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Miércoles 04 de marzo 2026

Violan soberanía iraní

Redacción 04/03/2026 - 00.11.hs

A dos meses del ataque militar contra Venezuela, Donald Trump junto con Benjamín Netanyahu (prófugo de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra), han iniciado una guerra que desnuda la naturaleza agresiva de EEUU e Israel.

 

IRINA SANTESTEBAN

 

Mientras las delegaciones diplomáticas de Washington y Teherán se reunían por tercera vez en Ginebra, para intentar el primero obligar a la República Islámica a desistir de su programa nuclear pacífico, EEUU pasó por encima (una vez más...) del Derecho Internacional, iniciando junto con Israel un conflicto bélico que se encuentra en pleno desarrollo y cuyas consecuencias pueden ser devastadoras para la región de Medio Oriente.

 

En el operativo “Furia Épica”, los bombardeos fueron directo al blanco: en las primeras horas cayó asesinado el líder de la Revolución Islámica: el Ayatollah Alí Jamenei, junto con familiares incluida una nieta de poco más de un año de edad. También fue eliminada casi toda la primera línea de funcionarios del gobierno y del ejército iraní, entre ellos Abdolrahim Mousavi, jefe del Estado Mayor de la Guardia Revolucionaria (ejército de Irán); Sayed Yahya Hamidi, viceministro de Inteligencia para Asuntos de Israel y Jalal Pour Hossein, jefe de la División de Espionaje del organismo.

 

La justificación de EEUU para semejante operativo, es muy similar a la utilizada hace más de 20 años por otro presidente: George Bush hijo, en su guerra contra Irak. Años después, el jefe del Departamento de Estado Colin Powell reconoció que había mentido cuando acusaban a Saddam Hussein de poseer armas de exterminio masivo.

 

Excusas.

 

Ahora la excusa es el “programa nuclear” de Irán, a pesar que varias inspecciones de la OIEA (Organización Internacional de Energía Atómica) han concluido que la nación persa no posee fábricas de enriquecimiento de uranio, necesario para la fabricación de armamento nuclear.

 

El propio Trump se contradice cuando el año pasado, luego de la Guerra de los Doce Días (similar ataque pero a menor escala contra Irán) aseguró que “había destruido” la capacidad del armamento nuclear iraní. El acusado de pedofilia en su propio país, no solo violó normas del Derecho Internacional, sino también de su país, al no pedir autorización del Congreso para semejante operación militar.

 

Los gobiernos europeos, que no han salido de la encrucijada luego del apoyo al gobierno del ucronazi Zelensky en Ucrania, ahora se alinean con EEUU e Israel en esta nueva cruzada, esta vez contra un enemigo más difícil de doblegar. Aún cuando los ejércitos yanqui e israelí sean superiores en poder de fuego, no parece que el gobierno y el pueblo iraní fueran a rendirse fácilmente. Desde el mismo sábado, Irán ha bombardeado numerosos blancos militares de EEUU e Israel en diferentes países de la región, sobre todo en Bahrein, y también el portaaviones USS Abraham Lincoln.

 

El gobierno argentino, como no podía ser de otra manera, volvió a alinearse en el bando equivocado: contra los pueblos y a favor de las potencias imperialistas.

 

Un crimen atroz.

 

Como parte de la agresión militar, en las primeras horas del sábado fue atacada una escuela primaria de niñas en Minab, con un saldo de 148 menores asesinadas y varios centenares de heridos, en lo que constituyó un crimen atroz que debería haber indignado a la comunidad internacional. Pero tal parece que hay vidas que importan menos que otras, porque no hubo grandes reacciones ante semejante acción bélica, que no fue justificada de ninguna manera por los agresores. No hubo error de cálculo ni siquiera constituyó “daño colateral”, fue deliberado y busca rendir a la población civil por el terror.

 

Sorprende (o no) que gobiernos, movimientos feministas y defensores de los derechos humanos que hace años claman por los “derechos de las mujeres” en Irán, no hayan alzado la voz para denunciar este crimen de guerra. Quienes se indignan ante el uso del hiyab (pañuelo) no parecen conmoverse ante el asesinato en masa de niñas inocentes.

 

Este ataque contra Irán muestra una escalada militar del imperialismo norteamericano, que comenzó el pasado 3 de enero, cuando EEUU atacó la República Bolivariana de Venezuela, secuestrando al presidente constitucional Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, con más de 150 muertos en Caracas y otras regiones. Ahora, tras la llamada Guerra de los Doce Días de junio de 2025, arremete contra Irán con un despliegue militar desproporcionado.

 

Objetivo petrolero.

 

La lógica es siempre la misma: castigar a gobiernos que no se subordinan a la geopolítica estadounidense y que se oponen al colonialismo sionista, con su ocupación de territorios y expulsión de la población palestina. Y tanto en Venezuela como ahora en Irán, el objetivo de EEUU es el petróleo, pues los persas están entre los doce miembros de la OPEP y también son productores de gas.

 

Luego de las movilizaciones de enero en Teherán, que tuvieron una base de descontento real en la población por la crisis económica y el aumento de la carestía de la vida, pero que fueron claramente impulsadas y utilizadas por elementos proyanquis e israelíes, para provocar un levantamiento contra el gobierno, el objetivo estratégico de Washington ya no es el control del enriquecimiento de uranio sino directamente un cambio de régimen. Se trata de provocar la caída de la República Islámica y reconfigurar el mapa político regional según los intereses de la Casa Blanca e Israel.

 

En este marco, no llama la atención la posición del secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, que puso a ambos bandos en el mismo nivel, cuestionando el uso de la fuerza por parte de los agresores, y la respuesta defensiva de Irán. Ese organismo, así como el Consejo de Seguridad, hace rato que no sirve para dirimir los conflictos y menos aún para equilibrar la balanza entre los países poderosos y los pueblos que resisten el colonialismo y el saqueo de esas potencias.

 

Desde la invasión a Irak en 2003 hasta los bombardeos actuales, Estados Unidos ha actuado reiteradamente al margen de la legalidad internacional, sin que el sistema internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial haya podido impedir ese accionar.

 

Para la Argentina, el alineamiento automático con EEUU e Israel, marca el rumbo que ha tomado este gobierno seudo libertario de Javier Milei, y es una renuncia a la tradición diplomática de solución pacífica de controversias que caracterizó a nuestro país.

 

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