Verna, Marín y la visita del “peronista racional”

LA SEMANA PAMPEANA

I – La reaparición por La Pampa del silente socio peronista del macrismo, Sergio Massa, pasó poco menos que inadvertida para los pampeanos. No está claro para qué vino ni cuál es la estrategia que lo trajo a uno de los distritos más chicos del país. Es posible que tan discreta reaparición en una provincia de caudal intrascendente de votos para sus apetencias presidenciales sea, en realidad, un mensaje a sus viejos amigos del gobierno, a quienes parece ahora definitivamente haber abandonado de vuelta ya de sus recientes veleidades de presentarse como la “oposición responsable” que lo llevaron a integrar comitivas presidenciales cuando, seducido por el estilo del de los globos amarillos, que aún no habían demostrado ser lo que justamente son, esto es, solo globos, intentaba hacerse perdonar su pasado K.

II – Rápido de reflejos para abandonar barcos que se hunden, el tigrense tomó prudencial distancia del gobierno, un poco al comprobar en las elecciones del año pasado que su conducta funcional al macrismo le había licuado parte de su capital electoral y otro poco al constatar meses atrás que la economía en manos del “mejor equipo del mundo” está tomando el cariz que tomó en 2001, cuando iguales medidas llevaron a resultados económicos que, se teme, sean dramáticamente similares. (Quienes sí marcaron con claridad esa toma de distancia fueron dirigentes y economistas salidos de sus filas, a quienes es posible escuchar en los pocos medios que los convocan con el discurso opositor que está ausente en quien, en teoría, es el líder de la línea renovadora).

III – Su llegada a La Pampa parece insinuar que está, nuevamente, ensayando un giro en la estrategia opoficialista que lo ha caracterizado en esta etapa política argentina, aunque sigue fiel a su táctica de oposición difusa, que envía señales ambiguas para que sean leídas por distintos destinatarios en distintas claves, tanto hacia dentro como hacia fuera del peronismo. Por eso, su llegada al distrito del gobernador que con más claridad y consecuencia ha marcado su disidencia con la gestión macrista, parece un intento de proyectar hacia el gobierno nacional que hasta ayer nomás acompañaba, y sin necesidad de complicarse demasiado, el perfil opositor del pampeano. Acompañado con un legislador que, como él mismo, parece a cada paso pedir perdón por su pasado kirchnerista, nada de lo que dijo aportó algo a la sociedad pampeana. Con su plan económico alternativo bajo el brazo, haciendo gala de “peronismo racional”, conversó con Verna. Hacia dentro del peronismo, su acercamiento a Verna pinta como un intento de reforzar, en pleno debate por la unidad, su pretensión de asumir el papel del dirigente capaz de dialogar con los diferentes sectores del PJ, con la mesura y los buenos modales que el mercado le exige a los partidos que quieran gobernar el país.

IV – Su intento de convertirse en el líder del nuevo peronismo edulcorado tuvo enseguida una respuesta (intencional o no) del dirigente al que el peronismo nacional le encargó esa tarea de unidad y que es, oh! casualidad, otro pampeano: el ex gobernador Rubén Marín. Sea otra casualidad o no, lo cierto es que, horas después de que Massa abandonara la provincia fue justamente Marín quien pareció tirarle por elevación una advertencia sobre su pretendido papel de peronista racional con el que intenta seducir a mercados, a la clase media y a los propios peronistas. En la forma que tiene el veterano dirigente de decir las cosas destinadas a quien le quepa, advirtió sobre la falsa dicotomía en que desde el gobierno se intenta dividir al peronismo en “racional” e “irracional”. Marín dijo que esa forma de querer presentarse es funcional a la división del peronismo que impulsa el gobierno como estrategia electoral y que para lograr la unidad es necesario dejar de lado las viejas divisiones, no crear nuevas y, simplemente, sentarse todos en una misma mesa.

V – Complicado en su alianza contra natura con la derecha oligárquica, el radicalismo se vio envuelto, a despecho de su tradición de respeto por la diversidad de opiniones y el ejercicio libre del periodismo, en la purga ideológica que el macrismo emprendió con la cesantía de cientos de trabajadores de la Agencia Télam, el mayor despido de hombres de prensa de la historia argentina. En La Pampa, la vergüenza que en su tradición democrática significa complicarse en esa operación de limpieza ideológica, obligó a sus dirigentes a pedir la reincorporación de los trabajadores lugareños afectados. El pedido sonó más a una salida de compromiso que a una sincera posición política de disidencia que, a esta altura, no parece alcanzar con solo marcar semánticamente sus diferencias con sus socios del Pro y le exigen, por respeto a su propia historia, el abandono de la alianza en la que están dejando a cada paso jirones de su pasado de respeto democrático y progresismo. (LVS)