Presidentes y empresarios. amigos y contrincantes de la globalización

SE IMPONE EL FUERTE PESO DE LO LOCAL

La irrupción de Trump en EE.UU. se inscribe en una tendencia, sobre todo europea, contra la globalización.
Espacios progresistas como derechistas de Europa vienen alejándose de las propuestas globales, atendiendo a los efectos locales que afectan las legitimidades políticas.
ESTEBAN DE GORI
BARBARA ESTER*
El triunfo de Trump cambia el escenario global. Los “amigos” de la globalización y de sus demandas observaron cómo la llegada del candidato republicano perturbó sus previsiones, tanto en lo que respecta a Hillary Clinton, como en lo concerniente al futuro económico y político de la región. Contra todo pronóstico, las encuestas -que no calibraron bien la volatilidad del electorado y sus fluctuantes preferencias- dejaron de acertar. Así llegó Macri en Argentina, ganando en segunda vuelta cuando las consultoras auguraban que Scioli se consagraría presidente en primera instancia; la elecciones en Perú este año dieron un inesperado triunfo a Pedro Pablo Kuczynski, a pesar que todas las encuestas anunciaban la indudable victoria de Keiko Fujimori; en Colombia ganó el NO al acuerdo con las FARC, contradiciendo los pronósticos alentadores. Trump, otro inesperado vencedor, se erige en estas previsiones desacertadas. Su irrupción en el escenario estadounidense se inscribe en una tendencia, sobre todo europea, de crítica a la globalización. Espacios progresistas como derechistas del viejo continente vienen alejándose de las propuestas globales, atendiendo a los efectos locales o internos que dinamitan las legitimidades políticas. Trump se suma a las impugnaciones que han establecido desde distintos marcos Marine Le Pen, Beppe Grillo, Pablo Iglesias, etc.

Discurso “proteccionista”.
El enfoque en lo nacional -reactualizando propuestas xenófobas y racistas, como también proteccionistas- condujo a Trump a interpretar las corrientes de opinión que atraviesan al ciudadano promedio norteamericano. Hay cierto gesto soberanista/proteccionista que logró interpelar en grandes sectores de desocupados, quienes vieron desmejorar sus salarios y proyecciones a futuro. Todavía es difícil aventurar si la clase política y sus actores limitarán la concreción de las propuestas de campaña de Trump o éste tendrá “plafón” para realizarlas, pero marca un rumbo discursivo y semántico novedoso. En estos días, su propuesta de salirse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), como su iniciativa de reinstalar las empresas norteamericanas que operan por fuera de EE.UU. a bajo costo tributario, van encaminadas a fortalecer el mercado interno y satisfacer las demandas de sus votantes.
Al tiempo que una porción importante de gobiernos neoconservadores latinoamericanos auspician la globalización, desde Estados Unidos buscan “proteger” sus fronteras económicas y geográficas. Su propuesta consiste en “proteger” el empleo nacional, resucitar el sueño americano controlando las importaciones y la fuga de inversiones para favorecer la industria local. El discurso: “Hagamos que EE.UU. sea una gran nación de nuevo” reintroduce el término nación para apelar a un electorado con ansias de revancha social, que busca el retorno a un viejo sistema que garantice sus privilegios en términos de clase, etnia e incluso género.

Mercancías y personas.
Mientras tanto, las propuestas del gobierno de Macri o de PPK en Perú proponen y consolidan una desmesurada apertura de las importaciones, que impacta sobre empresas que organizan su producción en torno al mercado local. La globalización de las megaciudades imprimió una dinámica cultural y dominante sobre la idea de consumo y apertura económica. La globalización se hizo legítima en la práctica cotidiana de los ciudadanos y ciudadanas, y ello no es sencillo de deconstruir. Sin embargo, las fronteras que se desvanecen para las mercancías se solidifican cada vez más para las personas. La migración no solo ha sido uno de los principales ejes de campaña de Trump, sino también uno de los tópicos más intensos en la Unión Europea. Por su parte, el gobierno de Macri proyecta cárceles para migrantes y muros en la frontera norte, echando por tierra la política inclusiva del gobierno anterior.
La construcción de muros -legales o de concreto- es casi una ironía en un mundo globalizado, una resistencia de la derecha contra el apogeo de su propia cultura política.
Lo cierto es que los presidentes-empresarios (Macri, Cartés, Piñera, PPK) están en alza, un nuevo modelo que no necesariamente cuenta con una extensa trayectoria política ni con éxitos plenos (no debemos olvidar el deslucido gobierno de Roberto Martinelli en Panamá). El escenario regional o la cultura de cada país, posibilitan traducir su “éxito empresarial” en capital político, logrando así apelar a la bastardeada política como un oficio que puede sustraerse de dramas y tensiones.
Su condición empresarial no va mantenerlos en el poder, ni tampoco su alianza con las fuerzas globales. Desde una perspectiva económica se enfrentan a la presión de quienes buscan proteger al mercado interno y algunas instituciones del Estado de Derecho, como a sus propios aliados que pugnan por ampliar las demandas de la globalización. La cultura global y posmoderna, tal vez, no alcance para garantizar la gobernabilidad a la hora de pensar en términos electorales. Se produce entonces una contradicción política, donde el ámbito local cobra protagonismo cuando la competencia por los cargos legislativos y ejecutivos se vuelve ineludible.

El peso de lo local.
A las derechas que apuestan por la globalización se les rebela lo local con diversas intensidades. Este territorio se vuelve una dimensión central para lograr gobernabilidad. Es un territorio complejo, porque si bien muchas demandas son globales (por ejemplo las vinculadas al consumo), las mismas deben ser garantizadas por el Estado nacional y su gobierno central. Incluso, algunos de los empresarios que sostienen o legitiman un gobierno neoconservador obtendrían más y mejores réditos en un mercado interno con cierta capacidad de adquisición.
La globalización parece estar siendo cuestionada o exige ser reformulada por los grandes jugadores del tablero geopolítico. No solo se suman las derechas anti Unión Europea continentales, sino las de Gran Bretaña con el Brexit y ahora Trump. Ello abre interrogantes para gobiernos neoconservadores de la región y descalibra cualquier GPS imaginable para persistir en el mundo económico global. Por tanto, el rumbo de estos gobiernos introduce la disyuntiva, abriendo las puertas de un incierto laboratorio geopolítico.

*Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).