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Viernes 23 de enero 2026

Venezuela: la punta del ovillo

Redacción 23/01/2026 - 00.13.hs

La intervención militar estadounidense en Venezuela tiene un impacto global del que todavía no alcanzamos a ver su total dimensión. El petróleo juega un papel importante como instrumento de negocios y poder, pero el nuevo orden que se está procesando en el mundo es el trasfondo político de esta intervención. Venezuela sería solo un anticipo.

 

Por Eduardo Lucita*

 

Cuando todavía estaba fresca la tinta con que fue impresa la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU el presidente Donald Trump decidió aplicarla. El campo experimental fue Venezuela con los acontecimientos por todos conocidos que culminaron con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la diputada y esposa Cilia Flores.

 

La dimensión petrolera.

 

Se ha dicho en numerosas ocasiones que el detonante de la crisis ha sido el petróleo. El propio Trump hablo del petróleo en su Conferencia de Prensa justificando la intervención militar. Sin embargo el secretario de Estado Marco Rubio aclaró “No necesitamos el petróleo de Venezuela. Tenemos mucho petróleo en Estados Unidos. Lo que no vamos a permitir es que sea controlado por adversarios de Estados Unidos” (léase Rusia, China e Irán).

 

Poco después el propio Trump dio nuevas precisiones: obligaran a Venezuela a venderles el petróleo ahora almacenado por el bloqueo, ellos administrarían esa masa de dinero que se destinará a comprarles a proveedores estadounidenses los productos que necesiten, al mismo tiempo que empresas norteamericanas participarían en la reparación de la deteriorada infraestructura energética, producto entre otras cosas de las sanciones que EEUU aplicara a la economía venezolana.

 

La actual producción de petróleo venezolano llega al millón de barriles diarios (luego de haber caído a 300.000). De ese millón unos 600.000 se exportan a China, 50.000 a Cuba y 125.000 a EEUU. Si el imperio redirige ese petróleo hacia sus costas tendrá otro frente de conflicto con la República Popular. Representan solo el 5% del petróleo que importa China, pero con esos envíos se cobra los más de 60.000 millones de dólares invertidos en el país centroamericano. Mientras que Cuba sufre la falta de envíos petroleros por el bloqueo naval.

 

Así el rol del petróleo en esta intervención militar es ser fuente de negocios pero sobre todo mecanismo de presión sobre el gobierno venezolano para que se subordine a los mandatos del imperio.

 

Desenredar el ovillo.

 

Hay consenso entre todos los analistas políticos internacionales que está en curso un nuevo orden mundial. Hay divergencias en cuanto al alcance de este nuevo curso y en que puede desembocar.

 

El capitalismo a escala mundial atraviesa una crisis estructural que se expresa en una onda larga descendente acompañada por transformaciones geopolíticas, tecnológicas, productivas… que se desenvuelven bajo la impronta de un imperio en relativa declinación y un proto imperio en ascenso. Vista desde esta perspectiva la intervención yanqui en Venezuela, que tiene características y formas propias, es la punta del ovillo de este nuevo orden en el que la fuerza supera a las reglas multilaterales y el poder ocupa el lugar de la diplomacia. Se suma así a Gaza y Ucrania pero tiene perfil propio.

 

Puede que ingresemos en un tiempo en que el poder mundial se estructure sobre zonas de influencia en que las grandes potencias del momento –EEUU, China, Rusia- ordenen sus propias áreas según sus necesidades e intereses nacionales. Parten de un hecho concreto, la pandemia desestructuró las cadenas de valor globales, el proteccionismo se expandió y cada potencia fue armando cadenas regionales con sus zonas más cercanas. Esta mutación continuó con la imposición recíproca de aranceles entre las dos grandes potencias que está modificando el curso del comercio internacional, prosigue ahora con la intervención militar sobre territorios soberanos. Todo bajo la premisa de la seguridad de los estados, todo tiene un carácter transaccional que siempre apunta a un beneficio económico. Por ahora son solo hipótesis a las que empuja Trump.

 

¿Nuevo orden, o mayor desorden?

 

Sin embargo no hay seguridad de que ese nuevo orden en curso se estabilice en forma duradera, tal vez podría ser solo una tregua que podría tender a una estabilidad inestable, que obligaría a las grandes potencias a la negociación permanente para evitar una confrontación abierta. No hay dudas que EEUU busca controlar (su) hemisferio occidental, manteniéndolo libre de influencias extrahemisféricas en materia militar, económica y tecnológica. Pero aún cuando se repliegue de ciertas zonas el imperio sigue teniendo intereses globales que no puede abandonar. Mientras que Europa quedaría como un simple actor secundario (de hecho sería la primera vez que se reordena el orden mundial y Europa no juega un papel decisivo) y puede quedar desprotegida frente al avance de Rusia (en el supuesto que la guerra de Ucrania termine tal lo previsto por Trump). China no renunciará a ganar influencia por su capacidad comercial y financiera, mientras incrementa su capacidad militar. En la coyuntura condenó el secuestro y la violación de soberanía, y está por verse si no tomará medidas que tengan impacto económico global a corto plazo, mientras que la cancillería, afirmó que “pase lo que pase en Venezuela seguirá respaldando al país en la defensa de su soberanía y seguridad nacional. Rusia dio a conocer duras declaraciones condenatorias pero no mucho más.

 

Riesgos y posibilidades.

 

Nada está definido. En Venezuela las presiones imperialistas, más allá de las lógicas negociaciones en curso, chocaran, tarde o temprano, con las tendencias nacionales a no subordinarse al imperio y a rechazar el intento colonial. El pragmatismo de Trump lo hizo comprender que solo el “madurismo” puede garantizar gobernabilidad, no hay fractura en las fuerzas armadas, tampoco un cambio de régimen, ni pérdida de apoyo popular… Todo dependerá del pueblo venezolano.

 

A escala mundial el nuevo orden en curso, el planteo de las esferas de influencia, generará tensiones de todo tipo. La transición entre lo viejo que se debilita pero aún subsiste y lo nuevo que asoma pero aún no se impone, genera gran incertidumbre y temor ante los riesgos de una creciente militarización, pero también incuba la reacción ante ello y la lucha por la paz en el mundo

 

Se están generando las condiciones para grandes movilizaciones, algunas ya están ocurriendo en distintos países y también al interior de EEUU. Se impone la creación de una alianza amplia a escala mundial que unifique los esfuerzos para enfrentar con decisión esta escalada imperial que amenaza con hundirnos en la barbarie más absoluta.

 

* Integrante de EDI (Economistas de Izquierda)

 

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