los problemas de las prácticas de sus colegas.

 

En 1973 publica en la revista "Los Libros" el trabajo "Salud Pública y Dependencia", en el cual analiza críticamente la situación sanitaria del gobierno peronista, luego del daño infligido por los dos gobiernos militares, el de 1955 (Revolución Fusiladora) y el de 1966 (Revolución Argentina, del general Juan Carlos Onganía). En ese trabajo, con datos estadísticos, Beatriz denuncia "el estado calamitoso de la asistencia pública en hospitales" y "la absoluta carencia de planes de medicina preventiva", con una mortalidad infantil del 66 por mil en ese entonces, y enfermedades como el paludismo, las parasitosis ambientales, la fiebre hemorrágica y el Chagas.

 

Advierte sobre los planes del imperialismo en materia de salud pública, para los países dependientes. Ello se concretaría luego en los planes privatistas del FMI y los organismos financieros internacionales, que implicaron el traspaso de hospitales nacionales a las provincias y municipios, provocando un daño enorme al sistema sanitario. "El deterioro de la asistencia sanitaria argentina es una consecuencia directa de la penetración del imperialismo norteamericano y sus agentes dentro del aparato estatal", escribió Beatriz.

 

Secuestro y desaparición.

 

Con esas ideas y presidiendo las dos asociaciones profesionales de la Psicología, además de su militancia política, Beatriz fue blanco de la represión. Fue secuestrada por la patota perteneciente al centro clandestino de detención "El Vesubio", bajo jurisdicción del I Cuerpo de Ejército, cuyo comandante era el represor Carlos "Pajarito" Suárez Mason.

 

Jorge Watts, sobreviviente de ese campo de concentración, testimonió sobre el cautiverio de Beatriz, quien fue brutalmente torturada, sin que sus verdugos lograran doblegarla.

 

Su familia, sus colegas psicólogos/as y sus camaradas, reclamaron siempre por su aparición con vida y por el castigo a los genocidas. Su caso formó parte del juicio "El Vesubio I", en el cual en 2011 fueron condenados siete represores a prisión perpetua por el Tribunal Oral Federal Nº 4.

 

Falta una placa.

 

Perosio es una figura muy reconocida en el ámbito de los profesionales de la psicología y de la salud mental. Ha sido objeto de diversos y muy merecidos homenajes, como la colocación de una baldosa en su memoria en el Colegio de Psicólogos de Buenos Aires y una placa en la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de La Plata. Desde hace años, la Fepra resolvió poner su nombre al premio al mejor trabajo científico en cada Congreso Argentino de Psicología.

 

Sin embargo, no se ha logrado que ese reconocimiento se haga en la Universidad Nacional de Buenos Aires, cuyas autoridades no aceptan que lleve su nombre el Aula Mayor de la Facultad de Psicología de esa casa de estudios. A 44 años de su secuestro y desaparición, es hora que ese justo pedido sea escuchado.

 

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